Después de casi tres meses de guerra, la incursión militar que Estados Unidos vislumbró como una tarea fácil, similar al arresto de Nicolás Maduro en Venezuela, se volvió un conflicto prolongado que demuestra hasta qué punto los Estados Unidos subestimaron las capacidades militares de Irán.
En un conflicto que trajo enormes repercusiones para la región -desde el cierre del estrecho de Ormuz hasta los daños ocasionados a las refinerías de petróleo a lo largo de todo el golfo- la reconfiguración regional, el ascenso y caída de actores relevantes, así como el impacto en las dinámicas de política doméstica en los Estados Unidos, otorgan a este conflicto un carácter internacional capaz de alterar las relaciones de poder de cara al futuro.
El caso de Pakistán parece ilustrar a la perfección la nueva relación de fuerzas en la región. Único país de mayoría musulmana con poder nuclear, este país de Asia meridional intercedió ante el Presidente de los Estados Unidos para que este considerara su ultimátum a Irán y le conceda una prórroga de 15 días para abrir el Estrecho de Ormuz y terminar con la guerra.
El poder relativo que consiguió Pakistán, un actor antes casi irrelevante en las dinámicas de poder en Medio Oriente, refuerza su rol como intermediario entre Occidente y los países musulmanes.
Los Emiratos Árabes Unidos, por su parte, han quedado bastante desdibujados en su intento de convertirse en mediadores entre Estados Unidos e Irán. Para un país demasiado propenso a apoyar y fogonear conflictos intraestatales en África, EAU ha perdido considerablemente su poder de fuego en una región donde otros países del Golfo, como Qatar y Arabia Saudita cobraron más protagonismo.
El caso de China parece todavía una incógnita. Aunque le ofreció a Irán el envío de sistemas de defensa, la tradición de política exterior china, más propensa a abstenerse de interferir en conflictos externos, nos lleva a pensar que el gigante asiático ocupará un papel secundario pero relevante de cara al futuro.
Finalmente, el caso de Estados Unidos parece el más imprevisible de todos. Con el ascenso de Trump, la intervención -o no- de Estados Unidos en la región permanece una incógnita. Aunque el Presidente de Estados Unidos anunció el establecimiento de un alto al fuego, su decisión de castigar a todos aquellos barcos que intenten cruzar el Estrecho de Ormuz da muestra de la incertidumbre que rodea a la política exterior de Estados Unidos en este momento.
En definitiva, la internacionalización del conflicto en Medio Oriente sirve como muestra del desarrollo del sistema internacional a futuro. El ascenso de China y el rol de los Estados Unidos a futuro son temas que se observan en este conflicto regional pero que pueden extrapolarse a
nivel global.


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