Hace 3 horas - politica-y-sociedad

Con una base naval en el Perú, Washington se posiciona en la costa latinoamericana al Pacífico Sur

Por Poder & Dinero

Portada

La costa central del Perú se ha convertido en un escenario privilegiado de la competencia geopolítica global. La decisión del Gobierno de Estados Unidos de autorizar un acuerdo de cooperación para la modernización integral de la Base Naval del Callao, principal instalación de la Marina de Guerra peruana, no solo redefine la relación bilateral en materia de defensa, sino que proyecta sus efectos mucho más allá del ámbito estrictamente militar. En un contexto de creciente rivalidad con China, Washington vuelve a poner el foco en el hemisferio occidental y, en particular, en el eje estratégico del océano Pacífico.

El proyecto, aprobado por el Departamento de Estado y notificado al Congreso estadounidense en enero de 2026, contempla una posible Venta Militar Extranjera (Foreign Military Sale, FMS) por un monto máximo de 1.500 millones de dólares. A diferencia de otros acuerdos de defensa, no se trata de la adquisición de armamento pesado ni del establecimiento formal de una base extranjera con tropas permanentes, sino de un paquete amplio de servicios y equipamiento destinados al diseño, la construcción y la modernización de infraestructuras marítimas y terrestres en el Callao. El objetivo declarado es fortalecer las capacidades logísticas y operativas de la Armada peruana, adaptándolas a los estándares contemporáneos y a las exigencias de una región cada vez más expuesta a dinámicas globales.

La iniciativa prevé una transformación profunda de la actual base naval, cuyas instalaciones se remontan en gran parte a mediados del siglo XX. La modernización apunta a reorganizar los espacios, optimizar los accesos y mejorar la funcionalidad de muelles, áreas de mantenimiento y edificios operativos. Un elemento central del plan es la reducción de la superposición entre actividades civiles y militares, un problema histórico en el Callao, donde la base naval convive con el principal puerto comercial del país. Al liberar y redistribuir áreas estratégicas, el proyecto permitiría, además, facilitar la expansión del puerto civil, clave para el comercio exterior peruano.

Desde el punto de vista técnico, el acuerdo incluye estudios de ingeniería, planificación del ciclo de vida de las instalaciones, gestión integral del proyecto y supervisión de las obras durante un período que podría extenderse hasta diez años. Para ello, está prevista la presencia en Perú de hasta una veintena de representantes estadounidenses, entre funcionarios gubernamentales y especialistas de empresas contratistas autorizadas por el Pentágono. Su rol será estrictamente técnico y de asesoramiento, según han subrayado las autoridades de Washington, que insisten en que la operación no alterará el equilibrio militar regional.

La ubicación de la base confiere al proyecto una relevancia estratégica singular. El Callao se encuentra frente a Lima, concentra la mayor parte del tráfico marítimo del país y está situado a menos de 80 kilómetros del megapuerto de Chancay, una infraestructura de escala continental impulsada y financiada por capitales chinos. Inaugurado recientemente como uno de los nodos más ambiciosos de la proyección logística de Pekín en Sudamérica, Chancay simboliza la creciente influencia económica de China en la región y su apuesta por controlar puntos neurálgicos de las rutas comerciales del Pacífico.

Es precisamente en ese contexto donde la inversión estadounidense adquiere una dimensión geopolítica más amplia. La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos para 2025 identifica al hemisferio occidental como un espacio prioritario, subrayando la necesidad de contrarrestar la influencia de potencias extrahemisféricas y de asegurar que activos estratégicos no queden bajo control de competidores globales. Sin mencionar explícitamente a China en cada apartado, el documento refleja una preocupación creciente por la presencia de Pekín en infraestructuras críticas, desde puertos hasta telecomunicaciones y energía, en América Latina y el Caribe.

La modernización de la Base Naval del Callao puede leerse, así, como una respuesta indirecta pero contundente a esa expansión. Al reforzar su cooperación con Perú en el ámbito naval y logístico, Washington busca consolidar un socio estratégico en la costa pacífica sudamericana y mantener capacidad de influencia en una región donde el comercio con Asia crece de manera sostenida. La iniciativa se inscribe en una lógica más amplia de reposicionamiento estadounidense, que algunos analistas interpretan como una actualización pragmática del viejo principio de la Doctrina Monroe, adaptado a un mundo multipolar y a una rivalidad cada vez más abierta con China.

Para el Perú, el acuerdo plantea oportunidades y dilemas. Desde una perspectiva interna, la inversión promete modernizar una infraestructura clave, dinamizar sectores vinculados a la construcción y la ingeniería, y fortalecer las capacidades de su Marina de Guerra sin recurrir a la compra directa de armamento. También refuerza una relación histórica con Estados Unidos en materia de defensa, cooperación que se ha mantenido durante décadas, especialmente en áreas como la seguridad marítima y la lucha contra amenazas transnacionales.

Sin embargo, el proyecto también obliga a Lima a gestionar con cautela su política exterior. China es hoy el principal socio comercial del Perú y un actor central en su estrategia de inserción económica global. La coexistencia de una fuerte presencia china en infraestructuras portuarias civiles y de una cooperación militar reforzada con Estados Unidos convierte al litoral peruano en un espacio de equilibrio delicado, donde cualquier movimiento puede ser interpretado como un alineamiento estratégico. La tradicional aspiración peruana de mantener una política de no alineación estricta se enfrenta, así, a las tensiones propias de una rivalidad global que se expresa cada vez más en el terreno.

Las críticas no han tardado en aparecer. Algunos sectores advierten que la prolongada presencia de asesores y contratistas estadounidenses, aunque limitada en número y funciones, podría sentar un precedente para una mayor injerencia externa en asuntos de defensa. Otros señalan el riesgo de que América Latina vuelva a ser escenario de disputas entre grandes potencias, con proyectos de cooperación convertidos en piezas de un tablero geopolítico que excede las prioridades nacionales.

Con todo, la modernización de la Base Naval del Callao marca un punto de inflexión. Más que una obra de infraestructura, se trata de un símbolo del regreso de América Latina —y del Pacífico sur en particular— al centro de las preocupaciones estratégicas de Washington. En un mundo atravesado por la competencia entre Estados Unidos y China, el puerto peruano se perfila como uno de los escenarios donde esa rivalidad se materializa con mayor nitidez, anticipando una década en la que la geopolítica volverá a mirar con atención hacia las costas de Sudamérica.

Adalberto Agozino es Doctor en Ciencia Política, Docente de la Universidad de Buenos Aires y Analista Internacional.

¿Deseas validar esta nota?

Al Validar estás certificando que lo publicado es información correcta, ayudándonos a luchar contra la desinformación.

Validado por 0 usuarios
Poder & Dinero

Poder & Dinero

Somos un conjunto de profesionales de distintos ámbitos, apasionados por aprender y comprender lo que sucede en el mundo, y sus consecuencias, para poder transmitir conocimiento.
Sergio Berensztein, Fabián Calle, Pedro von Eyken, José Daniel Salinardi, William Acosta, junto a un destacado grupo de periodistas y analistas de América Latina, Estados Unidos y Europa.

TwitterLinkedinYoutubeInstagram

Vistas totales: 6

Comentarios

¿Te Podemos ayudar?