8/4/2024 - Tecnología e Innovación

Economía del Conocimiento: su rol, relevancia y las oportunidades para Argentina

Por Natalia Sánchez

Economía del Conocimiento: su rol, relevancia y las oportunidades para Argentina

Nueva Globalización y Cadenas Globales de Valor

A partir de los años ‘90 comienza a tener lugar algo que Richard Baldwin (2017) llamó “la nueva globalización”, caracterizada por la facilidad de transmisión del know how a partir del desarrollo de las TICs, y la creciente relevancia del conocimiento en el posicionamiento en las Cadenas Globales de Valor (CGV). En este sentido, la facilidad de “mover ideas” da lugar a la desnacionalización de las ventajas comparativas que han regido la división internacional del trabajo desde los inicios del comercio internacional.

Esto cambia el escenario de competencia de todas las naciones, pero supone particularmente una oportunidad única para los países en desarrollo, ya que si bien las inequidades siguen vigentes, ya no resulta necesaria una estructura industrial ni la adquisición y/o fabricación de bienes de capital a la vieja usanza.

El valor agregado que hace escalar en las CGV es el uso intensivo de conocimiento a través de la generación de patentes y tecnología (es decir, Investigación y Desarrollo - I+D), y la venta y posventa (marketing, branding, etc.) (1). En contrapartida, la producción se presenta como la etapa con menor generación de valor, a diferencia del modelo industrial tradicional donde este era el proceso clave.

Las CGV permiten el desarrollo de un nuevo patrón de industrialización sin la necesidad de tener constituidas bases industriales profundas, y en este sentido, esto resulta una oportunidad para los países en desarrollo.

Un poco de historia de la EDC en Argentina

Argentina ha tenido diferentes políticas de inserción comercial internacional a lo largo de su recorrido: históricamente ha sido un país agrícolo ganadero, con una industrialización media lograda a partir de un modelo de sustitución de importaciones, industrialización desarticulada con la apertura comercial indiscriminada de los años ‘90, reconstruida en parte en las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner, con un proteccionismo no siempre fértil aferrado en ciertos casos a ideas de otras épocas.

No obstante lo dicho, en la gestión comenzada en el año 2003 y finalizada en 2007 se comenzó a forjar, impulsado por el incipiente empresariado relacionado al software y los servicios informáticos (SSI) y el sistema científico tecnológico, una política tendiente al apuntalamiento de las nuevas tecnologías.

Así es que se dan 2 hitos fundantes de la Economía del Conocimiento (EDC): el reconocimiento de la actividad de producción de software como industria, a través de la Ley N° 25.856 del año 2004 (lo que la hacía destinataria de todo beneficio para la industria), y posteriormente la Ley N° 25.922 de Promoción de la Industria del Software, que establecía beneficios especiales para desarrolladores de software y servicios asociados. Esta ley tuvo una vigencia de diez años y fue posteriormente prorrogada por la Ley N° 26.692 de 2011, que rigió hasta fines de 2019, y que fue reemplazada por la Ley N° 27.506 de Promoción de Economía del Conocimiento, sancionada en 2019. Estas leyes y sus respectivos regímenes sortearon gestiones de diferentes colores políticos y se han consolidado de esta forma como una política de Estado que une a todo el arco político.

A lo largo de estos años, la EDC se ha transformado en un sector exportador de relevancia y un generador de empleos de calidad con mucho potencial aún por explorar. Esta abarca todas aquellas actividades intensivas en conocimiento, y en particular, según la ley que la promueve: SSI, producción y posproducción audiovisual, biotecnología, bioeconomía, biología, bioquímica, microbiología, bioinformática, biología molecular, servicios geológicos y de prospección, nanotecnología y nanociencia, industria aeroespacial y satelital, industria nuclear, industria 4.0, entre otros (2).

Podemos observar que la importancia de los servicios en el ámbito del comercio internacional ha aumentado significativamente en los últimos años: en 1980 representaba el 16,2% del comercio global de bienes y servicios, mientras que en 2022 este porcentaje se elevó al 22%. En ese mismo año, y hablando en particular de los Servicios Basados en el Conocimiento (SBC), estos contribuyeron con el 7,3% de las ventas externas totales de Argentina, ubicándose como cuarto complejo exportador del país. Resulta importante destacar que la categoría de SBC no engloba todas las actividades relacionadas con el intercambio económico de EDC, ya que la misma abarca también la producción de bienes que se comercializan bajo la clasificación del producto final (por ejemplo, la comercialización de semillas transgénicas se refleja en el Sistema de Cuentas Nacionales como venta de semillas, sin tener en cuenta el valor agregado generado a través de biotecnología; al igual que una pintura impermeabilizante a través de un proceso nanotecnológico no puede ser cuantificada como nanotecnología). Por lo tanto, el impacto real de la EDC es aún mayor que lo que puede reflejarse mediante el sistema de cuentas nacionales (SCN).

