América Latina y el Caribe son las regiones que más directamente impactan la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos, tanto de manera positiva como negativa, a través del flujo de personas y mercancías. Esa interdependencia incluye cadenas de suministro fundamentales para la economía estadounidense y su competitividad global, pero también amenazas potenciales como el narcotráfico, otras actividades criminales y el acceso de adversarios geopolíticos de Estados Unidos —como la República Popular China (RPC)— a la región.
En la actualidad, una amplia mayoría de los países latinoamericanos está dispuesta a trabajar con Estados Unidos en materia de seguridad y otros asuntos de interés común. Muchos de ellos incluso han reducido parcialmente su cooperación en materia de seguridad con la República Popular China y han limitado la colaboración en otras áreas sensibles como respuesta a la presión ejercida por Washington.
Sin embargo, detrás de esa aparente disposición a cooperar, la región enfrenta hoy una peligrosa convergencia de tensiones que amenaza con debilitar su estabilidad política, erosionar su tradicional orientación favorable hacia Estados Unidos y reducir las restricciones para profundizar sus vínculos con los adversarios estratégicos de Washington.
Democracia, China y Estados Unidos
Una nueva encuesta regional, denominada "AMLAT Radar", revela que poco más de la mitad de los ciudadanos latinoamericanos considera aceptable apartarse de los procesos democráticos si alternativas no democráticas prometen resolver con mayor eficacia los problemas estructurales que afectan a sus países.
Durante décadas, la población de la región ha ido perdiendo confianza en la capacidad de sus gobiernos para resolver cuestiones fundamentales como la corrupción, la inseguridad y la falta de oportunidades económicas y sociales.
De igual manera, la confianza en la eficacia de los mecanismos tradicionales de participación democrática también se ha deteriorado debido al impacto de las redes sociales y de la inteligencia artificial.
El creciente uso de plataformas como TikTok, WhatsApp e Instagram como principales fuentes de información ha contribuido a crear un entorno informativo cada vez más fragmentado y polarizado, donde las personas consumen noticias adaptadas a sus propios prejuicios e intereses. Al mismo tiempo, el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial profundiza la ya existente dificultad para distinguir entre aquello que es verdadero y aquello que es falso.
Las percepciones ambiguas sobre la democracia en América Latina también parecen haberse visto reforzadas por los importantes cambios experimentados en el discurso, las políticas y las acciones de Estados Unidos, históricamente considerado el principal referente del sistema democrático liberal.
Mientras tanto, la República Popular China ha ampliado significativamente su presencia comercial y económica en la región, procurando posicionarse como un socio alternativo y promoviendo sus conceptos de gobernanza global —menos intervencionistas en apariencia— como una alternativa al denominado "orden internacional basado en reglas".
Aunque la mayoría de los latinoamericanos continúa mostrando cierto escepticismo respecto de China, al mismo tiempo muchos perciben las oportunidades económicas que ofrece ese país. Como consecuencia, el debate sobre la democracia y sobre el papel de Estados Unidos en la región ha sido profundamente influenciado por la imagen del denominado "modelo chino".
Ese modelo parece ofrecer crecimiento económico, eficiencia administrativa y estabilidad política, aunque lo hace sacrificando derechos y libertades individuales mediante un sistema autoritario apoyado por avanzadas tecnologías de control.
Reflejando este cambio de percepción, la encuesta AMLAT Radar muestra que, por primera vez, China supera a Estados Unidos como el modelo de desarrollo preferido por los latinoamericanos.
El 36 % de los encuestados considera a China como el mejor ejemplo de desarrollo, siete puntos porcentuales más que en la encuesta realizada en 2022, mientras que la preferencia por Estados Unidos cayó trece puntos porcentuales.
En materia comercial, el 49 % de los participantes considera que China es el mejor socio económico, frente a apenas el 26 % que elige a Estados Unidos.
