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La hidrovía y la batalla silenciosa por la soberanía argentina

Por Octavio Sánchez Piedrabuena

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La hidrovía Paraná-Paraguay no es un simple corredor logístico. Hablamos de una arteria estratégica de 3.400 kilómetros que conecta a Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, a través de los ríos Paraná y Paraguay, permitiendo navegación continua desde el corazón productivo del continente hasta el atlántico. Por allí transitan alrededor de cinco mil buques por año, pero lo que verdaderamente fluye por ese sistema fluvial es el poder.

Por sus aguas salen millones de toneladas de soja, maíz, trigo, carne y azúcar. Se estima que el 50% de la proteína vegetal que consume el planeta se comercia en esta región. En un mundo donde la seguridad alimentaria se ha convertido en una cuestión estratégica, la cuenca del Plata es uno de los nodos centrales del siglo XXI.

Hidrovía Paraguay - Paraná | ARCA

Y no se trata solo de alimentos. En el subsuelo de la región se encuentra el Acuífero Guaraní, el tercer reservorio de agua dulce más grande del mundo. En un escenario global atravesado por las emergencias hídricas y ambientales crecientes, el control del agua es podría ser tan relevante como el control del petróleo en el siglo XX.

En territorio boliviano, el Cerro del Mutún alberga la mayor reserva de hierro del planeta. Ese hierro —base fundamental de la producción de acero— baja por el sistema Paraná–Paraguay rumbo a mercados asiáticos, principalmente a China. El acero es infraestructura, industria, poder militar. Es, en definitiva, capacidad de proyección.

La ecuación se completa con energía. La represa de Itaipú, binacional entre Brasil y Paraguay, ostenta el récord Guinness como la hidroeléctrica con mayor producción acumulada del mundo. La central de Yacyretá abastece a cerca del 50% de los hogares argentinos. Alimentos, agua dulce, minerales y energía: los cuatro pilares clásicos del poder material confluyen en un mismo sistema geográfico.

El factor chino y la presión por la soja

El crecimiento asiático transforma esta ecuación en una pieza clave del tablero global. En 1996, China producía y consumía alrededor de 15 millones de toneladas de soja al año. En 2021, produce prácticamente lo mismo, pero consume cerca de 115 millones. Para 2030, según proyecciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, necesitará alrededor de 140 millones de toneladas.

Soja: China se lleva todo (rompe récord de importaciones)

El problema es estructural: mientras los rindes agrícolas podrían aumentar al 1 o 2% anual, la demanda asiática exige un crecimiento cercano al 3,5%. El 90% de la soja mundial se produce entre Estados Unidos, Brasil y Argentina. Si Washington decidiera restringir exportaciones a Beijing por razones geopolíticas —en el marco de la guerra comercial o de una escalada estratégica mayor—, la seguridad alimentaria china dependería en gran medida de Sudamérica. Y esa soja, en buena parte, sale por la Hidrovía.

Es allí donde la cuestión deja de ser económica para volverse geopolítica. La vía transporta la estabilidad alimentaria de la segunda potencia mundial. Y Argentina ocupa un lugar central en ese corredor.

La disputa por el control

En 2023, Paraguay acordó con Estados Unidos sumar presencia militar norteamericana en el área de la hidrovía. En 2024, la Administración General de Puertos argentina firmó un convenio para que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense tenga participación en la vía fluvial más importante del país.

Estos movimientos no pueden advertirse como hechos aislados. Las infraestructuras críticas —puertos, corredores bioceánicos, pasos marítimos— siempre fueron espacios de disputa entre las grandes potencias. Lo que está en juego no es solo la eficiencia del dragado o la profundidad del canal, sino quién tiene capacidad efectiva de incidencia sobre una ruta que articula alimentos, energía y minerales estratégicos. Mientras Estados Unidos y China disputan influencia global, la cuenca del Plata se convierte en un escenario silencioso pero potencialmente decisivo.

El dilema argentino y la oportunidad sudamericana

¿Qué está haciendo Argentina con este poder potencial? Nuestra geografía nos ofrece una ventaja estructural. Existe tradición industrial, capital humano y proyección hacia la Antártida, otro territorio de relevancia estratégica creciente. Sin embargo, el país no logra traducir esos activos en poder político real.

Argentina exporta recursos, pero no siempre negocia desde una posición de fortaleza. Vende alimentos, pero no articula una estrategia agroalimentaria continental. Participa de una cuenca energética central, pero carece de una política sostenida que integre soberanía, infraestructura y desarrollo industrial. El resultado deja sabor a poco: uno de los territorios más estratégicos del mundo funciona muchas veces como simple proveedor periférico.

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Si el siglo XXI se organiza en torno a grandes bloques —Estados Unidos, China, Rusia—, Sudamérica enfrenta un desafío histórico. Solo una articulación sólida entre Argentina y Brasil podría estructurar un polo regional con masa crítica suficiente para negociar en mejores condiciones. La hidrovía, el complejo agroexportador, la energía hidroeléctrica y los recursos minerales son la base material de ese proyecto.

Pero para que eso ocurra, el control soberano sobre las rutas estratégicas debe ser una prioridad. No en clave de autarquía táctica, sino como condición para negociar desde la autonomía estratégica. Las grandes potencias se sientan a la mesa porque poseen recursos, infraestructura y capacidad de decisión efectiva sobre ellos.

La Hidrovía Paraná–Paraguay es, en este sentido, mucho más que un río navegable. Es una palanca de poder. Un punto de apoyo para construir soberanía efectiva en un mundo que se reorganiza aceleradamente.

La historia demuestra que los países que controlan sus rutas estratégicas controlan su destino. Argentina tiene en sus aguas una de las llaves maestras del tablero global. La cuestión es si decidirá usarla.

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Octavio Sánchez Piedrabuena

Octavio Sánchez Piedrabuena

Licenciado en Ciencias Políticas (UCA)

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