Para nosotros es completamente normal tener emociones pero como afirma la Dra. Barbara J. King “Los humanos no somos dueños del amor ni del dolor; estas emociones están muy extendidas en otros animales”, pero ¿cómo sabemos que los animales que nos rodean sienten las mismas emociones que nosotros? Podríamos pensar en Punch el mono que mostró afecto y cariño a su peluche de orangután, o en el documental del pingüino de Adelia alejándose de su manada que, al ser seres muy unidos, cuando uno se va, el grupo se siente incompleto. Esto podría indicar un sentido de pertenencia o conexión al notar la ausencia de alguien, que es comparable con lo que los humanos conocemos como duelo.

Como parte de Bioclubs Fishroom , un espacio de exploración científica en nuestra universidad, nos encargamos del cuidado y estudio de los organismos acuáticos con los que contamos. Hace unas semanas tuvimos la pérdida de un pez cebra por problemas de flotabilidad, lo que me generó mucha incertidumbre por el comportamiento del resto de sus compañeros de pecera. Esto me llevó a preguntarme: si reconocemos el duelo en aves y primates, ¿por qué nos costaría reconocer emociones en peces? ¿Se trata de una diferencia biológica real, o de un sesgo cognitivo humano?
Por años, la capacidad de los peces para sentir dolor fue cuestionada. Algunos creen que es para justificar el comercio (pesca). Sin embargo, varios avances muestran la sensibilidad en peces a lo largo del tiempo por medio de estudios que comenzaron en los años ‘90
Los neurobiólogos pudieron reconocer que los peces tienen un sistema nervioso que responde ante el dolor por medio de nociceptores (receptores de dolor). Tienen neurotransmisores (mensajeros químicos que permiten la comunicación entre neuronas) que pueden identificar la dolencia y responder mediante endorfinas que actúan como analgésicos para aliviar el sufrimiento.
Otro estudio publicado recientemente demostró que los olores de peces cebra muertos provocan un comportamiento defensivo en ejemplares vivos de su misma especie. ¿Cómo descubrieron esto? Se expuso a peces cebra a estímulos (visuales, táctiles y químicos) que vinieran de ejemplares muertos de su misma especie. Por ejemplo, sustancias o restos de células de piel en descomposición. Al oler estas sustancias, su cuerpo manda señales produciendo una reacción y mostrando un comportamiento defensivo, como por ejemplo, nadando más rápido o quedándose quietos para no ser vistos. Asimismo, hubo un incremento en la hormona del estrés, es decir, cortisol.
Por último, los peces cebra son animales altamente sociales. Cuando un cebra es interrumpido socialmente, o expuesto a sustancias en descomposición, no solo tiene alteraciones neuroendocrinas -como el aumento de cortisol que mencionamos-, sino que también pueden tener efecto a nivel transcripcional. ¡Sí, sus genes! Se demostró que por aislamiento social, los peces cebra pueden sufrir cambios en la actividad de genes relacionados con la función neuronal y con neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, vinculados a sensaciones como el placer, la recompensa y la felicidad.
Cuando vi al pez tirado en lo bajo de la pecera fue inevitable pensar que él resto podría lamentar su pérdida. Aunque (todavía) no hay evidencia científica que respalde que los peces cebra hacen “duelo” , como vimos, existen datos científicos comparables a procesos que nosotros asociamos con este término. Entre lo que podemos ver a simple vista y lo que descubrimos día a día, hay un espacio enorme de preguntas con respuestas a revelar. Tal vez el gran desafío de la ciencia sea descubrir si ellos hacen duelo, pero el nuestro es preguntarnos por qué debemos ver emociones explícitas para poder creerlo.
Por Rocío Ampuero, estudiante de la Liceniatura en Biotecnología de UADE

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