Tras una devastadora escalada militar marcada por intensos bombardeos estadounidenses a complejos nucleares e infraestructuras estratégicas de la República Islámica, las dos potencias firmaron el documento de 14 puntos que pone en marcha una tregua de 60 días ampliable (que no será respetada) paranegociar un acuerdo de paz definitivo (que difícilmente vea la luz mientras el régimen de los mullah este a cargo en Teherán). Aunque el anuncio oficial ha provocado la sensación de un alivio inmediato en los mercados internacionales -con una marcada caída en el precio del Brent tras confirmarse la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz-, el texto oficial esconde condiciones sumamente estrictas, fuertes advertencias militares y un laberinto financiero que encendió y mantiene activo el debate global.
No obstante, uno de los puntos medulares del acuerdo se enfoca en el espinoso programa nuclear iraní. El memorando congela el estatus quo de sus actividades atómicas e impone el compromiso irrenunciable de Teherán de no buscar ni fabricar jamás armas de destrucción masiva.
El propio Donald Trump fue categórico al declarar que las reservas de uranio altamente enriquecido de Irán -lo que describió coloquialmente como “polvo nuclear”- deberán ser totalmente neutralizadas. El acuerdo estipula que todo este material radiactivo será diluido in situ bajo la estricta vigilancia del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). El gobierno estadounidense busca con esto asegurar que Irán no reconstruya los complejos subterráneos que fueron destruidos por bombarderos estratégicos B-2 durante los picos más álgidos del conflicto armado.
Le sigue un punto no menor, como es el capítulo económico que, sin duda es el que mayor controversia y desconcierto genera a nivel internacional. Irán había solicitado inicialmente una indemnización directa de U$D 400.000 millones a Washington por los daños causados por la guerra. Sin embargo, la Casa Blanca bloqueó tajantemente el uso de dinero de los contribuyentes americanos.
La solución diplomática quedó plasmada en la creación de un ambicioso vehículo de inversión privada global valorado en U$D 300.000 millones dedicado exclusivamente a la reconstrucción y el desarrollo económico de la nación persa. Según aclararon altos funcionarios de la administración y el vicepresidente J.D. Vance, este fondo operará bajo premisas de mercado abierto sin fondos públicos, es decir que no habrá subsidios estatales ni transferencias directas de efectivo desde las arcas estadounidenses (declaraciones casi
risueñas de JD Vance que lo exponen en su incapacidad y lo colocan muy lejos de las capacidades en política exterior de Marco Rubio).
Serán consorcios privados quienes brinden la Inyección corporativa internacional y los países árabes del Golfo, Asia, Sudamérica y África quienes ya han comprometido financiación para reactivar sectores clave como la energía, la logística marítima, la manufactura y el transporte. Irán solo podrá integrarse a este ecosistema económico mundial a medida que cumpla de forma verificable con los compromisos pactados.
Paralelamente, EE.UU. se compromete a levantar sus sanciones económicas unilaterales y a permitir la liberación paulatina de los activos soberanos iraníes bloqueados en el extranjero. No obstante, Washington mantiene la llave de paso de estas finanzas a través de exenciones (waivers) petroleras y bancarias que vigilarán minuciosamente el comportamiento de Teherán.
El plano político del memorando -que pareciera tener varios meses de haberse realizado, a pesar de no haber cumplido más que un par de semanas- destaca el compromiso mutuo de ambas naciones de respetar la soberanía territorial y abstenerse de interferir en los “asuntos internos” de cada país. Esta cláusula, representa un fuerte revés para los grupos disidentes iraníes en el exilio, quienes contaban con promesas previas de apoyo de la Casa Blanca.
Asimismo, el pacto estipula el cese de hostilidades navales (lo cual ya se ha roto en pedazos bilateralmente el último fin de semana) que exigía a Irán el desminado técnico total del estrecho de Ormuz en un plazo máximo de 30 días para normalizar la navegación de buques comerciales.
Pese a los discursos optimistas -aunque carentes de fundamento- de pacificación regional del vicepresidente Vance, quien ha mostrado dudas de ser el hombre adecuado para lo que el presidente Trump le ha encomendado, en el Palacio de Versalles, el clima que se observó fue de profunda desconfianza mutua y ese día parece haber quedado muy lejos en el tiempo.
Tras la firma, Trump recurrió a su habitual retórica de máxima presión advirtiendo ante los líderes del G7 que, si la República Islámica incumple el pacto, el Pentágono está preparado para “volver a arrojar bombas justo en medio de sus cabezas”. Por su parte, el jefe negociador y presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, replicó con dureza ante los medios locales asegurando que la desconfianza hacia Washington es total y que el ejército de Irán mantiene “su dedo en el gatillo” ante cualquier provocación externa.
Las horas continúan transcurriendo, la fecha límite de 60 días para fraguar el tratado de paz definitivo está muy cercano, cuando el día llegue, el memorando inmediatamente deberá ser avalado por una Resolución “vinculante” del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Sin embargo, todo está más lejos de lo esperable en materia de avances reales y positivos.
Concluyendo ¿es el memorando de Versalles la última gran oportunidad para estabilizar el suministro energético global y disipar totalmente los tambores de una guerra extendida en Oriente Medio? Quien escribe, dedica desde más de tres décadas al estudio e investigación de la geopolítica de la zona y habiendo desandado la región sobre el terreno por el mismo período de tiempo, puede aseverar fehaciente y profesionalmente al lector: que Versalles es una perdida de oportunidad y tiempo, que no albergará nada positivo ni pacificará la región mientras el régimen de Teherán y sus proxis mantengan capacidad operativa y disponibilidad económica. Tampoco habrá salida negociada por la vía diplomática bajo ningún concepto. Quien albergue esperanza y confíe en el cumplimiento de compromisos que asuma el régimen khomeinista, pronto despertará a una realidad amarga, frustrante y totalmente contraria a sus expectativas.
Prof. George Chaya, is a Senior Advisor on Middle Eastern Affairs USA National Security expert OSINT based in Washington DC.

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