El clero iraní ha sido obliterado, el Líder Supremo, los religiosos y sus teólogos han sido mayoritariamente eliminados. Estos hechos han dado lugar a que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), haya trascendido a su función militar para convertirse en el núcleo de poder político siendo una estructura criminal transnacional organizada ahora con entidad estatal absoluto. Esta entidad no responde ante el Majlis (Parlamento) ni al Ejecutivo iraní, lo hacía directamente al Liderazgo religioso -que ya no existe-, operando bajo un régimen de opacidad financiera absoluta y junto a las Brigadas Basij completan las herramientas represivas del terrorismo de estado de Irán. Ambas organizaciones junto a la policía iraní han torturado y asesinado -entre los días 05 y 11 de enero- unos 30 a 40 mil ciudadanos que intentaron movilizarse contra el régimen, aunque dada la cantidad de secuestros y desapariciones forzadas de gran cantidad de ciudadanos, no hay un número definitivo de víctimas.
El financiamiento de esos crímenes se efectuó a través de conglomerados como Khatam al-Anbiya, en idioma farsi: “sello de los profetas o título coránico que hace referencia al profeta”, y los fondos son manejado con total discrecionalidad por el IRCG.
Sin embargo, en el contexto militar actual de Irán, se refiere principalmente a dos entidades clave vinculadas a las fuerzas armadas), el IRGC controla sectores estratégicos (hidrocarburos, construcción, telecomunicaciones). Se estima que los ingresos derivados de estas actividades, que representan miles de millones de dólares anuales, se desvían, como se dijo, de manera discrecional para financiar el aparato de inteligencia interno y las milicias de choque, como la fuerza Basij, encargada del control y la represión en barrios y universidades.
La fuerza Basij y su control territorial, con un estimado de 1 millón de hombres, esta milicia-paramilitar actúa como el “ojo del régimen” en cada estrato social. Sus tácticas de 2025 y 2026 han evolucionado hacia el uso de drones de vigilancia en zonas residenciales y la infiltración de agentes provocadores en sindicatos y movimientos estudiantiles para descabezar cualquier intento de organización resistente civil.
La IRGC ha invertido una parte sustancial de su presupuesto en seguridad en el desarrollo del “Internet Nacional” (Intranet). Esto permite al Estado ejecutar apagones selectivos de la red durante periodos de protesta, facilitando masacres en la sombra sin el riesgo de filtración de pruebas gráficas en tiempo real a la comunidad internacional. Al mismo tiempo, ha desarrollado una estructura ampliada de prisiones y brutales centros clandestinos de tortura, según denuncian fuentes de grupos de derechos humanos e iraníes que han debido huir del país y exiliarse para salvar sus vidas. La geografía de la represión en Irán se articula a través de una red de prisiones formales y centros de interrogatorio clandestinos conocidos como “Celdas Seguras”.
Instituciones como Evin y Rajai Shahr, han sido documentadas por ex detenidos y relatores especiales de Naciones Unidas como centros de tortura sistemática. También de se ha verificado el uso de la “tortura blanca” (aislamiento sensorial total), privación del sueño por periodos de más de 72 horas y amenazas de ejecución inminente para forzar la firma de confesiones ya escritas por los interrogadores de la inteligencia y del Vevak (ministerio de inteligencia del régimen).
Una táctica recurrente en 2024 y 2025 ha sido la Negación Médica como Ejecución Extrajudicial. La denegación de tratamiento médico a secuestrados y detenidos políticos con enfermedades crónicas o heridas de tortura se ha perfeccionado en 2026. Esta práctica constituye una forma de ejecución extrajudicial “lenta”, diseñada para eliminar a figuras de alto perfil sin el costo político de una sentencia a muerte formal.
La IRGC es también responsable de crímenes contra la humanidad en las áreas periféricas. Si bien la represión en Teherán es la más visible, las provincias de Kurdistán y Beluchistán han sido objeto de una violencia virulenta y de carácter colonial brutalmente militarizado. Es en esas regiones periféricas donde la militarización de la justicia es completa, el régimen aplica leyes de excepción que permiten la detención indefinida sin cargos. Durante las protestas de enero de 2026 en Zahedán, la Unión Europea documento los testimonios de dos iraníes que lograron escapar y llegar a Alemania, ellos confirmaron el uso indiscriminado de munición de guerra contra multitudes desarmadas, lo que resultó en masacres de la IRGC y el Basij con cifras escandalosas de víctimas que el Estado se niega a reconocer oficialmente.
La impunidad transnacional y el terrorismo de estado del régimen -hoy a cargo de la IRGC- no limita su accionar criminal a sus fronteras geográficas. El uso del terrorismo de estado como herramienta de política exterior es una constante técnica en su manual operativo, y para ello cuenta con las Brigadas Quds y sus redes criminales y células aliadas en África, Europa y América Latina.
Entre 2022 y 2026 la persecución de disidentes en el extranjero se intensificó, los servicios de inteligencia iraníes triplicaron los intentos de secuestro y asesinato de periodistas y activistas en suelo europeo y latinoamericano. El uso de sicarios vinculados al crimen organizado internacional permite al régimen mantener una negación plausible frente a estos actos de agresión transnacional.
Otra modalidad delincuencial es “la toma de rehenes” (la llamada Diplomacia de Rehenes) que es la detención arbitraria de ciudadanos extranjeros o con doble nacionalidad bajo cargos de espionaje sin pruebas es una política de Estado de Irán. Estos individuos son utilizados como moneda de cambio para la liberación de agentes iraníes condenados en el exterior o para el desbloqueo de activos financieros congelados por sanciones internacionales.
Ante el escenario que brinda la IRGC a cargo del régimen. Si Estados Unidos, Israel, más allá de sus objetivos militares y políticos que pueden ser disimiles en esta guerra, si Washington y Jerusalén permiten que el régimen iraní continúe a cargo del proyecto de la Revolución Islámica y no escuchan las palabras de Rafael Grossi, director de la AIEA, quien declaró recientemente: “aunque no las tiene hoy, Irán sí tiene la capacidad de construir 10 bombas nucleares con poco mas del uranio enriquecido hasta hoy y que aún no está en manos de EE.UU. o Israel”.
Concluyendo, más allá de los planes iniciales de la guerra, de sus objetivos políticos y económicos, en el caso de que estadounidenses e israelíes no terminen lo que iniciaron y pongan fin a esta guerra en la única manera que deben terminarla -con la destitución del régimen y la liberación del pueblo iraní del yugo islamista- en muy poco tiempo (2 años tal vez) Israel lamentará haber permitido que el régimen permanezca en el poder. En cuanto a los Estados Unidos, como muy bien lo ha señalado días pasados el ex secretario John Bolton, “la realidad y la lógica muestran que la única opción responsable para eliminar la amenaza de Teherán, es evitar que el régimen escape a su destrucción y logre reconstruirse”. Si tal cosa sucede, eso sería un enorme fracaso para los Estados Unidos.
Por George Chaya (Washington DC).

Professor George Chaya is a Senior Advisor on Middle Eastern affairs in National Security and expert in OSINT (Open Source Intelligence) based in Washington DC, USA.

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