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Agosto 09, 2019

Cuál es el aporte de las neurociencias para un inversor

Guadalupe Barriviera
 

En el proceso de toma de decisiones, el aspecto emocional juega un rol central.

En la escuela aprendimos que lo que diferencia a los humanos de los demás seres vivos es la capacidad de razonar. Sin embargo, en los últimos años, han ganado relevancia nuevas corrientes de pensamiento que colocan a la parte emocional o psicológica en el centro de los estudios científicos sobre el hombre y sus comportamientos.

“No somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan”, es la frase aclaratoria que está por debajo del título “Emoción y sentimientos”, en la portada de uno de los últimos libros del doctor Daniel López Rosetti, especialista en clínica médica y cardiología.

En el proceso de toma de decisiones, el aspecto emocional juega un rol central. Y las emociones tienen aún más poder sobre las decisiones de inversión o trading, porque en éstas, pesan ciertos sesgos, como por ejemplo, el efecto manada (la tendencia a seguir y copiar las decisiones de los demás), el efecto halo (nos solemos centrar en aspectos concretos que destacan de una determinada decisión para evaluar el todo) o el efecto anclaje (nos quedamos con la primera cifra que oímos, y posteriormente nos referimos a ella de forma inconsciente a lo largo de toda la negociación).

Estos efectos y otros cientos de errores más afectan de forma constante el proceso de toma de decisiones. La neurociencia permite identificarlos y también, crear una serie de herramientas para evitarlos, coinciden los especialistas.

“Los seres humanos somos predominantemente emocionales, sobre todo en lo referente a la economía”, señala, desde España, el neurólogo Pedro Bermejo, doctor en neurociencia y emprendedor en biotecnología.

“El dinero -agrega- no es solamente un número: detrás de él, hay un gran sacrificio para conseguirlo, sueños y expectativas que hacen que no nos podamos desvincular emocionalmente de él. En la Bolsa, estos sentimientos se acentúan: se trata de un medio en el que el dinero multiplica y desaparece de forma brusca, y en muchas ocasiones, sin una causa clara, lo que dispara nuestras emociones y nos hacen menos racionales”.

Según Aldo Lozano, contador público con un posgrado en estadística matemática y especializado en coaching financiero, “no es tan importante la emoción -en sí mima- como la actitud o el estado de ánimo que la emoción produce. Los seres humanos no podemos controlar las emociones, pero sí podemos elegir cuánto y cómo nos vamos a quedar con ellas”.

Autoconocimiento para evitar errores y potenciar éxitos

“La neurociencia y la neuroeconomía permiten que un inversor se conozca más a sí mismo. Le otorgan una serie de herramientas que le permitirán minimizar sus errores emocionales”, explica a la distancia Bermejo, que creó, en el año 2010, la Asociación Española de Neuroeconomía, en un intento por aunar los nuevos conocimientos sobre neuroeconomía desde un punto de vista científico.

Así, conociendo cómo funciona el cerebro humano durante el proceso de toma de decisiones de inversión, la neurociencia propone evitar los errores y potenciar los éxitos de los que invierten u operan en los mercados financieros.

Desde la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), el físico y doctorado en neurociencias, Joaquín Navajas, explica, por ejemplo, que cuando vemos las cosas, “no las vemos objetivamente: las vemos subjetivamente, dependen del contexto, y además, al verlas, realizamos un montón de inferencias inconscientemente, que vienen a ser decisiones intuitivas que toma nuestro cerebro”.

Según el libro “La vida secreta de la mente”, de Mariano Sigman, hay un mismo y único órgano que mira, escucha, siente emociones y toma todas nuestras decisiones: el cerebro.

Sin embargo, Joaquín Navajas explica que estudios científicos demuestran que el cerebro humano tiene dos sistemas: uno (localizado en estructuras profundas) que es rápido, inconsciente, automático y que toma decisiones cotidianas, aunque comete errores. Y otro (que depende más bien de estructuras frontales) que es consciente, deliberado, y es el que nos acompaña en las decisiones complejas.

“Las decisiones económicas -completa el investigador de la UTDY- dependen del marco en el que están embebidas (framing) y además, existen distorsiones en la percepción del riesgo. No somos neutros frente al riesgo: hay aversión y simpatía por él. Y nuestras decisiones dependen fuertemente del contexto en el que fueron presentadas; por ejemplo, si fueron pensadas como ganancias o como pérdidas: cuánto más chico es el enmarcado, más errores podemos cometer”.

