Según informes recientes (como el del CEPA), se han registrado más de 700 casos de conflictividad laboral en el último período. La industria es el sector más golpeado (62% de los casos), afectada por el cierre de miles de empresas y una apertura importadora que ha dejado a miles de trabajadores en la calle. Y aunque el gobierno se jacta de haber "neutralizado" a los dirigentes, la realidad en los barrios populares muestra una reconfiguración. El hambre y la falta de asistencia alimentaria han vuelto a movilizar a las bases, esta vez con un apoyo más amplio de sectores de la clase media empobrecida.
El bolsillo roto: Poder adquisitivo en caída libre
La narrativa oficial de la "recuperación en V" no llega a las góndolas. Los datos de este mes son alarmantes:
Salario Mínimo: Ha perdido un 35% de su poder de compra real desde 2023.
Jubilaciones: Acumulan ocho meses de caída consecutiva frente a la canasta básica.
Consumo Interno: Las ventas en comercios minoristas y carnicerías han caído un 1,5% interanual solo en enero, reflejando que el motor del mercado interno está prácticamente apagado.
El regreso de los "fantasmas": ¿Qué pasa con el INDEC?
En medio de este escenario de malestar, ha estallado una crisis de credibilidad institucional. La reciente renuncia de Marco Lavagna a la dirección del INDEC y las denuncias penales por la supuesta manipulación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) han encendido todas las alarmas.
La controversia se centra en la implementación de una "nueva canasta de consumo" que, casualmente, arroja cifras de inflación significativamente menores a las que miden las consultoras privadas y los organismos de estadística provinciales.
Para muchos técnicos del propio instituto y la Sociedad Argentina de Estadística, este cambio metodológico —sin la transparencia debida— es una reedición de la intervención del año 2007. El gobierno de Milei, que llegó con la promesa de la verdad, se enfrenta ahora a la acusación de "romper el termómetro" para no reconocer que la fiebre de la inflación no baja.
El desgaste del "León": La caída de la imagen presidencial
A dos años de gestión, el blindaje mediático y el carisma de Javier Milei comienzan a mostrar fisuras profundas. Las últimas encuestas de febrero de 2026 marcan un punto de inflexión: por primera vez en su mandato, el rechazo a la gestión supera el 52% en la mayoría de los sondeos nacionales (como los de CB Consultora y Zentrix).
Los sectores que en 2024 y 2025 sostuvieron la esperanza bajo el lema del "sacrificio necesario" están mutando hacia el escepticismo. La imagen positiva del presidente ha perforado el piso del 40% en los grandes centros urbanos, afectando incluso a su núcleo duro: los jóvenes, quienes hoy enfrentan tasas de desempleo y precariedad que la narrativa de la "libertad" ya no alcanza a explicar.
La duda sobre el INDEC: ¿Datos o diseño?
Como mencionamos antes, este desgaste se acelera por la sospecha de manipulación estadística. Si el ciudadano siente que el kilo de pan subió un 20% pero el INDEC reporta un 4%, se rompe el contrato básico de verdad entre gobernantes y gobernados. La renuncia de figuras técnicas en el instituto sugiere que el gobierno ha decidido que, si la realidad no acompaña al modelo, hay que intervenir la realidad.
¿Es un modelo "viable" si excluye a la mayoría?
Aquí entramos en el corazón de la crítica ética y económica. El gobierno celebra el superávit fiscal y la aprobación de leyes como la de Glaciares para atraer capitales, pero surge una pregunta ineludible: ¿Para quién es viable esta economía?
Un sistema que logra equilibrio fiscal a costa de que el 67% de la población considere su situación económica como "muy mala" (según sondeos de esta semana) no es un modelo estable, sino una olla a presión.
La macroeconomía puede mostrar números "verdes" en Wall Street mientras el tejido social se desgarra en el Conurbano, Rosario o Córdoba generando que un simple cacerolazo que el gobierno no pueda contener implique una caida repentina de todas las acciones. Cuando la pérdida del poder adquisitivo es tan drástica que afecta la nutrición y el acceso a lo basico, el modelo deja de ser una "teoría económica" para convertirse en un experimento social de alto riesgo.
La historia argentina demuestra que los modelos que se sostienen únicamente en el rigor fiscal y la exclusión de las grandes mayorías terminan colapsando ante la propia realidad que intentan ocultar. Un país no es una hoja de Excel; si la gente queda afuera, el modelo no es exitoso en terminos financieros por que no hay garantias de estabilidad social y por lo tanto no puede darle ninguna tranquilidad al mercado.


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