La noche que se cortó la luz, la información estaba publicada, era gratis y se actualizaba cada cinco minutos. Nadie en tu cuadra la vio.
El Estado argentino publica en tiempo casi real quién está sin luz. Cualquiera puede bajar el archivo. Y aun así, a oscuras, con el doce por ciento de batería, esa información no existe. Hay una distancia enorme entre que un dato esté disponible y que sea accesible, y esa distancia la camina siempre el mismo: vos.
¿Vos tenés luz?
El tipo de enfrente está asomado a la ventana, en musculosa, con el celular en la mano como un farol. Es la misma pregunta que le ibas a hacer vos. Los dos entendemos, en el mismo segundo, que el otro no sabe nada. Eso es todo lo que averiguamos en el primer cuarto de hora: que somos dos.
Abajo, la cuadra es un tajo negro. La heladera se calló. El modem parpadeó y se murió. La casa hace ese ruido que hace una casa cuando se apaga, que es ningún ruido. En el grupo de Whatsapp del edificio hay trece mensajes en dos minutos y ninguna respuesta: ¿a alguien más se le cortó?, acá tampoco hay, alguien sabe algo. En Twitter, gente puteando a oscuras. Nadie sabe si es un cable, un transformador o media ciudad. Nadie sabe cuánto va a durar. Y a la hora y media vuelve, sin aviso, como se fue.
Al otro día te enterás de que ese corte estaba programado.
Anunciado. Publicado. Estuvo toda la noche en una página oficial del Estado argentino, gratis, sin contraseña, actualizándose cada cinco minutos, mientras vos y el tipo de enfrente se miraban desde la ventana como dos náufragos.
Y acá es donde conviene ir despacio, porque la conclusión fácil "nos ocultan todo" es exactamente la conclusión equivocada.
Nadie te ocultó nada. Ese es el punto.
Vamos a hacer algo poco elegante, que es leer una página web por dentro. El ENRE, el ente que controla a las distribuidoras de electricidad, tiene una página oficial con el estado del servicio. Entrás, y esa página no tiene nada. Está vacía. Adentro tiene una ventanita que muestra otra página, que vive en otro servidor, y ahí sí está la tabla con los cortes. Una página adentro de otra página.
Esa tabla dice una frase textual, y la frase es hermosa: "Esta información se actualiza cada cinco minutos."
No es marketing. Lo fuimos a chequear. Debajo de la tabla hay dos archivos de texto colgados en internet, uno de Edesur y uno de Edenor, abiertos, sin usuario, sin contraseña, sin permiso; cualquiera con una computadora los baja en un segundo. El día que los bajamos, 9 de julio, una y media de la tarde, el archivo venía con la etiqueta del momento exacto en que había sido escrito: cuatro minutos antes. La promesa era verdad. El Estado argentino está publicando, en tiempo casi real, quién está sin luz, y lo está regalando.
Y no llega a una sola persona de tu cuadra.
Imaginate que el municipio decide, con la mejor intención del mundo, avisarte cuando hay alerta de tormenta. Contrata gente. Diseña un cartel precioso: hora, zona, milímetros de lluvia. Y lo pega. Dentro de un edificio. En el subsuelo. En una oficina que abre de once a doce, con un cartelito en la puerta que dice "consultas". Y lo actualiza cada cinco minutos, con una dedicación conmovedora, durante años.
Nadie te escondió nada. Nadie te mintió. Técnicamente la información es pública: podés ir, bajar la escalera, leerla. Y el día que te agarra la tormenta afuera, empapado, y decís nadie me avisó, alguien te va a poder contestar, con toda la razón del mundo, con el expediente en la mano, que el dato estaba publicado.
Bueno: eso es lo que hay del otro lado de esa ventanita. Publicar no es informar. Hay una última milla del dato público que nadie se hace cargo de caminar, y no es una milla de plata ni de tecnología: es una milla de imaginarse al que está del otro lado. A oscuras. Con el brillo al mínimo. Con nueve por ciento de batería, haciendo zoom sobre una tabla diseñada para un monitor de escritorio, buscando su partido en una lista alfabética.
Y cuando por fin encontrás tu fila, viene la parte que a mí me dejó pensando varios días.
Los cortes que publica el ENRE están separados en dos familias. Están los de media tensión: los grandes, los de la subestación, los que salen en el noticiero. Y están los de baja tensión: los chiquitos. El de tu manzana. El tuyo.
Los de media tensión tienen un campo con la hora estimada de normalización. Cuándo vuelve.
Los de baja tensión no lo tienen.
Quiero que se entienda bien la diferencia, porque es fina y es la clave de todo. No es que dice "no sabemos". No es que está vacío. Es que el lugar donde escribir esa hora no existe en el archivo. No está previsto que se sepa. Ese día, el 9 de julio, Edesur tenía treinta y dos cortes publicados: dos de media tensión, veintisiete de baja. Veintisiete cuadras a oscuras, veintisiete cocinas con una vela, y ni un casillero donde poner la hora en que vuelve la luz. En los pocos casos donde el casillero sí existe, muchas veces lo que dice, literal, es "Sin datos".
Entonces la pregunta se da vuelta sola. En ese agujero donde el Estado no llega, ¿quién sabe algo?