Según la denominada “hipótesis de realización”, los inversores experimentan una utilidad adicional positiva asociada a cerrar una ganancia y una utilidad adicional negativa asociada a cerrar una pérdida. También existe la “hipótesis de devaluación por arrepentimiento”, que describe cuando las acciones que generan emociones negativas -como el arrepentimiento- tienen una utilidad negativa adicional.

Estudios empíricos realizados con operadores reales en su lugar de trabajo habitual, detectaron cambios en la conductancia de la piel, el ritmo cardíaco, la respiración o la temperatura corporal. “Son todas señales que reflejan cambios en el sistema nervioso autónomo y que suelen reflejar respuestas emocionales. En esos estudios se pudo ver, por ejemplo, que cambios abruptos en el precio de un activo producían cambios en la conductancia de la piel, y que aumentos en la volatilidad del mercado, producían cambios en la respuesta cardíaca de los traders”, detalla Navajas.

El experto hace también una distinción que no es menor: “los operadores más expertos no mostraban cambios en la conductancia de la piel, como si no estuviera involucrada su parte afectiva. Por el contrario, la falta de experiencia generaba una reacción desmedida por operar en tiempo real”.

En primera persona

Francisco Mancuso tiene 76 años, lleva 42 operando en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (BCBA) y cerca de 30 tradeando opciones. De profesión abogado, se inició en la operatoria bursátil por necesidad y aprendió a operar de manera autodidacta, según confiesa a este medio. Hoy, es un trader muy respetado a nivel local y suele operar el 10% del volumen del mercado de opciones.

“Cuando empezás sin nada y sos joven, te tirás a la pileta y cometes muchos errores”, relata. “El novato va de frente. Al ser más joven, te arriesgás. Por lo general, los operadores jóvenes no tienen límites, sobre todo porque la ambición juega un papel importante en la Bolsa. Pero un día, al joven arriesgado se le vacía la cuenta”, agrega, demostrando toda su experiencia.

“Sabiendo combinar opciones se limita el riesgo. Con la práctica lo fui aprendiendo, con investigación, trabajo y mucha disciplina”, cuenta. En parte, la personalidad de Mancuso se forjó siendo 10 años seminarista. Durante toda la rueda no despega un minuto la vista de sus 10 monitores, a sus 76 años.

Desde TM Inversiones, Fernando Gamboa apunta que “uno puede haber hecho un análisis perfecto de una empresa y resulta ser que termina operando en contra de lo que uno cree que tiene que hacer. Esto es porque el 90% de las decisiones de trading pasan por la parte psicológica. Aún hoy, con 14 años de experiencia en el mercado, no hago el 100% de lo que pienso a la hora de operar”, reconoce.

“Es fundamental la fortaleza mental. Es algo bastante habitual que un trader arriesgue de más para recuperar lo que perdió”, agrega Gamboa, y asegura que el operador, muchas veces “se convence de que es el mercado el que se equivocó”. En su opinión, “el éxito de una operación depende del stop loss”. Pero la operatoria perfecta “no se logra nunca; es imposible de alcanzar: se repiten muy a menudo errores comunes”.

A todo esto, la ciencia responde que “a un buen trader lo hacen la experiencia, pero además sus genes, el ambiente (su estatus socio-económico), la personalidad y la interocepción (el reconocimiento de señales internas del cuerpo, para poder controlarlas y discriminar mejor aciertos de errores)”, de acuerdo a Joaquín Navajas, el investigador de la UTDT.

Así, las características deseables en un buen operador son el autoconocimiento, la tolerancia al error, el manejo de las emociones, la paciencia y la perspectiva. Y para lograr esto, la neurociencia sugiere técnicas de relajación y la meditación como entrenamiento.

Por su parte, Aldo Lozano, que además es director académico de la Universidad Blas Pascal (UBP) y responsable de Clínica Financiera, indica que “lo importante no son las emociones; lo realmente importante son los estados de ánimo, la actitud que cada uno de nosotros manifiesta frente al mundo. Identificar esta actitud es lo que nos lleva a la evaluar la posibilidad de cambiarla”.

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