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La vigencia de las “viejas estrategias” en las "nuevas guerras" (Alberto Hutschenreuter)

Por Poder & Dinero

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Las guerras, una de las principales “regularidades" en la historia de la humanidad, siempre concentran la atención e inquietud de la gente, mucho más en la actualidad debido al tremendo fenómeno de la globalización y la conectividad.

El impacto que provocan las confrontaciones en un tiempo de tantos adelantos va creando una situación de cotidianeidad por aquello relativo con la incertidumbre de los desenlaces o cursos de un fenómeno social que el general francés André Beaufre (1902-1975) lo definió con claridad meridiana: "el arte de la dialéctica de las voluntades que emplean la fuerza para resolver su conflicto", es decir, la guerra no sólo es la aplicación de la fuerza, sino un choque intelectual entre voluntades enfrentadas.

Está vieja definición del autor de “Introducción a la estrategia”, “Disuasión y estrategia”, entre otras, se aplica a las guerras del siglo XXI o "nuevas guerras" y también a las guerras por venir, pues  no olvidemos que la última guerra siempre será la próxima guerra, remarcando con ello el carácter regular de la misma, aún en tiempos comerciales y tecnológicos profusos que, teóricamente, deberían inhibir la guerra.

Pertinentes son aquí las reflexiones de otro francés, el polemólogo Gastón Bouthoul (1896-1980), quien sostenía que la proposición de los políticos y especialistas relativa con terminar con las guerras a través de la renuncia a ellas, como se intentó en los años veinte con el Pacto Briand-Kellogg, firmado en agosto de 1927 en París, era semejante al intento de los médicos de poner fin a las enfermedades por medio de su renuncia a ellas.

Para completar estas líneas no podemos dejar de citar a Raymond Aron (1905-1983), quien no ofrece en “Paz y guerra entre las naciones” una magnífica síntesis sobre el fenómeno de la guerra, particularmente en relación con el futuro de la misma: “La guerra es de todos los tiempos históricos y de todas las civilizaciones. Con hachas o cañones, con flechas o con balas, con explosivos químicos o con reacciones atómicas en cadena; de lejos o de cerca, aisladamente o en masa, al azar o de acuerdo a un método riguroso, los hombres se han matado unos a otros, utilizando los instrumentos que la costumbre y el saber de las colectividades les ofrecen”.

Bien, considerando la guerra actual en la gran placa geopolítica y geoeconómica de Oriente Medio/Golfo Pérsico, podríamos reflexionar más específicamente la situación observando brevemente algunas viejas estrategias.

Por caso, el general suizo Antoine-Henri Jomini (1779-1869), muy seguido por Napoleón en sus campañas militares, sostenía la ventaja prácticamente decisiva que implicaba en la guerra golpear lo que denominaba el "centro de gravedad" del oponente, es este caso, Irán.

Dicho centro en el caso de la potencia media del Golfo Pérsico lo constituyen el programa nuclear y las capacidades convencionales, esto es, no sólo las armas convencionales, sino los centros de producción de armamento y equipos e infraestructura para la fabricación de misiles y drones.

De acuerdo a informes selectivos estadounidenses, Estados Unidos e Israel no han destruido la totalidad de las capacidades nucleares y convencionales de Irán, pero las han "degradado" considerablemente, e incluso han logrado acercarse a la totalidad, por ejemplo, ambos países habrían destruido más del 85 por ciento de los sistemas de defensa antiaérea de Irán, hecho que explicaría las misiones en el espacio aéreo iraní de los bombarderos B-52. Asimismo, se habrían destruido más de 150 buques pertenecientes al Ejército y al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria.

En relación con el temido programa nuclear iraní, la destrucción de buena parte del mismo se logró en la misión de punición de junio de 2025, por caso, las plantas de Natanz y Fordow han quedado prácticamente inoperables. No obstante, Irán conserva importantes reservas de uranio como bien ha reconocido recientemente el Director General de la OIEA, Rafael Grossi.

Jomini diría que una operación sobre el centro de gravedad del oponente se completaría con la captura de la capital. Pero acaso ese propósito respondía más al tipo de guerra y operaciones en su tiempo que a la realidad actual.

En este punto, las recomendaciones del militar prusiano Karl von Clausewitz (1780-1831) resultan por demás pertinentes.