El de enfrente. El del quinto. El del kiosco de la esquina, que te dice "acá se cortó recién" o "a la vuelta hay luz". Esa es información real, es la única que hay, y es gratis.
Ojo con la moraleja fácil, igual. Que el vecino sepa no lo convierte en fuente. El vecino se equivoca, exagera, reporta de memoria; y alguien, alguna vez, lo va a usar para mentir. La regla honesta es una sola: lo que dice el vecino es una señal, no una verdad. Sirve para orientarte, no para jurar. Un sistema que mezcla las dos cosas y te las muestra iguales no te está informando: te está devolviendo el problema, con más pasos y mejor tipografía.
Volvamos una última vez a esa página, porque guarda algo que no esperaba encontrar.
El código fuente de un sitio es texto plano: cualquiera lo abre, cualquiera lo lee. Y ahí adentro, en la página que está en producción ahora mismo, hay un cartel escrito y guardado. Dice, textual: "Por problemas informáticos externos al Organismo, Edesur no esta actualizando la información de cortes." Hoy ese cartel está apagado. Nadie lo ve. Está ahí, esperando el día en que la distribuidora deje de mandar los datos. Y justo al lado hay una línea con una instrucción para el que programe: "Para mostrar el cartel, descomentar esta linea." Un interruptor manual, a la vista de cualquiera.
Pará un segundo, porque esto es más triste y más honesto de lo que parece. Alguien, en algún momento, se sentó a redactar el mensaje para el día en que el sistema se rompiera. Sabía que se iba a romper. Y no estaba equivocado: según La Nación, el 11 de enero de 2022, en plena ola de calor, con centenares de miles de usuarios sin luz en el área metropolitana, el sitio del ENRE se cayó. El día que más gente lo necesitaba.
Ese es el material del que está hecho el dato público. Esa es la materia prima de cualquiera que quiera construir algo encima: pobre y frágil. No la elegimos, no la controlamos, no la podemos mejorar. Podemos hacerla llegar más rápido, hacerla legible en un celular, ponerla en la palma de tu mano antes de que abras la ventana. Lo que no podemos, ninguno, es inventar la hora en que vuelve la luz cuando el organismo no la sabe.
Pensá en un traductor. Le das un texto arruinado, con frases cortadas y párrafos que faltan, y le pedís que lo traduzca. El mejor traductor del mundo te va a devolver un texto arruinado, con frases cortadas y párrafos que faltan, pero en tu idioma. Eso es todo lo que puede hacer, y es muchísimo. El mal traductor hace otra cosa: llena los huecos. Inventa lo que decía el párrafo que falta, porque queda mejor, porque el cliente quiere un texto completo, porque un texto con agujeros parece un mal trabajo. Y vos te quedás con algo que se lee hermoso y que no sabés en qué parte es mentira.
Con los datos públicos pasa exactamente eso, todos los días, en cada app que te muestra un número redondo sacado de un lugar donde no había ningún número. La tentación de rellenar el hueco es enorme, porque un hueco parece un error tuyo. Y la única disciplina que hay es esta: si la fuente no lo sabe, la pantalla dice que no se sabe. Un producto honesto no puede ser mejor que su fuente. Puede ser más rápido, más legible, y más sincero sobre lo que no sabe.

Nosotros hicimos una app con esto. Se llama Sin Luz, son tres pantallas, y te avisa que te quedaste sin luz antes de que abras la ventana. No puede decirte a qué hora vuelve. No porque no supimos hacerla: porque el dato no existe, y elegimos no inventarlo.
Y ahí está lo que me da vueltas. Para dar vuelta esto no hizo falta una ley, ni una reforma, ni una audiencia pública. Hicieron falta tres pantallas y un fin de semana. Lo cual es una gran noticia y es, si lo pensás dos segundos, una noticia espantosa. Porque si la última milla del dato público la camina gratis el que se dio maña, y no el organismo que lo publica, entonces esa milla no es de nadie.
La información sobre tu corte estuvo ahí toda la noche. Actualizada, gratis, tuya, pagada por vos. No le faltaba nada.
Le faltaban patas.
Y el tipo de enfrente sigue en la ventana, esperando que alguien le diga algo.
Fuentes:
- Estado del servicio de Edesur (página oficial, es un iframe): https://www.argentina.gob.ar/enre/estado-del-servicio-electrico-de-edesur
- Tabla real de cortes, donde vive la frase "Esta información se actualiza cada cinco minutos", el cartel condicional y la línea comentada: https://www.enre.gov.ar/paginacorte/tabla_cortes_edesur.html
- Datos crudos, abiertos y sin login (estructura de campos, normalizacion, ausente en baja tensión, cifras del 09/07/2026): https://www.enre.gov.ar/paginacorte/js/data_EDS.js · https://www.enre.gov.ar/paginacorte/js/data_EDN.js
- Mapa de cortes del ENRE (refresco de 5 min en el código): https://www.enre.gov.ar/mapacortes/index.html
- Caída del sitio del ENRE durante la ola de calor del 11/01/2022 (confianza media: medio, no fuente primaria; se atribuye en el texto): https://www.lanacion.com.ar/sociedad/cortes-de-luz-y-ola-de-calor-en-el-medio-de-las-masivas-interrupciones-del-servicio-electrico-se-nid11012022/

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