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Diciembre 02, 2019

El impacto económico de la primavera latinoamericana

Darío Epstein

Las revueltas sociales en la región tuvieron su correlato en la evolución del riesgo país y la depreciación de las monedas.

La Primavera Latinoamericana ya comenzó y las naciones afectadas deberán adoptar medidas estructurales para apaciguar el descontento social que estamos viendo. Lo que ocurre en nuestra región es similar a las manifestaciones del mundo árabe de 2010-2013, conocidas como “Primavera Árabe”, que consistieron en una serie de levantamientos populares en clamor de la democracia y los derechos sociales.

La reciente ola de manifestaciones sociales en ciertos países latinoamericanos añade volatilidad a la región. Seis países han sufrido o continúan sufriendo una elevada tensión social como consecuencia de diferentes realidades. Si bien los detonantes son distintos, en todos se refleja el descontento popular. Chile arranca con subas del transporte, Bolivia por acusaciones de fraude electoral y Haití por la escasez de alimentos. Son países que han visto (o siguen viendo) protestas callejeras por un creciente descontento social. Y así vemos cómo se propaga: Colombia, Ecuador, Honduras, etc.

Esta repentina e inesperada volatilidad ha generado un malestar en Wall Street, quien ya ha trasladado su desacuerdo a los precios de los activos de cada uno de estos países. ¿Cómo anduvieron en los mercados los distintos países de Latinoamérica desde que comenzaron los problemas en Chile?

Tomando el 22 de octubre como fecha de inicio de la comparación vs. la semana actual, los Credit Default Swaps (costo del seguro contra incumplimiento de pago) tuvieron un incremento en Chile y algo menos en Colombia. Respecto a las monedas, las caídas fueron muy fuertes en el peso chileno, y en el resto de los países entre 0 y 2%. El sucre boliviano parece haberse mostrado muy resiliente, al igual que sus bonos recuperaron muchísimo terreno perdido en base al llamado a elecciones.

A prestar atención a la devaluación en Colombia, que se encuentra con un ajuste fiscal en puerta para hacer frente a los desafíos de un crecimiento menor que el deseable, y una economía dependiente del petróleo por el lado de su balance comercial.

¿Se contagiaron las finanzas de otros países que se mantuvieron al margen de las disputas sociales?

Brasil no se vio afectado por el lado de su riesgo de default, pero sí su moneda se llevó la peor parte: el real cayó 4%. En Argentina el tema de la deuda pasa por otro lado, con la cercanía de un reperfilamiento, pero la moneda (incluso intervenida) también acusó el impacto. México vio devaluar su moneda, pero no así subir su riesgo, sino todo lo contrario.

Viendo el rendimiento de los bonos soberanos a 10 años, algunos países aumentaron sus spreads, como Argentina, Colombia, pero la suba de rendimiento de Chile fue de apenas 10 puntos básicos hasta 2,44%.La ola de devaluación en la región puede traer inconvenientes para financiaciones a futuro, según cómo evolucione, aunque por ahora sus efectos son más que moderados sobre los spreads de riesgo.

El desafío de la región en lo social es poder mantener las tasas de crecimiento de las economías pero conviviendo con un descontento que no se sabe cuándo puede culminar o si seguirá creciendo. A todo esto, hay que añadir el condimento político, que no es menor. López Obrador en México impide atraer grandes inversiones, Bolsonaro se enfrenta a problemas de credibilidad y económicos con un real en caída. No hay que asumir que Brasil no va a tener problemas de revueltas sociales a mediano plazo, con una estructura social parecida a la de otros países vecinos. Por otro lado, las elecciones en Uruguay demostraron que se encuentra totalmente dividida, y se aguardan las elecciones en Bolivia, de las cuales surgiría —casi con seguridad— un representante de la derecha totalmente contrario a las políticas anteriores.

A cada una de las naciones latinoamericanas, más allá de los progresos que han mostrado en recientes años y de las ideologías de sus respectivos gobiernos, se les ha complicado lograr una movilidad social satisfactoria. A través de las crisis que impactaron la región se ha acumulado una pobreza estructural que demandará décadas de acomodamiento. No es suficiente adoptar medidas políticas, económicas y sociales del mundo desarrollado, sino que hacen falta políticas de Estado propias de las características inherentes a cada nación latinoamericana.

 

Columna publicada previamente en Clarín.

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