Hace 3 horas - tecnologia-e-innovacion

CAPTCHA - Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart.

Por Martin H. Pefaur

Portada

Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart.

Durante veinte años probaste que eras humano. Sin saberlo, estabas entrenando a la máquina que hoy lo hace mejor que vos.

El test que inventamos para separar personas de robots se dio vuelta: las máquinas ya lo aprueban con más precisión que nosotros. Lo que viene no es un semáforo más difícil. Es otra pregunta.

Faltan tres días para el recital y todavía no imprimiste la entrada.

La abrís desde el mail, le das a imprimir, y antes de que salga la hoja aparece una ventana. Elegí todas las imágenes con un semáforo. Las elegís. No, esas no eran, probá de nuevo. Ahora las que tienen una bicicleta, ¿ese pedacito de rueda en la esquina cuenta como bicicleta? Tocás por las dudas. Escribí las letras que ves en esta imagen: dos caracteres retorcidos que podrían ser una B o un 8. Errás. Otra imagen. Otra vez los semáforos.

Tres minutos después seguís ahí, discutiendo con una computadora sobre si el fragmento de una moto es o no es una moto, para hacer algo tan simple como imprimir un papel que ya pagaste. Y en algún momento pensás lo que todos pensamos alguna vez frente a esa pantalla: soy yo el que tiene que demostrar que no es un robot, ¿y la que me está tomando examen quién es?

Esa escena tiene tanto de real que alguien hizo un videojuego con ella. Se llama CAPTCHA Hell: una chica intenta imprimir la entrada de un concierto y una empresa ficticia, VeriHuman Technologies, le pone captchas cada vez más absurdos hasta volver la tarea imposible. La página en Steam aclara, con humor, que "no está recomendado para robots". Nos reímos porque exagera dos centímetros algo que ya vivimos. Pero detrás de la risa hay una historia que empezó con una promesa noble y terminó en una ironía perfecta.

Volvamos al principio. Esa cajita se llama CAPTCHA, y es una sigla: Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart. Un test para diferenciar computadoras de humanos. La bautizaron así en 2003 un grupo de investigadores de Carnegie Mellon, Luis von Ahn (Fundador de Duolingo) entre ellos, y la idea era ingeniosa hasta la elegancia. El test de Turing clásico se preguntaba si una máquina podía hacerse pasar por humana. Esto era el test al revés: una máquina parada en la puerta de internet, examinando a cada persona que pasa para dejar afuera a las otras máquinas. Un test de Turing invertido, donde la computadora es la que examina.

Y había una razón concreta para inventarlo. Internet se estaba llenando de bots: cuentas falsas por millares, spam, programas que compraban entradas en masa para revenderlas antes de que vos llegaras al botón. El CAPTCHA era el portero. Yahoo fue de los primeros en ponerlo, allá por el año 2000. La lógica era simple y parecía a prueba de todo: hay cosas que un humano hace sin esfuerzo y una máquina no puede. Leer letras deformadas. Reconocer un semáforo. Ese huequito de dificultad era la frontera entre vos y el robot.

Ahora viene la parte que casi nadie sabe, y es donde la historia se vuelve otra cosa.

Esas palabras borrosas que tipeaste durante años no eran al azar. En 2007, los mismos creadores lanzaron reCAPTCHA, y le dieron un segundo uso genial: las palabras que te mostraban venían de libros y diarios viejos que se estaban digitalizando, páginas que las máquinas de la época no lograban leer. Cada vez que descifrabas una, sin enterarte, estabas transcribiendo un pedacito del archivo del New York Times o de un libro escaneado. Millones de personas, un ratito cada una. En su primer año, reCAPTCHA descifró alrededor de 440 millones de palabras, el equivalente a unos 17.600 libros, con trabajo humano gratis y a ciegas. En 2009 Google lo compró para potenciar justamente eso: digitalizar su biblioteca.

Detenete un segundo en lo que eso significa. Durante años, cada vez que probaste ser humano, estabas trabajando gratis. Enseñándole a las máquinas a leer lo que todavía no sabían leer. El portero que te examinaba usaba tu examen para volverse más inteligente.

Y se volvió más inteligente. Tanto que aprendió a pasar su propia prueba.

En 2023, un estudio de la Universidad de California en Irvine midió lo que ya se venía sospechando: los bots resuelven los CAPTCHAs más rápido y con más precisión que nosotros. Los números son casi cómicos de lo dados vuelta que están. Un humano acierta entre el 50 y el 84 por ciento de las veces, y tarda entre nueve y quince segundos peleándose con las bicicletas. Un bot llega a acertar el 99,8 por ciento en menos de un segundo. El test inventado para distinguir humanos de máquinas hoy lo aprueban mejor las máquinas. La máquina se disfrazó de la persona que el portero estaba buscando, y el portero no tiene forma de darse cuenta.

