La política argentina está empezando a mostrar un movimiento curioso: dirigentes que durante años estuvieron enfrentados comienzan a compartir escenario o a tender puentes. El fenómeno no es casual. Detrás aparece una hipótesis estratégica cada vez más repetida en el peronismo: armar un frente amplio para enfrentar a Javier Milei, incluso si eso implica reunir sectores que hasta ayer parecían incompatibles.
La escena más simbólica ocurrió esta semana cuando Miguel Ángel Pichetto visitó a Cristina Fernández de Kirchner en su domicilio de San José 1111. El gesto sorprendió porque Pichetto no solo había tomado distancia del kirchnerismo: en 2019 fue candidato a vicepresidente junto a Mauricio Macri.
Sin embargo, el propio diputado explicó el sentido del movimiento con una frase que resume el nuevo clima político.
“El peronismo tiene que perdonarse, mirar el pasado y reflexionar.”
La idea del “perdón” no fue casual. Pichetto insistió en que el peronismo debe dejar atrás las fracturas internas para volver a construir una alternativa electoral.
“Hay que dejar de hablar del pasado, de los errores que hemos cometido, y empezar a mirar el presente y el futuro.”
El objetivo, según explicó, sería construir una propuesta desde el peronismo junto al “centro nacional” para volver a ganar elecciones, una fórmula que recuerda explícitamente a la coalición que permitió a Lula da Silva regresar al poder en Brasil.
Pichetto, Moreno y el intento de reconstrucción
El movimiento no se limitó a la reunión con Cristina. Poco después, Pichetto apareció también en un acto junto a Guillermo Moreno, referente del peronismo doctrinario.
La imagen es políticamente significativa: Moreno representa el peronismo más ortodoxo; Pichetto, en cambio, simboliza un peronismo institucional que incluso convivió con el macrismo.
La coincidencia no parece casual. Desde hace meses ambos dirigentes vienen conversando sobre cómo reconstruir el espacio opositor. Para Moreno, la estrategia requiere algo más que unidad interna: reorganizar todo el sistema político. En esa lógica lanzó una provocación que recorrió la política argentina.
El ex secretario de Comercio dijo que incluso “soñaría” con una convergencia política entre Cristina Kirchner y Victoria Villarruel, una hipótesis que hasta hace poco parecía imposible.
No se trata necesariamente de una alianza concreta, sino de una idea que refleja el clima político: la posibilidad de romper fronteras ideológicas tradicionales para enfrentar al oficialismo libertario.
El modelo brasileño
Detrás de estos movimientos aparece una inspiración evidente: el modelo brasileño de Lula.
En 2022, Lula logró volver al poder armando una coalición extremadamente amplia que incluyó: sectores de izquierda, partidos de centro y dirigentes que antes habían sido adversarios.
El mensaje que empieza a circular en el peronismo es similar: si Milei representa una ruptura del sistema político tradicional, la respuesta debe ser una coalición más grande que el propio peronismo.
Por eso Pichetto habla de “construir con todos, sin exclusiones” y de sumar al “centro nacional”.
El peronismo después de Milei
La derrota electoral de 2023 dejó al peronismo en una situación inédita:
fragmentado, sin liderazgo claro y con múltiples corrientes compitiendo entre sí.
Hoy conviven en el movimiento:
el kirchnerismo
el peronismo federal
el sindicalismo
el peronismo doctrinario de Moreno
los gobernadores del PJ
La hipótesis que empieza a tomar forma es que la única forma de volver al poder es reunirlos a todos, incluso si eso implica convivir con contradicciones internas.
El nuevo pragmatismo
La política argentina suele tener ciclos de confrontación intensa seguidos de etapas de pragmatismo. El gesto de Pichetto visitando a Cristina —y la idea de Moreno de ampliar todavía más el frente— parecen anticipar ese cambio de clima.
El mensaje que empieza a instalarse dentro del peronismo podría resumirse en una consigna simple: perdonarse primero, para volver a competir después.
Si ese proceso prospera, el movimiento podría intentar algo que hasta hace poco parecía improbable: reunir bajo una misma estrategia a dirigentes que van desde el kirchnerismo duro hasta sectores conservadores del sistema político.
Un experimento político que, en voz baja, algunos ya empiezan a llamar el “sueño brasileño” del peronismo argentino.

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