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Diciembre 23, 2019

El peso del gasto público, una carga insostenible

Darío Epstein

Lastre. Subir el gasto es mayor carga tributaria para los contribuyentes.

Hay una nueva conducción política con un nuevo gabinete económico. Como ya sospechábamos, gracias a indicios ofrecidos durante la transición por aquellos que hoy ocupan altos cargos, las primeras medidas comunicadas se dirigen a subir los impuestos y a subir el gasto.

Se parte de una situación en la que la economía no crece hace ocho años, la pobreza es del 40% de la población, la inflación interanual es de 52%, el desempleo crece, los impuestos permanecen altos y las empresas se encuentran en situación muy complicada (tanto las pymes como también las más grandes).

El gobierno saliente se fue en default virtual, dejó un control de capitales muy cerrado (cepo a la compra de dólares), no logró reactivar la economía hoy paralizada, subió las tasas de interés hasta un nivel exhorbitante, congeló algunos precios estratégicos y aumentó el rechazo a la moneda nacional. A pesar de todo esto, obtuvo el 40,37% de los votos en las últimas elecciones generales.

El sueño de todo dirigente político sin excepción es licuar el gasto con crecimiento. Pero esto no sucede mágicamente. Salvo que la soja, el trigo o el petróleo dupliquen su valor de la noche a la mañana, el corto plazo está jugado. Por esto mismo, para poder crecer hay que tomar medidas de largo plazo y esto lleva tiempo.

La pregunta que habría que formular es si haciendo más de lo mismo, podremos lograr un cambio o una mejora para todos los habitantes. La verdad es que con un gasto público equivalente al 40% del PBI, como país resultará imposible el crecimiento sostenido.

El gasto público, en definitiva, se traduce en los impuestos que pagan personas y empresas que viven, trabajan y consumen en el país, para financiar ese gasto.

Cuanto más les pedimos a ellos, menos margen les queda para producir, consumir y aportar a la actividad económica doméstica. De esta manera, la recaudación no crecerá, sino que en el largo plazo, podemos decir que se estancara o tendra una retracción.

Una relación conocida

Esta relación entre los ingresos fiscales y la presión impositiva está apropiadamente explicada por la “curva de Laffer”, diseñada por el economista estadounidense Arthur Laffer. Laffer muestra cómo varía la recaudación fiscal al modificar los impuestos que paga la población (personas y empresas). La curva de Laffer es clara: a determinado nivel de impuestos, si los aumentamos, la recaudación comienza a bajar. Es decir, el aumento de impuestos es pan para hoy y hambre para mañana.

Mirando el caso de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump, el presidente norteamericano intentó, a través de una rebaja de impuestos, generar suficiente actividad económica para que esta se traslade a la población. El resultado fue impactante: desde la aprobación de la reforma fiscal de 2017, el desempleo ha caído desde 4,1% a 3,5%, igualando un mínimo histórico de los últimos 50 años. En sus tres años como presidente de EE.UU., Trump ha creado 5,9 millones de puestos de trabajo o un promedio de 2 millones durante cada uno de sus casi tres años que lleva habitando la Casa Blanca. Los afroamericanos y los latinos gozan de la mejor tasa de desempleo de la historia, mientras que el desempleo entre las mujeres es el menor desde 1953.

Si observamos el caso brasileño, el país vecino, en 2018, tenía un gasto público similar al nuestro como porcentaje del PBI. Su presidente, Jair Bolsonaro, ha elegido un camino opuesto al argentino para encauzar su economía: reformas laborales, fiscales e impositivas mas reduccion del gasto público.

Recordemos que su gasto público con relación al PBI muestra que el desafío es mayúsculo con un Estado totalmente sobredimensionado y del mismo tamaño con relación a la riqueza o valor agregado generado por toda la economía equivalente al 38,5% en el año 2018, casi la misma cifra que la Argentina y liderando claramente el ranking en la región.

Dicha presión fiscal estuvo incidiendo en los niveles de empleo: el índice de desempleo en Brasil se mantuvo estable en un 11,8 % de la población económicamente activa en el tercer trimestre de este año con respecto al mismo periodo de 2018, aunque la informalidad en el mercado laboral volvió a romper récords.

Países como Paraguay o Perú se destacan por el escaso peso de su sector público con relación al PBI, seguidos por Chile y México. Colombia un poco más atrás. Pero estamos hablando en cualquiera de los cinco casos de países que lograron incrementar sistemáticamente sus niveles de reservas internacionales, a la vez que bajó su riesgo país, controlaron la inflación y estabilizaron sus monedas, proceso del cual la Argentina se distanció enormemente.

Un desafío

Argentina tiene por delante un desafío enorme: está presionada por todos los sectores y la frazada es corta. La sociedad demanda ayuda, las empresas no levantan cabeza y, como si fuese poco, los acreedores temen no cobrar los intereses y el capital por sus tenencias en bonos soberanos. A todo esto se suma el FMI. Por esto mismo es necesario cuidar y potenciar aquellos sectores que más pueden aportar al crecimiento del país. Duplicar el turismo que nos visita durante los próximos cinco años y adoptar medidas que ayuden al sector energético, al agropecuario y a la industria del conocimiento para que estos puedan generar divisas, es una apuesta ganadora. Un plan claro de aumentar producción y exportaciones en forma consistente.

Pero hay una realidad que no se puede esconder debajo de la alfombra: el gasto público del 40% del PBI es insostenible. La sociedad no lo puede pagar. Por esto el Gobierno busca que los sectores más pudientes sean “solidarios” y contribuyan más al “mantenimiento” de las cuentas públicas. Laffer no estaría de acuerdo. Cuando estos sectores agoten sus bolsillos, nos vamos a encontrar en una situación similar a la actual pero sin caja. Aun cuando llegue un veranito en los próximos meses, seguiremos espantando el ahorro y la inversión, que es la forma genuina de crecimiento.

En algún momento, si queremos crecer, hay que pensar y diagramar un plan económico de largo plazo que involucre a todos los sectores y a todos los partidos políticos. Reglas de juego claras por 20 años, un norte que marque un proceso de crecimiento y que se mantenga en el tiempo.

Entendemos que, al menos hasta ahora, el Gobierno ha presentado un paquete de medidas que apunta a eliminar el déficit fiscal, para poder sentarse a negociar con el el FMI y acreedores desde una posición de mayor solvencia económica.

Esperemos que el próximo paquete de medidas apuntale el crecimiento doméstico y al desarrollo del sector exportador. Esto recién comienza.

 

Columna publicada previamente en Clarín.

 
 

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