8/3/2023 - Tecnología e Innovación

Basta de ningunear a la sustentabilidad

Por Milagros Gauto

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La sustentabilidad como una realidad actual

La sustentabilidad resuena cada vez más fuerte y llegó para quedarse, lo cual valoro y celebro. Sin embargo, es un término que en muchos casos está mal asociado al futuro, “a lo que se viene”. Tratemos de bajar el concepto a tierra, hablemos en términos concretos para dejar atrás la visión aspiracional de la sustentabilidad y convertirla, en cambio, en una realidad que nos involucra e interpela a todos hoy mismo.

Las prácticas sustentables son las acciones que apuntan a evitar o reducir impactos ambientales negativos que vienen siendo generados por el hombre desde hace centenares de años, para garantizar el bienestar de las generaciones actuales y futuras. El calentamiento global, el riesgo hídrico y la pérdida de la biodiversidad, son algunas de las problemáticas que se buscan solucionar. Sin embargo, el avance de estas prácticas se ve impedido muchas veces porque existe un contraste muy marcado entre los principios que mueven a la sustentabilidad y los términos en los que se maneja el mundo actual.

Por un lado, la cultura de la inmediatez en la que estamos inmersos hace que, en algunos casos, se asimile lo sustentable a una idea vaga o ilusoria. Digamos que, los resultados inmediatos, no son del todo característicos de las acciones sustentables, que en cambio, contemplan una ventana temporal mucho más amplia. El intervalo de tiempo que se abarca es trascendental, y totalmente opuesto a lo que nos tiene acostumbrado el mundo actual. Pero no por ello, menos importante, sino todo lo contrario.

Por otra parte, hay que reconocer que si nos preguntan por las principales razones de las prácticas sustentables, lo primero en lo que pensamos es en la protección ambiental, salud y bienestar. Los cuales son motivos más que suficientes y válidos por sí mismos. Sin embargo, a la sustentabilidad se le exige un beneficio más inmediato para ganarse un lugar en el mundo moderno, el cual es, nada más ni nada menos, que rentabilidad económica. Ese es, el mayor desafío y a su vez la mayor oportunidad de los proyectos sustentables: generar un beneficio económico a partir de la protección ambiental, y que en lo posible, ese beneficio sea aún mayor que el que se pueda alcanzar con una alternativa convencional. Afortunadamente, las prácticas sustentables han demostrado que tienen mucho que ofrecer en ese sentido, ya que traen asociadas mejoras en la eficiencia y productividad de los procesos. Es así, que se posicionan como alternativas prometedoras y con un altísimo potencial de desarrollo.

De cualquier manera, para abrir camino hacia una realidad sustentable, se requiere que la sociedad se involucre en la cuestión. Las empresas, el Estado y los consumidores juegan un papel fundamental; pero es importante comprender que cada uno de ellos participa de distinta manera según el contexto. Por ejemplo, las medidas ambientales que se tomen en una PyME no tendrán el mismo alcance ni magnitud que las tomadas por una firma multinacional; como tampoco la normativa ambiental será la misma en todos los países del mundo; o para una empresa petrolera que para una cadena de gimnasios. Es decir, siempre es acertado conocer y comprender la perspectiva desde la cual se encaran las acciones sustentables.

Ahora sí, para meternos de lleno en el tema, hablemos del rol que, como consumidores, tenemos dentro de este panorama. En primer lugar, cabe destacar nuestra responsabilidad a la hora de elegir comprar algo. Al fin y al cabo, las empresas ofrecen en el mercado solo aquellos productos y servicios que los clientes estamos dispuestos a consumir. Obviamente, no siempre es sencillo optar por productos sustentables. En ciertas ocasiones, nuestro poder de decisión se encuentra limitado. En algunos casos por falta de practicidad, en otros, por poca oferta, o por elevados precios. Pero lo que hace esta elección todavía más difícil, es la falta de información, o mejor dicho, la desinformación ¿Cuántas veces escuchaste hablar de un producto, un servicio o una empresa “eco-friendly”, “sustentable”, “respetuoso con el medio ambiente”, “ecológico”? Estas son expresiones engañosas, que en lo personal me generan desconfianza siempre que las leo o escucho. Esto es, porque no siempre (casi nunca) esos productos y servicios tienen información ambiental que los respalde. En la mayoría de los casos, no hay manera de saber si se generan con energía renovable, la cantidad y el tipo de residuos que producen, su huella de carbono, su huella hídrica, los impactos lo largo de su ciclo de vida, o qué medidas se llevan a cabo para mejorar su desempeño ambiental, entre otras cuestiones.

Como verán, son un conjunto de muchos factores los que entran en juego y, como consumidores, no siempre es posible evaluarlos todos. Lo que sí podemos hacer desde nuestro lugar, es ser coherentes y formar una opinión crítica. Cuestionar, no quedarnos con la primera idea, o la primera impresión. Como decía antes, evaluar el contexto, comenzar a poner el ojo sobre las principales compañías, que sí cuentan con recursos a disposición para cambiar su desempeño ambiental, pero que muchas veces no lo hacen por no querer resignar ganancias, o por comodidad. No proyectan mejoras ambientales significativas excepto que el Estado (desde lo legal) o nosotros, como consumidores, se lo impongamos.

Ahora bien, siempre esta bueno mirar desde una perspectiva integradora y no caer en los extremos. Hay que reconocer que, en el mundo moderno, hay recursos de los que no podemos prescindir (al menos por el momento) y que inevitablemente el hombre genera y va a seguir generando impactos ambientales negativos. El tema es cómo hacer para que esos impactos sean de la menor magnitud posible. Es por eso qué, hay que tener en cuenta el contexto y evaluar cuáles son las soluciones que mejor se adaptan a cada situación. Comenzar a replantear nuestros hábitos de consumo es un punto de partida: evitar plásticos de un solo uso, elegir productos con envases reciclables, consumir marcas locales, leer la etiqueta de los productos, saber de qué material están hechos, dónde se fabrican, etc.

Lo importante es involucrarse en la medida de lo posible. La sustentabilidad toma cada vez más peso en las decisiones empresariales y políticas, y lo seguirá haciendo siempre y cuando como sociedad exijamos que así sea.

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Milagros Gauto

Mi nombre es Milagros. Tengo 25 años. Soy ingeniera ambiental. Explico mi punto de vista, con convicción y desde la sinceridad total. Busco despertar el interés, la inquietud o ganas de saber más acerca de la protección del ambiente. Me encantaría conocer tu opinión o experiencia respecto a los temas que trato. No dudes en contactarme.

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