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Las opciones de Brasil frente a China y las elecciones de octubre de 2026 (Robert Evan Ellis)

Por Poder & Dinero

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Las elecciones presidenciales de Brasil de octubre de 2026, con segunda vuelta, serán un punto de inflexión para definir el rumbo del país que representa la mitad del territorio, la mitad de la población y la mitad de la economía de América del Sur.

Si el presidente izquierdista de 80 años Luiz Inácio “Lula” da Silva es reelegido, ingresará probablemente en su último mandato presidencial, con una posible urgencia por completar su agenda, liberado de la necesidad de atraer a los votantes moderados mientras responde a las presiones de Estados Unidos y a otros factores. Si Flavio Bolsonaro gana, en una elección que las encuestas anticipan que se resolverá en segunda vuelta y que actualmente presenta un empate estadístico, las implicancias regionales serían igualmente profundas. Brasil podría pasar de ser el principal contrapunto político de la administración Trump en la región a posiblemente incorporarse a la coalición liderada por Estados Unidos denominada “America’s Shield” (Escudo de América).

Gane quien gane, una de las decisiones estratégicamente más importantes del próximo gobierno será determinar cómo Brasil administra su profunda y creciente relación económica, política y militar con la República Popular China (RPC).

Comercio

Brasil es, por amplio margen, el socio comercial y de inversión más importante de la RPC en América Latina, lo que le otorga a China una influencia considerable en el país y, al mismo tiempo, enormes intereses en la continuidad y estabilidad de esa relación. Aproximadamente el 36% del comercio de China con América del Sur y el 31% de sus inversiones en la región corresponden a Brasil. Las empresas con sede en China invirtieron US$6.100 millones en Brasil solamente en 2025.

Entre los principales intereses comerciales chinos en Brasil se encuentran el acceso a alimentos, minerales estratégicos, puertos e infraestructura de transporte. China también considera a Brasil un mercado para bienes y servicios avanzados, incluidos manufacturas, electricidad, telecomunicaciones, inteligencia artificial, robótica y tecnología espacial.

El papel de Brasil como principal proveedor latinoamericano de soja, granos y otros productos agrícolas de China le ha permitido, bajo el gobierno izquierdista de Lula, actuar como sustituto de las compras chinas a Estados Unidos cuando aumentaron las tensiones comerciales entre Washington y Pekín.

La capacidad de China para utilizar la denominada “carta brasileña” no solo le ha generado beneficios estratégicos, sino que también creó enormes intereses para el sector agrícola brasileño en el mercado chino. En 2025, se estima que el 80% de la soja brasileña fue comprada por China.

En materia de minerales estratégicos, la coalición liderada por China que incluye a CBMM suministra el 80% del niobio utilizado por China, además de otros elementos de tierras raras.

Con la nueva inversión de la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos (DFC) en el proyecto Sierra Verde y al menos otros cinco grandes proyectos brasileños de tierras raras en desarrollo, Brasil será un campo de disputa estratégico entre Estados Unidos y China por los minerales críticos.

En consecuencia, el próximo presidente de Brasil tendrá un papel fundamental a la hora de determinar si el país será un contribuyente neto al monopolio mundial chino sobre el abastecimiento y procesamiento de tierras raras o si formará parte de la solución.

Puertos y ferrocarriles

En infraestructura de transporte, entidades con sede en China ya tienen participación en siete proyectos portuarios de la costa atlántica. Seis empresas constructoras chinas participan en concesiones para la operación y expansión de los puertos brasileños de Santos, Itajaí y Río Grande durante el próximo año.

Más allá de los puertos, empresas chinas están interesadas en al menos siete grandes proyectos ferroviarios brasileños: Ferrogrão; el Ferrocarril de Integración Oeste-Este (FIOL); el Ferrocarril de Integración Centro-Oeste (FICO); el Ferrocarril Norte-Sur; Malha Paulista; Transnordestina; y el proyecto del Metro de São Paulo/CPTM.

El futuro del denominado “Corredor Bioceánico”, que conectaría Brasil con el puerto de Chancay, en Perú —operado por China—, no solo determinará el acceso chino a la agricultura, los minerales y los mercados brasileños, sino también el poder comercial relativo de COSCO, operadora de Chancay, frente a competidores como Maersk y Mediterranean Shipping Company (MSC) en las rutas marítimas transpacíficas.

El enorme mercado brasileño y el acceso libre de aranceles a los países vecinos a través del MERCOSUR han convertido a Brasil en un centro para fabricantes chinos, particularmente en sectores tecnológicos estratégicos como los vehículos eléctricos. Empresas chinas como BYD han capturado más del 80% de las ventas.

