El abandono escolar: una salida silenciosa
No hay escenas abruptas ni decisiones repentinas. La mayoría de los estudiantes que deja la escuela secundaria lo hace de manera gradual: primero faltan algunos días, después semanas, hasta que finalmente desaparecen del sistema. Cuando eso ocurre, el registro oficial llega tarde. El problema no es solo que se vayan, sino que nadie logra retenerlos a tiempo.
La mitad no llega a la meta
Las cifras son conocidas, pero no por eso menos alarmantes. Cerca del 50% de los jóvenes no logra completar la secundaria en los plazos previstos. Es decir, uno de cada dos estudiantes abandona o queda rezagado antes de terminar.
Incluso entre quienes logran egresar, los resultados muestran debilidades importantes. De cada 100 alumnos que comenzaron la primaria en 2011, solo 13 llegaron al último año del secundario en 2022 en tiempo, forma y con niveles adecuados en Lengua y Matemática. La promesa histórica de la educación como herramienta de movilidad social aparece, al menos, debilitada.
Mejora parcial, desigualdad persistente
Hay un dato que matiza el diagnóstico: el abandono escolar disminuyó en los últimos años. Entre los jóvenes de 17 años, la tasa bajó del 24,4% en 2018 al 15,1% en 2022. Es un avance concreto.
Sin embargo, ese promedio nacional oculta brechas muy marcadas. En provincias como Santiago del Estero, Misiones y Formosa, el abandono sigue siendo significativamente más alto, con niveles que rondan o superan el 30%. En esos contextos, dejar la escuela antes de los 18 años no es una excepción, sino una experiencia frecuente.
El Conurbano y el quiebre a los 15 años
En el Conurbano bonaerense, la situación también es crítica. Alrededor del 31% de los jóvenes de 17 años no asiste a la escuela, y una parte significativa ya había abandonado a los 15.
Ese dato no es casual. A partir de esa edad, la presión por insertarse en el mercado laboral aumenta, especialmente en hogares con dificultades económicas. La escuela empieza a competir con la necesidad de generar ingresos.
La economía como factor determinante
Las razones del abandono están, en su mayoría, fuera del aula. Aproximadamente cuatro de cada diez jóvenes dejan la escuela porque necesitan trabajar o no pueden afrontar los costos básicos de estudiar, como transporte o materiales.
El componente socioeconómico es decisivo: el 80% de quienes abandonan proviene de los sectores de menores ingresos. En otras palabras, el origen social sigue siendo el principal condicionante del recorrido educativo.
El peso invisible del trabajo doméstico
Hay otro factor menos visible pero igual de determinante: las tareas de cuidado. Una gran proporción de adolescentes, especialmente mujeres, dedica tiempo significativo al trabajo doméstico no remunerado.
Entre las jóvenes, esta carga es aún mayor. Muchas no abandonan la escuela por falta de interés, sino porque deben asumir responsabilidades en sus hogares que vuelven incompatible la continuidad educativa.
Abandonar no es un acto, es un proceso
La evidencia académica muestra que el abandono escolar no suele ser definitivo en un primer momento. Muchos estudiantes entran y salen del sistema educativo, interrumpen sus estudios, intentan retomarlos y vuelven a dejarlos.
En ese recorrido, los factores externos —económicos, familiares y laborales— tienen un peso central. La escuela, más que expulsar, suele carecer de herramientas suficientes para sostener a quienes están en riesgo de irse.
Un círculo difícil de romper
Las consecuencias de no terminar la secundaria son profundas. Siete de cada diez jóvenes sin título secundario trabajan en la informalidad. Esto genera un círculo complejo: la necesidad económica empuja a abandonar la escuela, y la falta de educación formal limita las posibilidades de acceder a empleos de calidad.
Romper esa dinámica sin intervención pública resulta extremadamente difícil.
Un sistema que llega tarde
El sistema educativo enfrenta múltiples desafíos, pero uno de los más críticos es su capacidad de reacción. Existen mecanismos para detectar el abandono, pero suelen activarse cuando el estudiante ya se desvinculó.
Los datos se publican con retraso, las intervenciones llegan tarde y, mientras tanto, el proceso continúa. Los alumnos dejan de asistir de forma paulatina, sin hacer ruido, hasta que finalmente desaparecen de las listas. Y cuando eso sucede, muchas veces ya es demasiado tarde para revertirlo.

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