La diferencia resulta aún más marcada en el ámbito tecnológico: el 67 % identifica a China como el mejor aliado para el desarrollo de tecnologías digitales, mientras que solamente el 19 % opta por Estados Unidos.
Incluso en el terreno de la cooperación educativa y cultural —tradicionalmente considerado uno de los principales instrumentos del denominado "poder blando" estadounidense— el 40 % de los encuestados señala a China como el socio preferido, mientras que únicamente el 18 % elige a Estados Unidos.
Más allá del debate sobre la democracia y de la competencia estratégica entre Washington y Beijing, la guerra en Irán también ha comenzado a ejercer presión sobre América Latina mediante el incremento de los precios internacionales del petróleo.
Los países importadores netos de combustibles, especialmente los de Centroamérica y gran parte del Caribe, se encuentran entre los más afectados.
El aumento de los precios del combustible perjudica particularmente a camioneros y taxistas, que deben afrontar directamente esos mayores costos, al tiempo que incrementa el gasto de los hogares por el encarecimiento del gas y del combustible para calefacción.
En países como Chile y Bolivia, la situación se ha agravado debido a la reciente eliminación de subsidios a los combustibles implementada por gobiernos anteriores, precisamente en un momento en que los precios internacionales vuelven a subir.
Como ya ocurrió tras la invasión rusa a Ucrania en 2022, estas alzas han comenzado a generar protestas sociales en diversos países de la región.
Crimen Organizado Transnacional
Como complemento de la inestabilidad económica y de otros factores desestabilizadores, el crimen organizado transnacional (TOC, por sus siglas en inglés) se ha convertido en uno de los principales elementos que socavan tanto la estabilidad de los gobiernos como la confianza de los ciudadanos en la democracia latinoamericana, principalmente al alimentar la corrupción y la inseguridad pública.
El efecto corrosivo del crimen organizado no se limita únicamente al narcotráfico. También incluye las lucrativas economías derivadas de la minería ilegal, el tráfico y contrabando de personas, la extorsión, así como otras actividades desarrolladas por organizaciones criminales.
Existen además delitos menos visibles —como el tráfico ilegal de madera y el comercio clandestino de especies exóticas de flora y fauna— que también desempeñan un papel importante dentro de las economías ilícitas de la región.
La explosión de la producción de cocaína en Colombia, especialmente durante el gobierno de Gustavo Petro, ha tenido repercusiones sobre toda América Latina.
Ese incremento ha favorecido la expansión de las rutas del narcotráfico a través de Venezuela, Ecuador, México, Centroamérica y el Caribe.
Al mismo tiempo, la cocaína producida en Colombia, Perú y Bolivia, junto con drogas sintéticas como las metanfetaminas, fluye cada vez más hacia mercados de Europa y Oceanía, donde los precios de venta son considerablemente más elevados.
La ampliación de estos mercados ha fortalecido las rutas del narcotráfico desde Sudamérica hacia Europa y Asia, atrayendo a una amplia variedad de organizaciones criminales internacionales.
Entre ellas se encuentran facilitadores mexicanos y europeos, además de grandes organizaciones sudamericanas como el Primer Comando de la Capital (PCC), el Comando Vermelho (CV) y numerosas bandas asociadas, junto con violentas organizaciones locales.
La consecuencia ha sido un incremento de la corrupción, una mayor disputa por el control de las rutas del narcotráfico y una creciente violencia en diversas regiones de Sudamérica que, en muchas ocasiones, no reciben suficiente atención por parte de Washington.
Aunque las acciones militares estadounidenses lograron remover del poder a Nicolás Maduro en Venezuela, las redes criminales vinculadas al narcotráfico, la minería ilegal, el tráfico de personas, la extorsión y otras actividades ilícitas continúan operando.
Las permanentes operaciones de interdicción realizadas por Estados Unidos en el Caribe y en el Pacífico oriental —que al momento de redactarse este artículo habían destruido 50 embarcaciones utilizadas para el narcotráfico y provocado 186 muertes— han reducido significativamente esas actividades.