En busca de esos mercados, el Consejo Empresarial Brasil-China identificó 52 iniciativas de inversión chinas activas en Brasil durante 2025, un aumento del 33% respecto del año anterior.

Electricidad

En el sector eléctrico, prácticamente todos los grandes conglomerados chinos —entre ellos State Grid, China Three Gorges y SPIC— tienen una participación significativa en Brasil. En conjunto, controlan más del 12% de la transmisión eléctrica del país.

State Grid invirtió US$4.500 millones en líneas eléctricas de alta tensión y larga distancia que conectan la central hidroeléctrica de Belo Monte con zonas urbanas brasileñas ubicadas 2.500 kilómetros al sur.

En generación eléctrica, durante 2025 las empresas chinas invirtieron US$1.800 millones en energía solar, eólica y otras fuentes.

Telecomunicaciones y computación en la nube

En telecomunicaciones y computación en la nube, Huawei, ZTE, Xiaomi, Oppo y otras empresas chinas son actores importantes.

La infraestructura digital de Huawei por sí sola alcanza a 1,7 millones de brasileños en 800 ciudades y localidades.

La empresa china ZTE estimaba que en 2026 controlaba el 30% del mercado brasileño de banda ancha fija.

En computación en la nube, las empresas chinas han convertido a Brasil en el principal foco de sus inversiones en América Latina.

Alibaba ingresó al mercado brasileño de computación y almacenamiento en la nube en 2026 y actualmente opera dos centros de datos en el país.

Los servicios de nube de Huawei constituyen uno de los mayores operadores de este tipo en Brasil. La compañía posee tres grandes centros de nube, en São Paulo, Campinas y Brasilia, que atienden a más de 600 clientes corporativos y gubernamentales.

Huawei estima que su presencia en Brasil creció 15 veces desde su ingreso al mercado en 2019.

Inteligencia artificial y robótica

Como complemento de la computación en la nube, Brasil es el país latinoamericano donde las empresas chinas han realizado las inversiones más significativas en inteligencia artificial y robótica, áreas que probablemente serán un foco central de la competencia china por los mercados tecnológicos estratégicos del futuro.

Huawei suministra actualmente componentes para un centro de supercomputación habilitado para inteligencia artificial en Río de Janeiro destinado al gobierno brasileño.

En robótica, un robot humanoide Unitree G1, adquirido por la Escuela de Ingeniería Militar de Brasil, fue exhibido durante el desfile por el Día de la Independencia del país y saludó al presidente Lula.

Más allá de los robots humanoides, la automatización china se utiliza en múltiples fábricas brasileñas, entre ellas la planta de producción ferroviaria de China Railway Rolling Stock Corporation (CRRC) en São Paulo; la planta de vehículos eléctricos y baterías de BYD en Bahía; las operaciones de monitoreo de cultivos y logística de COFCO y otras empresas agroindustriales chinas; la planta de automóviles de Renault en Curitiba; y la fábrica de Great Wall Motors en São Paulo, entre otras.

Espacio

En el ámbito espacial, China y Brasil colaboran desde 1988 en el desarrollo y lanzamiento de satélites mediante el programa CBERS (China-Brazil Earth Resources Satellite).

Está previsto que China lance para Brasil un satélite de radar de apertura sintética (SAR) en 2028 y el primer satélite del programa en órbita geoestacionaria en 2030.

Además, la empresa china Space Sail colabora actualmente con la empresa brasileña de telecomunicaciones Telebras para lanzar una constelación de microsatélites desde el estratégico centro de lanzamiento ecuatorial de Alcântara.

Space Sail podría llegar a disponer de 10.000 satélites para 2030 y competirá con Starlink, de Elon Musk.

Cooperación política

Brasil es estratégicamente importante para China por ser su mayor socio latinoamericano con presencia internacional.

China reconoce a Brasil como “Socio Estratégico Global” desde 2012, uno de los primeros países de la región en recibir esa denominación.

Ambos países mantienen una coordinación regular de alto nivel sobre asuntos bilaterales mediante el mecanismo intergubernamental COSBAN.

El papel de Brasil y China dentro de los BRICS otorga a Brasil una importancia adicional para China como país clave en sus relaciones con las principales naciones del mundo en desarrollo, incluidos adversarios de Estados Unidos como Rusia e Irán.

En septiembre de 2026, el presidente chino Xi Jinping y el canciller brasileño Mauro Vieira participaron en la cumbre de los BRICS celebrada en Nueva Delhi, India.