Para este pensador, autor de textos militares clave como “De la guerra” y “La campaña de 1812 en Rusia”, es sumamente importante no exceder los límites de la victoria o decisión en la guerra. Aunque pueda ser fuerte la tentación de continuar hasta la destrucción total del oponente, ello entraña un riesgo que podría poner en riesgo la decisión. 

Está pauta fue muy bien aplicada en la guerra con Irak en 1991. Entonces, el poder político estadounidense determinó que el objetivo era únicamente expulsar a Irak del territorio de Kuwait.

En la siguiente guerra con Irak, en 2003, el objetivo fue acabar con el régimen apoyándose para ello en dos premisas totalmente falsas. Las consecuencias principalmente regionales del desguace del Estado de Irak fueron tremendas y se extienden hasta hoy.

En Irán, una campaña terrestre por parte de Estados Unidos podría abrir una Caja de Pandora, pues no sólo se trata de un territorio difícil, sino que entrarían en acción aquellos cuerpos iraníes preparados para el combate terrestre sostenido y la defensa territorial, es decir, las fuerzas armadas convencionales conocidas como Artesh; también el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), aunque esta fuerza está más orientada al ataque estratégico y la escalada.

Según el especialista Andrew Davidson, el Artesh cuenta con aproximadamente 350.000 efectivos, frente a los casi 200.000 del CGRI, “pero el CGRI domina cómo se moldea el conflicto a través del control de las fuerzas de misiles, las vías de escalada y la toma de decisiones estratégicas. Este papel se refuerza por su posición formal dentro de la estructura política y económica de Irán, donde ejerce influencia en sectores clave como las telecomunicaciones, la energía y la industria de defensa, así como en el programa nuclear.

Un escenario de invasión terrestre a Irán nos remite una vez más al general André Beaufre cuando este experto se refiere a los problemas que afronta un cuerpo expedicionario en un entorno altamente hostil. Cabe recordar aquí que Estados Unidos no posee resultados muy favorables en materia de intervenciones terrestres, y ello puede explicarse a partir de los problemas que enfrenta el país invasor si no alcanza prontamente la capitulación del actor invadido.

Más todavía, una invasión terrestre podría fundarse en una premisa que puede finalmente no ser tal: que la población mayor o masivamente la apoyará, de manera que solo quedará la lucha entre fuerzas invasoras y fuerzas del régimen.

En países con fuerte acervo ideológico o confesional el automatismo apoyo nativo al cuerpo expedicionario tiende a no darse como se aguardaba, situación que, como advierte el general francés, comienza a crear problemas al cada vez más masivo cuerpo invasor.

Concluyendo, las “viejas estrategias” mantienen enorme vigencia en las “guerras modernas”. En la confrontación actual que tiene lugar en Oriente Medio-Golfo Pérsico pueden llegar a apreciarse aquellas, si bien hasta hoy no se ha dado una victoria categórica por parte de Estados Unidos e Israel.

La victoria allí implica “degradación” de las capacidades militares iraníes, y desde esta consideración los resultados son considerables. Pero también es importante no perder el punto relativo con la resiliencia estratégica de Irán: a pesar de la estrategia de decapitación llevada adelante por estados Unidos e Israel, el régimen no ha sido aniquilado ni tampoco está ocurriendo una revolución popular, lo que no quiere decir que no puedan ocurrir serios  problemas de gobernabilidad.

Por ello, es posible que en el estado en el que se encuentra Irán casi no quedará margen para que el régimen decida llevar adelante concesiones en materia nuclear y convencional a cambio de asistencia para reparar infraestructura económica. Es lo que se espera de un gobierno encabezado por pragmáticos.

No obstante, este escenario “optimista” no elimina que Irán abandone su estrategia de guerra asimétrica de alcance regional y global, “tan solo” una de las alternativas que posee Teherán para continuar la guerra sin espacio ni tiempo.

El autor es Doctor en Relaciones Internacionales (summa cum laude, USAL). Posgrado en Control y Gestión de Políticas Públicas. Profesor Titular de Geopolítica en la Escuela Superior de Guerra Aérea. Ex profesor en la UBA. Fue Director del Ciclo Eurasia en la Universidad Abierta Interamericana. Director del medio Equilibrium Global. Columnista y colaborador en revistas especializadas nacionales e internacionales. Autor de los libros “La política exterior rusa después de la guerra fría” “La Gran Perturbación” y ¨ La Geopolítica nunca se fue ¨

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