No obstante, el tráfico simplemente ha cambiado de rutas.
Actualmente, parte importante de esas operaciones se desplaza por corredores más australes, atravesando el interior de Venezuela, Colombia, Brasil, Perú, Bolivia y Argentina, antes de dirigirse hacia Europa.
Del mismo modo, aunque las acciones estadounidenses y el mayor control de la frontera sur han contribuido a reducir las muertes por sobredosis en Estados Unidos, los envíos de fentanilo y otras drogas sintéticas continúan abasteciendo los mercados europeos y de Oceanía.
Migración
La salida de aproximadamente nueve millones de venezolanos ha generado enormes presiones sociales sobre los países que los han recibido, entre ellos Colombia, Ecuador, Perú, Chile y diversas naciones del Caribe.
No existen perspectivas cercanas de que las condiciones políticas en Venezuela permitan el regreso masivo de esos migrantes.
Al mismo tiempo, la persistente crisis provocada por el control territorial de las pandillas en Haití, junto con la fuerte presión económica ejercida por Estados Unidos sobre Cuba, continúa representando un riesgo importante de nuevas oleadas migratorias desde ambos países, con impacto sobre el Caribe y el resto de América Latina.
Tecnología y criptomonedas
Los avances tecnológicos y la aparición de nuevas redes utilizadas por organizaciones criminales han incrementado aún más los desafíos que enfrenta la región.
Entre esas innovaciones destaca el uso creciente de criptomonedas.
Aunque técnicamente las operaciones realizadas mediante activos digitales pueden ser rastreadas, hacerlo exige capacidades técnicas especializadas y recursos que la mayoría de las agencias policiales latinoamericanas todavía no posee.
De igual manera, el crecimiento del comercio y de los flujos financieros entre América Latina y China crea nuevas oportunidades para el lavado de dinero.
Ello representa un importante desafío para las unidades de inteligencia financiera y demás organismos encargados del combate contra el crimen organizado, debido al escaso conocimiento y limitado acceso que poseen respecto de bancos y empresas radicadas en la República Popular China.
Las organizaciones criminales también muestran innovaciones preocupantes en el uso de vehículos no tripulados (drones).
Inicialmente empleados para tareas de vigilancia, hoy también son utilizados para transportar mercancías ilícitas e incluso para ejecutar ataques letales tanto contra organizaciones rivales como contra fuerzas policiales y militares en países como México y Colombia.
La disponibilidad creciente de drones comerciales de alta capacidad fabricados en China —especialmente por empresas como DJI— se suma a la difusión del conocimiento adquirido durante la guerra en Ucrania sobre el empleo militar de estos sistemas.
De hecho, algunas organizaciones criminales latinoamericanas han enviado integrantes a ese conflicto con el objetivo de adquirir experiencia en el manejo táctico de drones.
Como consecuencia, las autoridades latinoamericanas enfrentan pérdidas cada vez mayores, mientras que sus posibilidades de responder eficazmente continúan limitadas por restricciones presupuestarias, burocracias complejas y la lenta incorporación de costosos sistemas antidrones, así como por la dificultad para adaptar sus doctrinas operativas a un entorno caracterizado por el uso masivo de vehículos aéreos no tripulados.
Sobre el autor
Dr. R. Evan Ellis es Profesor de Investigación sobre América Latina del U.S. Army War College, una de las principales instituciones académicas del Ejército de los Estados Unidos dedicada al estudio de la estrategia y la seguridad internacional.
Es reconocido internacionalmente como especialista en:
Relaciones entre América Latina y China.
Seguridad hemisférica.
Crimen organizado transnacional.
Geopolítica del hemisferio occidental.
Defensa y cooperación militar en América Latina.
Ha publicado numerosos libros y artículos sobre la creciente presencia de China en América Latina, el impacto del crimen organizado y la evolución del entorno estratégico regional.

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