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Diciembre 27, 2019

La difícil relación entre Wall Street y Silicon Valley

Fabrizio Pelli

Las “vedettes”, diseñadas por mentes brillantes e incubadas en Silicon Valley muchas veces chocan con los “trajes” de Wall Street y terminan en malos términos.

Para entender la relación entre Wall Street y el mundo digital, y en particular con Silicon Valley, podemos empezar mirando cuáles fueron las 10 empresas con mayor capitalización bursátil a nivel mundial en los últimos 25 años.

Según datos de S&P Global Market Intelligence, en 1994, entre las primeras 10 empresas más grandes del planeta, había una empresa de telecomunicación (Nippon Telephone), una empresa energética Exxon), una industrial, cuatro de bienes de consumo, dos del sector sanitario y finalmente, tan solo una tecnológica (IBM). Es decir, un variado grupo de empresas, pertenecientes a diferentes sectores de las cuales ocho estaban radicadas en EE.UU., una en Suiza y una en Japón.

Años más tarde, en el 1999, previo a la burbuja de las “Dotcom", en la misma lista de 10 empresas, ya figuran cinco pertenecientes al sector tecnológico (Microsoft, Intel, Cisco, IBM y Nokia). Sin embargo, en 2001, posterior a la ruptura de las Dotcom, las tecnológicas que formaban parte de la lista de las mayores 10 empresas del planeta, se redujeron a tan solo tres.

Esta breve reseña es una buena base para empezar a entender la difícil relación que existe entre Wall Street y el sector tecnológico, y para reflejar con la mayor claridad posible que hoy, siete de las 10 empresas con mayor capitalización bursátil, pertenecen al sector tecnológico (MIcrosoft, Apple, Amazon, Alphabet (Google), Berkshire Hathaway, Tencent, Facebook, Alibaba, Johnson & Johnson y JP Morgan).

Los números nos muestran claramente que hace ya 20 años, Wall Street y el mundo inversor consideran a las empresas tecnológicas como las que más potencial de crecimiento y de generación de valor tienen, más allá que no todas tienen estas características y no todas terminan siendo un éxito. La burbuja Dotcom, entre 1999 y 2001, enseñó al mundo que muy frecuentemente estas empresas cotizaban irracionalmente y terminaron siendo enormes fracasos.

Quince años más tarde, estamos viendo fenómenos similares a las Dotcom, pero ahora con empresas de transformación digital como CIT, Uber, Snapchat y Twitter entre otras. La pregunta que muchos se hacen es si la nueva generación de empresas tecnológicas, será capaz de generar rentabilidad en el futuro en un sector que se transforma, que crece constantemente y que invita a muchas de estas empresas a cotizar públicamente en los mercados.

Wall Street considera que las empresas tecnológicas poseen un enorme potencial pero le cuesta comprender el futuro innovador que los “genios” tecnológicos de Silicon Valley visualizan para sus creaciones. Estas “vedettes”, diseñadas por mentes brillantes e incubadas en California, muchas veces chocan con los “trajes” de Wall Street y terminan en malos términos.

Un caso emblemático es la difícil relación que hubo entre Larry Page y Sergei Brin, los visionarios fundadores de Google, con los banqueros de Wall Street cuando, en 2004, el principal buscador salió a cotizar en la bolsa. Durante años, Page y Brin se negaron a ofrecer sus acciones al público inversor y no cedieron ante la presión de Wall Street que buscaba que Google cotizara en la bolsa neoyorquina. Los creadores de la empresa, no deseaban que influencias externas cortoplacistas perjudicaran la visión a largo plazo para el revolucionario buscador. Gracias a esta paciencia, Google evitó el colapso de las Dotcom que si optaron por cotizar en los mercados.

Larry Page y Sergei Brin, cuando finalmente accedieron a salir al mercado, eligieron un tipo de oferta muy particular, achicando mucho el poder discrecional de los bancos y de los asesores financieros más importantes del mundo. Pagaron la mitad de las comisiones que usualmente se pagan para una colocación del tamaño de Google y optaron por emitir diferentes clases de acciones para que ellos puedan mantener el control de la empresa.

El proceso previo a la OPI (Oferta Pública Inicial de acciones) fue muy intenso, y la cotización inicial de las acciones se ubicó entre USD 110 y USD 135. Finalmente, las acciones se vendieron al público inversor a USD 85 y hoy, 15 años más tarde, Google (Alphabet) cotiza en USD 1.355 por acción. La empresa está valuada en USD 730.000 millones.

En el caso Google, Silicon Valley tuvo razón y mostró a Wall Street que no siempre los trajes ganan. Sin embargo, no siempre ha sido así o lo será. Solo con mirar la reciente fallida OPI de WeWork nos indica que Wall Street también tiene razón.

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