Los BRICS han convertido a Brasil en un país estratégicamente relevante para China en una serie de cuestiones: desde cuestionar y resistir activamente las políticas de la administración Trump, hasta impulsar alternativas a las iniciativas estadounidenses en el Golfo Pérsico y Ucrania, y colaborar en alternativas al dólar estadounidense y a los mecanismos de compensación basados en el dólar dentro del sistema monetario internacional.

Más allá de la diplomacia internacional de alto nivel, Brasil también coopera con China mediante diversos foros de “intercambio entre pueblos”.

Políticos y dirigentes partidarios brasileños viajan regularmente a China. En agosto de 2025, por ejemplo, viajaron seis miembros del Concejo Deliberante de São Paulo.

En el ámbito educativo, Brasil alberga actualmente 14 Institutos Confucio destinados a la enseñanza del idioma y la cultura chinos por parte del gobierno de la RPC, el programa de mayor magnitud de este tipo en la región.

Cooperación militar

Brasil, cuyo ejército es más grande que los de todos los demás países de América del Sur combinados, se ha convertido en el socio militar más importante de China en la región.

La cooperación incluye delegaciones de alto nivel, como la visita de 17 generales del Ejército Popular de Liberación (EPL) de China a Brasil en 2023, al comienzo de la actual administración de Lula.

También incluye la participación de 33 soldados del EPL en el ejercicio brasileño Formosa en 2024, así como la asistencia de una delegación brasileña de alto nivel al 6.º Foro de Defensa China-América Latina, celebrado en septiembre de 2025.

En enero de 2026, el gobierno de Lula recibió en el puerto de Río de Janeiro al buque hospital militar chino Silk Road Arc, que participó el 15 de enero en un ejercicio marítimo conjunto con las fuerzas brasileñas.

Como muestra de la importancia que el gobierno de Lula atribuye a la cooperación militar con China, Brasil designó tres agregados militares con rango de oficial general en su embajada en la RPC, un nivel de representación superior al de cualquier otro Estado latinoamericano.

Conclusión

Quienquiera que gane las elecciones presidenciales brasileñas de octubre de 2026, es probable que el país mantenga sus importantes relaciones comerciales y de otro tipo con la RPC, tal como ocurrió durante el gobierno del padre de Flavio Bolsonaro, Jair Bolsonaro, caracterizado por su orientación proestadounidense y anticomunista.

Sin embargo, Flavio Bolsonaro probablemente tomaría decisiones muy diferentes a las de Lula respecto de cómo gestionar las oportunidades y los riesgos de la relación con China, en el contexto de las preocupaciones de Washington.

Un eventual nuevo gobierno de Lula podría profundizar la dependencia de Brasil respecto de China como mercado e inversor y utilizar esa relación ampliada como base para desafiar de manera más profunda la agenda de la administración Trump en la región y a nivel global.

Ese gobierno podría convertir a Brasil en un importante proveedor de minerales estratégicos para China y en una alternativa a Estados Unidos para las necesidades agrícolas chinas.

También podría utilizar el territorio brasileño para proporcionar a China un mayor acceso militar y espacial al hemisferio, al tiempo que convertiría a Brasil en la principal plataforma china para sus esfuerzos por dominar mercados mundiales en tecnologías estratégicas como computación en la nube, inteligencia artificial y robótica.

Por el contrario, un gobierno de Flavio Bolsonaro tendría mayores probabilidades de responder a las preocupaciones estadounidenses sobre China de maneras que limitarían el acceso de esta última a los minerales estratégicos de la región o a la cooperación militar y espacial.

Un gobierno de Flavio Bolsonaro también tendría, según el autor, mayores probabilidades de restringir las posibilidades de China de recurrir a Brasil para obtener productos agrícolas si el país volviera a reducir sus compras a Estados Unidos.

En los foros internacionales, un gobierno de este tipo probablemente ofrecería a China menos posibilidades de utilizar los BRICS como instrumento político y financiero contra Estados Unidos.

También estaría más dispuesto que Lula a limitar las compras brasileñas de inteligencia artificial y robótica chinas, o a cooperar con China en esos ámbitos de maneras que pudieran perjudicar a empresas occidentales en la competencia global.

En síntesis, lo que ocurra en las elecciones de Brasil en octubre tendrá profundas consecuencias no solo para el rumbo del país, sino también para Washington, China y toda la región.

R. Evan Ellis es asociado senior no residente del Programa de las Américas del Center for Strategic and International Studies (CSIS).

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