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Junio 26, 2020

El COVID-19 vencerá a la pandemia. ¿Podrá el hombre?

Gustavo Ammaturo

El virus del COVID-19 vencerá a la pandemia cuando sea un virus más entre todos los que circulan dentro de la población mundial

La vida es el conjunto de cualidades propias de los seres vivos. Ellos tienen una compleja estructura material y poseen características que los diferencian de los seres inanimados, entre las que se distinguen entre otras la irritabilidad, adaptación, reproducción, metabolismo, crecimiento y homeostasis.

El ciclo de la vida de cualquier ser vivo se compone por las siguientes etapas, nacer, crecer, reproducirse y morir.

Todos los seres vivos tienen su ciclo de vida, un inicio y un fin. Dentro de ese espacio de tiempo aprenden a protegerse de las amenazas externas, poniendo el foco en agudizar los sentidos para que la vida se extienda y cuando se presenta la oportunidad se procure la reproducción de la especie, hasta que finalmente por la circunstancia que fuera se produce la muerte.

El COVID-19 puso en evidencia el instinto de supervivencia de dos especies. La propia, es decir la del virus, y la del hombre.

En biología se denomina con el término de “huésped” al organismo que contiene o porta a otro en su interior. Si bien el concepto de huésped generalmente se utiliza para designar a quien visita a otro, en el campo biológico se emplea en un sentido contradictorio.

Es pertinente hablar de huésped siempre que hay una relación de dependencia de un sistema biológico (un ser vivo o un virus) respecto a otro sobre el que habita, ya sea de manera continua o temporal.

Es justamente esta relación de dependencia a que vincula el destino de la vida de la persona que lo porta con la del virus que es portado. La muerte del portador causara el fin de la vida del portado.

Desde los primeros casos detectados sobre la presencia de este virus se ha desatado una carrera por la supervivencia de ambas especies. El virus que busca morigerar los efectos que causa en sus portadores y el hombre que busca escapar de las posibilidades de contagio en el mejor de los casos o de encontrar un tratamiento que le permite sortear el ciclo de vida del virus de la mejor manera posible, tratando de evitar su propia muerte en el intento.

La inteligencia del virus se pone en evidencia cuando observamos que cada vez hay más casos detectados y menos portadores fallecen. Hasta que aparezca un tratamiento o vacuna que elimina la posibilidad de contagio del virus, la inteligencia del hombre se manifiesta en función a la disminución de la cantidad de infectados cada día.

El virus del COVID-19 vencerá a la pandemia cuando sea un virus más entre todos los que circulan dentro de la población mundial, cuando sus tasas de mortalidad y contagio sean consideradas por quien sabe quien, como aceptables y deje de estar en los titulares de los medios de comunicación. De esta forma podrán seguir sus cepas surcando entre los aparatos respiratorios de los portadores, asintomáticos y sintomáticos, llevando, de vez en cuando a alguno al cementerio, solo para recordar su existencia.

Ahora bien, por el lado de la humanidad todo está por verse.

Es difícil para un organismo “superior” aceptar el proceso de desarrollo de ambos seres vivos, personas y virus para acompañar el proceso evolutivo de las especies.

Probablemente se produzcan cambios de corto plazo muy evidentes. Sectores de la economía pre pandemia enfrentarán momentos muy duros donde solo los mas creativos van a subsistir. Los denominados servicios no esenciales, tales como las peluquerías, los gimnasios, o incluso las altas por el servicio de televisión por cable, tienen dramáticamente afectados sus ingresos. Ni hablar de las prácticas médicas que no constituyan emergencias, que han sido suspendidas por los seguros de salud y las obras sociales poniendo a pacientes y a profesionales en un limbo, anestesiados y subsistiendo del stock. Stock de ahorros y stock de salud por ejemplo. La extensión temporal del aislamiento termina irremediablemente con eso. Los pequeños problemas de salud, si no se sanan, se agravan y el saldo de dinero se agota.

La sociedad ha dejado de generar y está consumiendo energía acumulada anteriormente, vital y económica.

Al igual que el COVID-19 el hombre, desde sus orígenes, viene adaptándose a las nuevas circunstancias de la vida. Desde las organizaciones nómadas hasta las sedentarias que evolucionaron en pueblos, burgos, ciudades y países se fue diluyendo la conciencia grupal potenciando la del individuo.

La post pandemia demostrará si la humanidad de nuestros tiempos posee una conciencia colectiva que busque la supervivencia de su especie o si es una suma de individualidades que buscan su propio beneficio, incluso en contra de los intereses de su propia especie.

Los antecedentes son buenos. Hemos superado todo tipo de catástrofes. Hemos cambiado modos, costumbres, leyes y organizaciones sociales a lo largo de nuestra existencia. Hemos sido adaptables y creativos. Nos hemos diferenciado del resto de los seres vivos creyéndonos en muchos casos superiores al resto.

Es hora que incorporemos en nuestra evolución “humildad y solidaridad”.

Humildad para seguir aprendiendo de nuestros compañeros en la vida, los virus por ejemplo, entendiendo que todos somos huéspedes de organismos vivos superiores, en nuestro caso el planeta tierra.

Solidaridad para acompañar a todas las potenciales víctimas que surgirán de esta etapa evolutiva, pues a través de la ayuda al otro encontraremos nuestra propia ayuda, reencontrándonos con la conciencia grupal a través de la suma de las individuales

 

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