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Junio 16, 2020

¿A qué llamamos un canje de deuda exitoso?

Sebastián Maril

Es importante interpretar correctamente los resultados del canje de deuda soberana ya que la historia nos cuenta que un alto nivel de aceptación no es la única variable a considerar

La República Argentina pronto conocerá el destino de su abultado nivel de endeudamiento cuando en los próximos días ponga fin a un nuevo proceso de reestructuración internacional, el segundo (más una reapertura) desde el año 2005. Por este motivo, es importante entender a qué se le llama un canje de deuda exitoso y cuántas lecturas o interpretaciones posibles existen sobre los resultados que pronto conoceremos.

Empecemos por formularlos la siguiente pregunta: ¿Fue exitoso el canje en 2005 y su reapertura en 2010?

Si tomamos el nivel de adhesión de ambas operaciones, que se elevó al 92% de manera conjunta, podemos concluir con seguridad que efectivamente, Argentina logró reestructurar su deuda de manera exitosa. Sin embargo, también podríamos argumentar que el canje fue un fracaso porque un grupo de acreedores que representaba al 8% del total de la deuda en circulación previo a la reestructuración, no fue convencido por la oferta del Gobierno argentino y demandó al país en las cortes neoyorquinas durante más de 15 años.

¿El resultado? Argentina se vio obligada a emitir USD 16.000 millones en bonos internacionales para pagar las sentencias a los fondos e inversores individuales que no aceptaron los canjes de 2005 y 2010. Un canje que inicialmente se catalogó como exitoso, tuvo consecuencias que podían haberse evitado pero que llevaron al país a endeudarse nuevamente. En un abrir y cerrar de ojos, Argentina emitió deuda equivalente al 20% del total de bonos que “exitosamente” logró reestructurar en 2005 y 2010.

Hoy Argentina se encuentra reestructurando USD 22.000 millones en bonos previamente reestructurados en los dos canjes mencionados y reestructurando USD 42.000 millones en bonos emitidos a partir de enero de 2016, incluyendo los colocados para pagar las mencionadas sentencias. Algo inédito.

Entonces, ¿fue exitosa la última reestructuración de deuda argentina? Por un lado sí, porque el 92% de los bonos en circulación aceptaron la oferta del Gobierno argentino y así el país pudo reducir su nivel de endeudamiento, entre el 50% y el 60% de la deuda internacional. Pero por otro lado no fue exitosa, porque el 8% que no ingresó a los canjes nos obligó a realizar lo que hasta ese momento fue la mayor emisión de deuda internacional de un país soberano y así incrementar sustancialmente el nivel de endeudamiento una vez más.

Ahora nos trasladamos al 2020, y el Gobierno junto a los mercados, tendrán tres maneras de interpretar los resultados del actual canje.

Primera: Se puede decir que la reestructuración fue exitosa si Argentina logra su único objetivo que reducir el stock de deuda internacional. Para lograr esto, el país deberá contar con un nivel de aceptación que no baje del 75% de todos los bonos en circulación. Cualquier porcentaje inferior, será motivo de minucioso escrutinio.

Segunda: Para que cualquier nivel de aceptación inferior al 75% sea considerado exitoso, Argentina deberá contar con el consentimiento de la mayoría de los grandes fondos. Es preferible que los principales acreedores de bonos soberanos argentinos ingresen al canje, a que estén desfilando nuevamente por las cortes de Nueva York. Debería ser prioridad para la República Argentina evitar la aparición de una nueva generación de holdouts que le cuesten al país grandes sumas de dinero.

Tercera: El canje será un fracaso si (1) Argentina no logra reducir sustancialmente su deuda internacional y (2) si los grandes fondos se “quedan afuera” y comienzan a litigar contra el país.

Una vez concluida la reestructuración el Gobierno y los principales grupos de acreedores realizarán declaraciones públicas sobre los resultados. Ambas partes intentarán imponer sus respectivos puntos de vista, ya sea un canje exitoso o un fracaso. Por este motivo es importante interpretar correctamente estos resultados ya que la historia nos cuenta que un alto nivel de aceptación no es la única variable a considerar.

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