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El fin de la curiosidad exótica: Davos le suelta la mano al dogma de Milei

Por Mila Zurbriggen Schaller

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El Presidente volvió a subir al atril para recitar su evangelio anti-estado y anti-Agenda 2030, pero esta vez, el auditorio no escuchaba promesas de campaña, sino que evaluaba dos años de gestión. Y la devolución de Davos fue un balde de agua fría para el relato libertario: el mundo financiero no quiere anarquía, quiere previsibilidad.

La crítica: "Ajuste sin nafta"

Lo que se escuchó en los pasillos del Foro —y lo que reflejaron medios como el Financial Times o Bloomberg— ya no es el miedo al populismo de izquierda, sino el miedo a la insostenibilidad social del ajuste.

La crítica de los inversores en Davos al programa económico de Milei se puede resumir en una frase brutal que circuló en las mesas de negocios: "Los números de Excel cierran, pero la gente no vive en un Excel". El mundo capitalista, pragmático por excelencia, le está diciendo al Presidente argentino que la recesión prolongada y la destrucción del tejido industrial no son daños colaterales aceptables eternamente. Para el inversor extranjero, un país con paz social atada con alambre no es un destino de inversión, es una apuesta de casino.

El dilema institucional: Seguridad Jurídica vs. Decreto

Otra crítica punzante que resonó en Suiza apunta a la calidad institucional. Milei vende "respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo", pero la élite de Davos —que ama las reglas claras— ve con desconfianza un gobierno que gestiona al filo del reglamento, dependiendo de vetos y decretos, en guerra constante con el Congreso.

El capital internacional hizo una mueca de disgusto: "Nos gusta la desregulación, pero nos asusta la inseguridad jurídica". Si las leyes dependen del humor de un solo hombre y no de un consenso parlamentario sólido, la inversión a largo plazo (la que hunde capital para fábricas o infraestructura) no llega. Solo llega el capital "golondrina", el financiero, el que entra para hacer la diferencia con la tasa y se va al primer estornudo.

El bufón y los reyes

Finalmente, hay una lectura política que Milei parece ignorar. Al ir a Davos a insultar la "Agenda 2030" y tratar de "héroes" a los empresarios mientras acusa a los líderes occidentales de socialistas, Milei cree estar dando una batalla cultural. Pero para los dueños del mundo, se ha vuelto un número repetido.

La paradoja es cruel: Milei viaja miles de kilómetros para buscar la validación del capitalismo global, pero ese mismo capitalismo le está diciendo que su versión del libre mercado es anacrónica, carente de empatía y, a largo plazo, peligrosa para la propia estabilidad del sistema.

Davos 2026 marcó el fin de la luna de miel internacional. El mundo ya no se ríe de las ocurrencias del libertario; ahora le exige resultados reales que vayan más allá de bajar la inflación a costa de matar la actividad.

La lección que Milei se trae de Suiza, aunque quizás decida no escucharla, es que para el "círculo rojo" mundial, el dogmatismo extremo es tan nocivo como el populismo. Argentina sigue siendo un laboratorio, pero los científicos que observan desde afuera empiezan a temer que el experimento termine explotando el laboratorio.

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