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La Política Exterior Rusa después de la Guerra Fría (Alberto Hutschenreuter)

Por Poder & Dinero

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Los acontecimientos sociales que tienen lugar en varios países de la Europa occidental representan el epítome de una preocupante declinación cuyos orígenes hay que rastrearlos durante la última década del siglo XX.

Entonces, tras la desaparición de la amenaza que proporcionó a Europa Occidental el seguro militar estadounidense desde el final de la Segunda Guerra, Europa no inició ningún camino que la llevara a pensarse a sí misma, incluso aun cuando contaba con líderes con memoria y capacidad de reflexión estratégica, por caso, Jacques Chirac.

Este dato no deja de ser relevante, pues tres décadas después esa renuncia a salir del confort estratégico le ha significado una (evitable) guerra en su territorio con secuelas que, en parte, explican las movilizaciones y desmanes que se extienden hoy por varios países.

La autocomplacencia que implicó convertirse en una "potencia institucional" (la experiencia no registra este tipo de poderes) tal vez convenció a los hacedores del mayor emprendimiento pos-estatal del mundo a que lo habían conseguido todo o casi todo. Más todavía, posiblemente, en un futuro las regiones del "resto" del mundo reproducirían su modelo y así desaparecería la tragedia de la política entre naciones: la anarquía internacional.

El otro dato que pesa hoy y que también viene del pasado son las políticas relativas con el gasto social y de pensiones. En ningún lugar del mundo el gasto social alcanzó el de Europa. De allí que se hablaba con tanta frecuencia del Estado de bienestar. Pero, en buena medida, ese extendido beneficio fue posible por aquel confort estratégico-militar que hoy, debido a la estrategia de desacople estadounidense, ya no se mantendrá.

Por otra parte, Europa ha retrocedido sensiblemente en cuanto a su posición económica mundial. Si hace dos décadas la economía europea representaba casi el 28 por ciento del PBI mundial, hoy se ubica en el 17 por ciento. Considerando la emergencia de nuevas economías y la gran transformación que (en un contexto de ajustes fiscales y declive de la productividad) deberá acometer Europa para recuperar competitividad, es posible que hacia 2040 ningún país europeo, ni siquiera la (¿ex?) locomotora germana, se encuentre entre las primeras diez economías del mundo.

De modo que si la Segunda Guerra Mundial representó el final del poder de los grandes países de Europa, en el siglo XXI una Europa fusionada, es decir, con mayor masa crítica, aunque sin llegar a ser una potencia cabal, vuelve a sufrir pérdida de poder.

En breve, el modelo de fusión no salvó a Europa de eso que el experto Fareed Zakaria ha denominado "trilema" internacional, esto es, una situación global alcanzada en la que crece el comercio, crece la conectividad y aumenta la inseguridad.

La inseguridad en Europa es hacia dentro y hacia fuera. Hacia dentro, la dimensión sociopolítica de la (in)seguridad no es insalvable, pero sí preocupante.

En efecto, los gobiernos, particularmente el de Francia, prácticamente no cuentan con margen para responder satisfactoriamente a las legítimas demandas de una sociedad cuyo segmento joven afronta dificultades en relación con la obtención de empleo, el acceso a viviendas, el aumento del costo de vida, las desmejoras universitarias, las perspectivas de futuro, por citar las principales.

Uno de los escenarios peligrosos de este cuadro es que a esa incapacidad de las instituciones gubernamentales se sume la relativa con el control de la violencia por parte de las mismas.

De modo que existe una situación real, la ruptura del contrato social, y una situación potencial, una posible ruptura de la paz social.

Hay autores que remarcan las cuestiones económicas en este contexto complejo, por ejemplo, el economista estadounidense John Mills, quien fija el centro de los problemas de Europa en el abandono del sector industrial y la caída de la productividad. Pero hay otros, por caso el sociólogo francés Emmanuel Todd, un estudioso de los factores suaves (como la debilidad demográfica) al momento de considerar el declive de un país; así, Todd considera que la crisis en Europa Occidental debe ser vista desde un ángulo más amplio, es decir, es verdad que hay decadencia industrial, pero sucede algo más comprometedor: se acelera la pérdida o descomposición de sentido colectivo como consecuencia de la erosión de valores religiosos.

En cuanto al exterior, la amenaza se halla en que, desde su lugar de potencia institucional y de liderazgos aspiracionales, Europa desdeñe la geopolítica (como lo hizo cuando acompañó sin reparos la iniciativa demócrata estadounidense de ampliar la OTAN), es decir, afirme enfoques antipragmáticos que incrementen la inseguridad.

Fue precisamente ese tipo de enfoque el que ha llevado a Europa a ser un "no ganador" en la guerra que tiene lugar desde hace cinco años en su territorio, Ucrania.

No estamos diciendo aquí que los grandes principios del derecho internacional no tienen importancia ni deban ser observados, sino que los "principios" de la geopolítica, desde los que se inició este conflicto (bastante antes de 2022), deben ser considerados por Europa si verdaderamente desea poner fin a la guerra.

En otros términos, y salvando diferencias, hoy los dirigentes de la Europa Occidental amparan y promueven lo que podríamos denominar "modelo Leyen", es decir, una política de reluctancia y vigilancia a Rusia, por sobre el "modelo Bismarck", esto es, la búsqueda de una diagonal estratégica con el actor euroasiático con el fin de alcanzar un principio continental de seguridad indivisible, precisamente, el que se ha alterado con la extensión de la OTAN al este de Europa y la pretensión de llevarla al inmediato oeste de Rusia.

En conclusión, en Europa se está agotando un ciclo y no se aprecian vectores, tanto hacia dentro como hacia fuera, para lograr un tránsito hacia otro que la impulse a convertirse en un actor estratégico de clase mundial.

En este cuadro, las elecciones en Francia, Italia España y Polonia en 2027 serán cruciales en relación con repensar políticas que alejen a Europa de la zona de penumbra estratégica a la que se ha ido acercando desde que terminó la Guerra Fría.

Alberto Hutschenreuter es Doctor en Relaciones Internacionales. Posgrado en Control y Gestión de Políticas Públicas. Ex profesor titular de Geopolítica (ESGA). Ex profesor en la UBA y en el ISEN. Colaborador en revistas y sitios especializados nacionales e internacionales. Autor del libro "La política exterior rusa después de la Guerra Fría. Humillación y reparación".

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