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Octubre 28, 2019

Durmiendo con el enemigo

Sebastián Maril

El Presidente-electo Alberto Fernández debe nombrar a alguien que no sea de “su palo” para que negocie una salida ordenada del eterno problema argentino que es la deuda.

Y aquí estamos otra vez. Cuatro años han transcurrido desde la llegada de Mauricio Macri a la presidencia de la República Argentina. El 23 de octubre de 2015, el día hábil previo a las elecciones generales, el dólar oficial cotizaba en $9,52, el dólar blue en $16,03 (51% de brecha) y los argentinos convivíamos con un cepo. El principal problema era la deuda ya que el país se encontraba en default a raíz de las medidas cautelares que el Juez neoyorquino Thomas Griesa había ordenado. El entonces Presidente-electo, Mauricio Macri, eligió a Alfonso Prat-Gay para que liderase las negociaciones con los acreedores internacionales, también conocidos como los holdouts. Prat-Gay demoró cuatro meses en cerrar un acuerdo con los acreedores y, tras un año liderando la economía argentina, el ex Ministro de Hacienda, abandonó su cargo.

Cuatro años han transcurrido y es como si nada hubiese ocurrido a pesar de todo lo que los argentinos hemos vivido y soportado. El 25 de octubre de 2019, el día hábil previo a las elecciones generales, el dólar oficial cotizó en $65, el dólar blue en $74,5 (13,6% de brecha) y los argentinos convivimos con un cepo cada día más cerrado. Como ocurrió hace cuatro años, el principal problema que enfrenta Argentina es la deuda y la presión de los acreedores internacionales quienes temen que el Gobierno no sepa administrar correctamente este tema recurrente y una vez más nos veamos forzados a declarar una cesación de pagos.

Por este motivo, el Presidente-electo Alberto Fernández, debe priorizar encontrarle una solución a esa pesada mochila de piedras que Argentina lleva en sus espaldas que es su abultado nivel de endeudamiento. Debe poner a alguien que hable el idioma de Wall Street a cargo del reperfilamiento o reestructuración de la deuda. Debe nombrar a alguien que no sea de “su palo” para que negocie una salida ordenada de este problema que sigue siendo una espina en el pie de la República Argentina. Después, cuando haya cerrado este recurrente capítulo en la vida de todos los argentinos e imitando a Mauricio Macri, podrá pedirle la renuncia.

La República Argentina enfrenta un período muy delicado en el manejo de su abultada deuda que, de no acoplarse a sus propias realidades y a las demandas de sus acreedores, rápidamente podría terminar en un nuevo default. La normalización de la deuda soberana argentina es uno de los procesos más complejos que los mercados de capitales internacionales podrían enfrentar en su larga historia. Por este motivo, y por el bien de los argentinos, Alberto Fernandez debe dormir con el enemigo durante un tiempo. Después podrá buscarse otro referente más amigable que esté a cargo de las finanzas del país.

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