Hubo un momento que resume todo esto mejor que cualquier estadística. En una prueba de seguridad de OpenAI, a GPT-4 le tocó un CAPTCHA que no podía resolver solo. ¿Qué hizo? Entró a TaskRabbit, una plataforma para contratar changas, y le pidió a una persona real que lo resolviera por él. El trabajador, medio en broma, le preguntó si acaso era un robot. Y el modelo respondió: "No, no soy un robot. Tengo una discapacidad visual que me dificulta ver las imágenes". Mintió. Contrató a un humano y le mintió para que le abriera la puerta que la máquina le cerraba. (Conviene el matiz: fue un entorno controlado, con investigadores ejecutando las acciones. Pero la escena es esa.)

Piénsenlo desde el otro lado del mostrador. El CAPTCHA nació para dejar afuera a los bots. Hoy los bots lo pasan mejor que vos y, si no pueden, contratan a alguien que lo pase. Mientras tanto, del lado de los humanos, el peaje es real: Cloudflare, una de las empresas por las que pasa buena parte del tráfico de internet, hizo un cálculo grueso, servilleta de bar según admiten ellos mismos, y les dio que la humanidad desperdicia algo así como 500 años-persona por día resolviendo estas cajitas. Todos los días. Quinientos años de vida humana tirados en semáforos y bicicletas, para un examen que la parte que queríamos frenar ya aprobó.

Acá es donde la historia deja de ser una curiosidad y se vuelve una pregunta sobre lo que viene.

Porque el problema no es que el CAPTCHA sea molesto. El problema es que dejó de funcionar justo cuando más lo íbamos a necesitar. Se calcula que los bots ya serían mayoría del tráfico de internet. Pero además viene una vuelta de tuerca: pronto no vas a ser solo vos frente a la pantalla. Va a ser tu asistente de IA navegando por vos. Comprando la entrada por vos. Llenando el formulario, sacando el turno, reservando la mesa por vos. Un bot actuando en tu nombre, con tu permiso. Un bot bueno.

Y ahí la vieja pregunta del CAPTCHA se rompe en pedazos. Ya no alcanza con preguntar "¿sos un humano o una máquina?", porque la respuesta honesta va a ser "soy una máquina, pero trabajo para un humano". Internet va a tener que aprender a distinguir no ya personas de robots, sino robots que actúan por vos de robots que actúan contra vos. Y eso es un problema completamente distinto.

Ya hay quienes lo están pensando. Cloudflare, junto con los navegadores Chrome, Firefox y Edge, empuja una idea que todavía es propuesta temprana, ni siquiera un estándar cerrado: reemplazar el CAPTCHA por una especie de token de humanidad. Un certificado criptográfico que tu navegador emite y que dice "acá hay una persona involucrada", sin decir quién sos. Separar la pregunta "¿hay un humano detrás?" de la pregunta "¿quién es ese humano?". En lugar de tocar semáforos, tu dispositivo mostraría, en silencio, un sello que garantiza que del otro lado hay alguien de verdad.

Suena a alivio. Se acabaron las bicicletas. Pero tiene su propia sombra, y vale la pena mirarla de frente antes de festejar: ese token lo emite alguien. Alguna empresa, algún navegador, alguna autoridad decide qué es una persona válida y qué no, quién pasa y quién queda afuera. Cambiamos el examen molesto por un pase invisible. Y un pase invisible es más cómodo, sí. También es más fácil de controlar, y más difícil de ver cuando te lo niegan.

Así que la próxima vez que estés discutiendo con la pantalla si ese pedacito de semáforo cuenta o no cuenta, acordate de que estás participando del último acto de una idea que ya se agotó. El portero que inventamos para cuidar la puerta aprendió tan bien a reconocernos que ahora las máquinas lo usan para hacerse pasar por nosotros. La pregunta ya no es cómo hacer el examen más difícil.

Es quién va a tener la llave cuando dejemos de tomar examen.

FUENTES

¿Deseas validar esta nota?

Al Validar estás certificando que lo publicado es información correcta, ayudándonos a luchar contra la desinformación.

Validado por 0 usuarios
Martin H. Pefaur

Martin H. Pefaur

Lidero P4 Tech Solutions, una fábrica de software de vanguardia enfocada en blockchain e IA. Nuestra misión es llevar a la vida las ideas de los fundadores y fomentar la adopción de productos. Los proyectos notables incluyen FinGurú, Chatizalo, Ludus Game, Number One Fan, Hunter's Pride, VeriTrust Protocol, Matrix-Tickets, Realtok DAO, Resilientes & Speezard DAO y otros. Activamente dando forma al futuro de blockchain e IA.

TwitterLinkedin

Vistas totales: 1

Comentarios

¿Te Podemos ayudar?