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Diciembre 02, 2019

La nueva vieja Argentina que comienza a partir del 10 de diciembre

Joaquín Vicente

Para quienes piensan que Alberto Fernández, podría ser el nuevo Néstor Kirchner, hay que aclararles que el contexto ha cambiado y mucho.

A partir del 10 de diciembre comienza el nuevo gobierno comandado por Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

La administración de Macri deja un sabor amargo en materia económica y será recordada por varias cuestiones, entre ellas:

  • Endeudamiento con el FMI.
  • Reperfilamiento de deudas en pesos.
  • Cepo cambiario arbitrario de 200 dólares.
  • Tarifazos.
  • Alta inflación.
  • Hipotecarios UVA.
  • Lluvia de no inversiones.

El nuevo gobierno tendrá que comenzar a trabajar sobre estas cuestiones y como ya hemos visto en 12 años de Kirchnerismo, cabe preguntarse si hay lugar para hacer populismo sin caja.

Muchos serán los desafíos en materia económica y en función a las medidas que se tomen durante los primeros 100 días se irá definiendo el rumbo.

Desde mi perspectiva, el principal problema del país es su no crecimiento económico junto con altas tasas de inflación.

En este escenario de estanflación, cualquier estímulo bien orquestado permitirá que el consumo interno mejore y con él, el ánimo de la sociedad. Pero hay que tener cuidado que el repunte del consumo no genere una hiperinflación.

Argentina, más allá de su necesidad de renegociar la deuda con el FMI y acreedores privados, tiene que concentrarse en generar dólares a través de un superávit comercial genuino. Para ello debería ofrecer incentivos de tipo fiscal buscando disminuir la capacidad ociosa de las industrias y que comiencen a producir.

En materia de deuda externa, el análisis tiene que partir bajo la premisa de que el Estado es el único ente que no paga sus deudas en el tiempo. Es decir, generalmente paga solo los intereses de sus deudas y el capital de una deuda es pagada con otra deuda nueva, y así sigue girando la rueda indefinidamente y van financiando sus ciclos económicos cada vez con una tasa mayor hasta que el crecimiento se agota y con ello el crédito externo.

Por tal motivo, estimo que la negociación de la deuda se extenderá en el tiempo. No creo que haya un escenario de quita de capital muy profunda, pero si un diferimiento del pago de intereses y renegociaciones de plazos y tasas.

Lo que si preocupa es el gasto público, la emisión monetaria y la posibilidad real de un efecto hiperinflacionario.

Como sabemos, viene una nueva etapa peronista y con ella la asistencia social crecerá. Dado que el acceso al mercado de créditos está restringido, la única forma para alimentarla será emitiendo. Se volverán a escuchar frases como “vamos a poner plata en el bolsillo de la gente”, “prefiero crecer, aunque sea con inflación”, lo cual es un grave error.

Para quienes piensan que Alberto Fernández, podría ser el nuevo Néstor Kirchner, hay que aclararles que el contexto internacional ha cambiado y ya no existirá el milagro de la soja o de otros commodities.

La economía a nivel mundial se encuentra en recesión y esta marcada por la tenión comercial entre Estados Unidos – China, y por si esto fuera poco una devaluación del real brasileño pone mayor presión al escenario ya que es nuestro principal socio económico.

Ante ello, quienes estén a cargo de la economía del país tendrán que resolver que hacer con el tipo de cambio, ya que Argentina necesita generar dólares y la única manera de hacerlo es vía exportación o bien generando las condiciones necesarias para que lleguen inversiones productivas al país.

Si el cepo se extiende en el tiempo la brecha entre el dólar oficial y el resto de sus variantes, se extenderá y a mayor brecha y sumado a la muy probable suba de las retenciones al campo, hará que los exportadores vuelvan a retener y no liquidar sus cosechas, lo cual afectaría mucho al desarrollo económico.

Tal vez Vaca Muerta permita seducir la llegada de inversiones, marque el camino para el despegue y logre un efecto derrame en la economía.

A priori parece una misión muy compleja, pero con pocas medidas al venir de 4 años recesivos cualquier estimulo pequeño se sentirá como una mejora, pero para ello el Estado tiene que dar previsibilidad en el tipo de cambio para que las empresas que venden sus productos en pesos pero sus insumos son dolarizados puedan planear escenarios productivos de mediano plazo sin temor a fundirse en el intento.

En materia de mercados financieros creo que el escenario de bonos y acciones de empresas exportadoras serán un buen negocio y nos permitirá multiplicar nuestros ahorros, no será sencillo y será turbulento, pero al final del camino, el resultado será ganador.

Concretamente hablando me gusta el Bonar 2020 y el DICA. En materia de acciones Aluar, Banco Frances y Ternium.

 

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