La Casa Blanca comunicó que fuerzas iraníes intentaron colocar nuevas minas navales en el estrecho de Ormuz. También se habrían detectados movimientos de activación en sitios de misiles al sur del país. Ante esto, la fuerza estadounidense desplazada en la zona, ejecutó ataques aéreos a los que la administración en Washington denominó como preventivos.
El presidente Donald Trump explicó y justificó los bombardeos en el Mar Arábigo y el Golfo de Omán definiéndolos como acciones de estricta protección no solo de sus bases y sus fuerzas militares desplazadas en la región sino también del tráfico naval civil internacional y de sus socios regionales sunnitas. Sin embargo, la respuesta militar encendió las alarmas internacionales de inmediato luego que el presidente estadounidense acusara a Irán de violar el frágil alto el fuego vigente en Oriente Medio. La acusación se da en un escenario de extrema tensión tras una serie de incidentes armados nocturnos. Los hechos amenazan con reactivar un conflicto a gran escala y ampliar el teatro de operaciones. El pacto de no agresión pende hoy de un hilo muy delgado, dijo una fuente del Pentágono bajo preservación de identidad.
Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán rechazó la versión de Washington y calificó la ofensiva estadounidense como una grave violación de la tregua acordada. Teherán denunció que los ataques de la coalición integrada por EE.UU. e Israel han roto las reglas del cese de hostilidades. Al tiempo que las autoridades israelíes aseguraron que sus movimientos continúan siendo de rutina dentro de la doctrina de la defensa de su frontera norte ante los renovados disparos de misiles guiados de Hezbollah.
La crisis se disparó en la madrugada del martes y el choque ocurre en un momento político crucial. Por estas horas delegados de ambos países buscan fortalecer conversaciones en mesas de diálogo político en Qatar. Las reuniones en Doha buscan extender el alto el fuego por sesenta días más. El plan general busca reabrir el estrecho de 0rmuz al comercio mundial de manera totalmente irrestricta y segura. Este paso es vital para normalizar los precios del crudo y para ello, el flujo de barcos por esta vía marítima comercial es clave.
El secretario de Estado, Marco Rubio, intentó calmar las aguas, afirmó que un arreglo final todavía es muy factible. Rubio aclaró que el presidente Trump desea firmar un convenio robusto y seguro. El mandatario estadounidense prefiere no cerrar trato antes que aceptar un plan débil. Las negociaciones avanzan despacio debido a los desacuerdos por fondos congelados e Irán exige recuperar miles de millones de dólares retenidos en bancos internacionales y eso, en los pasillos de Washington, aseveran que no sucederá. En la mañana del miércoles, un alto cargo político de DC, me aseguro que no es Obama quien está en el gobierno para que los iraníes reciban aviones cargados con millones de dólares en efectivo como sucedió en 2011.
La comunidad internacional mira la situación con enorme preocupación. El gobierno de China pidió mesura formal a las partes. Beijing solicitó respetar el compromiso asumido para cuidar a la población civil. Mientras tanto, los rescatistas trabajan en Líbano tras bombardeos periféricos ya que Hezbollah continúa sus combates para regresar a los poblados y aldeas del Sur del país donde fuerzas israelíes están desplazadas dentro del Líbano. En este escenario, la inestabilidad regional complica las tareas de ayuda humanitaria en las zonas afectadas.
Concluyendo, es muy posible que el destino de Oriente Medio se defina en las próximas horas. El presidente Trump ha convocado -el martes- a su gabinete completo en Camp David, algo poco usual y que presagia grandes hechos por ocurrir en materia de defensa y seguridad nacional. La diplomacia no ofrece garantías de éxito y, si fracasa -como se cree que puede suceder- los ataques cruzados podrían transformar la región en un teatro de operaciones militares de guerra abierta y devastadora. Los mediadores internacionales apuran los contactos políticos de última hora. El gran desafío actual es evitar que las conversaciones colapsen por completo. Es muy claro que la paz regional afronta su prueba más difícil de los primeros veinticinco años del Siglo XXI.
Sin embargo, para nosotros -y un puñado reducido de colegas cercanos a tomadores de decisiones- el escenario no es nada nuevo y no trae nada que no haya sido alertado por los últimos veinte años desde distintos paper´s académicos, cientos de artículos publicados en diferentes idiomas en decenas de medios de prensa internacionales y no pocas horas de clases dictadas en Universidades de Estados Unidos, Europa y América Latina. Sin embargo, infortunadamente Occidente nunca lo comprendió, y estoy convencido que nunca lo entenderá.

*Prof. George Chaya, is a Senior Advisor on Middle Eastern Affairs and USA National Security expert OSINT based in Washington DC.

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