Oportunidades y desafíos para la Argentina

En este contexto, nuestro país tiene grandes ventajas para aprovechar: la disponibilidad de capital humano calificado, valorado no sólo por sus credenciales académicas, sino también por su creatividad, innovación y capacidad de adaptación a nuevos entornos (aunque el mismo siempre corre detrás de las necesidades del mercado), la capacidad instalada a partir del know how otorgado con la localización de multinacionales líderes a nivel mundial, una articulación virtuosa entre el sistema científico tecnológico y la estructura productiva, políticas de Estado (como las mencionadas anteriormente) que entienden la relevancia del posicionamiento del país en instancias clave de las CGV.

Dentro de las desventajas podemos nombrar la pobre infraestructura de conectividad, tanto por la baja velocidad de las conexiones fijas como por la escasa penetración de la fibra óptica y la poca disponibilidad geográfica en zonas rurales. En segundo lugar, y si bien el I+D suele ser alentado en general desde el Estado a través del otorgamiento de subsidios a privados, o desde empresas estatales dedicadas a tal fin, la situación macroeconómica inestable no genera el incentivo adecuado para que el sector privado quiera realizar inversiones de riesgo, o financiar startups tecnológicas. En tercer lugar, y ligado con lo anterior, la brecha cambiaria desalienta la generación de oferta exportable, o bien termina generando una triangulación con filiales internacionales a fin de esquivar las restricciones locales, lo que impacta negativamente en la balanza comercial. Por último, pero no menos importante, el país no cuenta con incentivos para el patentamiento, ya que no adhiere al Tratado de Cooperación de Patentes (PCT, o Patent Cooperation Treatment) firmado por 152 países. Las facilidades para patentar a través del PCT tienen que ver con los costos, mucho más bajos que los locales, y la velocidad para lograr registrar un desarrollo como original.

En resumen, el país cuenta con oportunidades claras y capacidades instaladas que nos otorgan “las de ganar” al momento de posicionarnos en las CGV. Asimismo, tenemos la oportunidad de aprovechar el patrón histórico como país agrícolo ganadero para generar valor agregado especializado relacionado a ello.

No obstante, para que todo esto suceda, se requiere de esfuerzos públicos y privados con un norte que no debe perderse de vista. Se reitera que el Estado debe cumplir un rol preponderante en mantener la política de promoción de EDC y de incentivo a la ciencia, la tecnología y la innovación, pero que con eso no alcanza: sin estabilidad macroeconómica que de seguridad y capacidad de proyección, cualquier esfuerzo será vano.


(1) Esto es mejor conocido como curva smile, un concepto abrazado por Stan Shih en 1992, a partir del cual su compañía (Acer Inc.) reorientó su estrategia de negocio.
(2)Para mayor detalle, ver el Art. N° 2 de la Ley N° 27.506.

Bibliografía utilizada

Baldwin, Richard. 2017. “Cambios en la globalización: ¿Cómo, cuánto y qué significan para las CGV?” no. 355 (Diciembre), 75-82. https://iosapp.boletintechint.com/Utils/DocumentPDF.ashx?Codigo=d402d7ed-6795-47d6-b06c-2945c6b3bf29&IdType=2.

Baldwin, R., Ito, T., & Sato, H. (2014, Marzo). The smile curve: evolving sources of value added in manufacturing. https://www.uniba.it/it/ricerca/dipartimenti/dse/e.g.i/egi2014-papers/ito

Estenssoro, M. E. (2019, Octubre 13). ¿Patentar o no patentar? La protección de los descubrimientos, un debate que se renueva en la Argentina. La Nación. https://www.lanacion.com.ar/economia/patentar-o-no-patentar-la-proteccion-de-los-descubrimientos-un-debate-que-se-renueva-en-la-argentina-nid2296583/

López, Andrés, Adrián Ramos. 2018. “El sector de software y servicios informáticos en la Argentina,” Evolución, competitividad y políticas públicas. CECE.

Svarzman, Gustavo, Ricardo Rozemberg. 2022. “Una aproximación a la exportación directa e indirecta de los servicios basados en el conocimiento de los países de América Latina y el Caribe.” In Conocimiento de exportación: la era de los servicios en América Latina, 258-282. BID INTAL.

Observatorio de la Economía del Conocimiento. 2022. “Informe Economía del Conocimiento.” 23rd ed. https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/ioec23.pdf.

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Natalia Sánchez

Natalia Sánchez

Mi nombre es Natalia Sánchez, soy politóloga graduada de la UBA, y tengo un máster en Economía Aplicada (UCA) en proceso de tesis. Trabajo en la Secretaría de Economía del Conocimiento del Ministerio de Economía de la Nación y mis áreas de interés están relacionadas a esta temática así como a las problemáticas de género al interior de este sector. También realizo consultorías a entidades académicas relacionadas con estas cuestiones.

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