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Yemen lleva diez años en guerra. ¿Por qué no nos importa?

Por Uriel Manzo Diaz

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Hay una pregunta que me hago cada vez que aparece Yemen en los titulares (que no es seguido) y es esta: ¿por qué no nos importa?

No es retórica. Es genuina. Porque los números están ahí, disponibles, verificables. Más de 377.000 personas muertas desde 2015. Cerca de 24 millones casi el 80% de la población dependiendo de ayuda humanitaria para sobrevivir. Más de cuatro millones de personas desplazadas. Y sin embargo, Yemen rara vez ocupa la conversación pública con la misma urgencia que otros conflictos.

Este texto es un intento de entender qué pasó, quiénes pelean, y qué significa vivir adentro de eso.

Cómo empezó

Yemen ya era el país más pobre de la península arábiga antes de la guerra. En septiembre de 2014, tras años de protestas e inestabilidad política, el movimiento hutí ejecutó un golpe de Estado, derrocando al gobierno internacionalmente reconocido del presidente Hadi. No era un grupo que surgió de la nada: el movimiento nació en los años 90, cuando Hussein al-Houthi lanzó un movimiento de resurgimiento religioso de una rama del islam chiíta llamada zaidismo, históricamente marginada bajo el régimen sunita.

En marzo de 2015, cuando Arabia Saudita intervino militarmente para restaurar al gobierno de Hadi, la guerra civil adquirió su carácter definitivo de guerra de poder regional: Yemen se convirtió en un teatro más del pulso entre Irán y la monarquía saudí. Dos potencias. Un país que ya no tenía casi nada. Y en el medio, gente común que no eligió ninguno de los dos bandos.

(Photo by STRINGER / AFP)

Lo que se vive adentro

Esto es lo que más me cuesta procesar: para muchos niños y niñas yemeníes, la guerra es la única realidad que conocen. Literalmente. Hay una generación entera que creció sin saber lo que es un país en paz. Que aprendió a identificar el sonido de los aviones antes de aprender a leer.

El hambre acecha al país: más de 17 millones de personas pasan hambre y 2,3 millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición aguda. La mayoría de las muertes no se producen en combate, sino por el impacto del conflicto en los precios de los alimentos y el deterioro de los servicios básicos. No mueren de guerra. Mueren de lo que la guerra destruyó.

Desde enero de 2025, más de 450 centros de salud cerraron parcial o totalmente. Una familia que vive en una zona rural no tiene acceso a un médico, a medicamentos, a agua potable. La única comida que algunas familias desplazadas pueden permitirse en un día es té con un poco de pan.

Y aun así, el mundo sigue mirando para otro lado.

Cuando Amal Hussain, de siete años, protagonizó la portada del New York Times, las terribles consecuencias de la guerra de Yemen se hicieron visibles para millones de personas. / TYLER HICKS (THE NEW YORK TIMES)

El olvido como política

A diferencia de otros conflictos, Yemen no acapara la atención de los medios internacionales ni se alzan voces de indignación mundial. No hay personas públicas que lleven adelante campañas de solidaridad.

La razón: Yemen no tiene el peso geopolítico que justifique el escándalo. No hay una potencia occidental directamente involucrada con la que identificarse. No hay un relato simple de buenos y malos. Hay Arabia Saudita aliada histórica de Occidente bombardeando civiles con armas compradas en Estados Unidos y Europa. Eso no es fácil de cubrir sin incomodar a nadie.

En 2024, el Plan de Respuesta Humanitaria de la ONU apenas recibió el 38% de los fondos necesarios, dejando sin cobertura programas de nutrición, salud y educación. En abril de 2025, la interrupción de la ayuda estadounidense profundizó todavía más el abandono.

Por qué importa

Geopolíticamente, Yemen no es un conflicto aislado. Los hutíes controlan el estrecho de Bab-el-Mandeb, por donde pasa el 12% de los flujos comerciales globales y el 30% del tráfico mundial de contenedores. Sus ataques al Mar Rojo desde 2023 ya afectaron cadenas de suministro globales. Lo que pasa en Yemen llega, de alguna forma, al precio de lo que compramos.

Pero más allá de eso: lo que pasa en Yemen dice algo sobre qué tipo de atención le prestamos al sufrimiento humano. Si la cobertura depende de quién sufre y dónde, entonces no es cobertura, es selección.

Yemen no solo necesita ayuda humanitaria. Necesita humanidad, atención política, presión diplomática y memoria pública. Recordarlo es lo mínimo por donde deberíamos empezar.

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Uriel Manzo Diaz

Uriel Manzo Diaz

Hola! Mi nombre es Uriel Manzo Diaz,
actualmente, estoy en proceso de profundizar mis conocimientos en relaciones internacionales y ciencias políticas, y planeo comenzar mis estudios en estos campos en 2026. Soy un apasionado por la política, la educación, la cultura, los libros y los temas internacionales.



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