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Agosto 13, 2019

La habilidad de romper todo aquello que copiamos bien

Sebastián Maril

Columna de opinión.

Hoy, Argentina no tiene presidente-electo. Tampoco hay resultados de una elección presidencial que dan comienzo a una transición ordenada hacia un nuevo Gobierno. Tan solo conocemos la intención de voto de 24,7 millones de argentinos como resultado de unas elecciones inútiles e innecesarias que no fueron ni primarias ni elecciones presidenciales.

Me entristece como argentino ver cómo nuestra moneda pierde el 20% de su valor como consecuencia de unas elecciones que jamás deberían haberse llevado a cabo. Me da bronca ver un colapso bursátil histórico a nivel mundial a raíz de una estupidez colosal llamada PASO. Me da vergüenza explicar a mis tres hijos lo que ocurrió el lunes y cómo hay gente que disfruta de la miseria de todos. Y no hablo de la victoria de Alberto Fernandez o de la derrota de Mauricio Macri. Hablo de las consecuencias de estos resultados que podían haber sido fácilmente evitadas si los argentinos tuviéramos tan solo un poco de sentido común.

En 2009, Néstor Kirchner propuso una muy buena iniciativa política utilizada en todo el mundo que son las internas partidarias donde todo residente legal pudiera votar. Pero los argentinos siempre tenemos la habilidad de romper todo aquello que copiamos bien. El domingo había diez candidatos a presidente de la República y ninguno tuvo una interna. ¡Ninguno! Entonces ¿por qué obligar a 44 millones de argentinos a votar en una absurda y cara encuesta nacional que sólo sirve para que los medios tengan tema para hablar?

Ya sé que las PASO son Ley, pero la Ley también dice que debe haber internas entre miembros de los partidos y a penas las hubo. Votemos entonces sólo en aquellas primarias donde realmente hay una interna entre dos o más candidatos y dejemos al resto del país disfrutar de un merecido descanso dominical.

No me malinterpreten, prefiero perder por 30 puntos de diferencia el 27 de octubre que por 15 puntos el 11 de agosto, porque en octubre ya comienza una transición hacia un Gobierno que rápidamente comenzará a toma medidas para, tal vez, tranquilizar las aguas. Hoy, tenemos presidente que deberá administrar una crisis política y económica provocada por unas elecciones que sólo sirvieron para disparar la inflación. Esta mañana, ya los precios están siendo retocados entre un 7% y un 15%.

¿Era necesario llegar a esto? ¿Por qué es tan difícil para un país lograr que sus presidentes culminen sus respectivos mandatos en tranquilidad? La verdad es que los argentinos tenemos los gobiernos que nos merecemos y hoy somos testigos de la ineptitud de una clase política que se perpetúa en el poder y no ve, o no quiere ver, el daño que causa.

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