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Junio 22, 2020

Extranjerización de la Economía

Gustavo Ammaturo

Desde hace mucho tiempo, los especuladores han recibido mejores rentas que los trabajadores y emprendedores

Comúnmente se refiere con el concepto de extranjerización de la economía al aumento en la participación de inversiones de capital extranjero dentro de un mercado.

Si bien la terminología se emplea equivocadamente, pues extranjerizar implica literalmente introducir las costumbres extranjeras y mezclarlas con las locales, existe un consenso en interpretarla como una cuestión relativa al origen de los fondos que producen la inversión.

Los resultados que han producido las inversiones extranjeras en nuestro país, desde el punto de vista del bien social que recibe la población en general son mixtos.

Desde una perspectiva de inversiones orientadas a lo financiero observamos casos de éxito indiscutibles, como han sido los préstamos a largo plazo y con tasas de interés preferenciales para obras de infraestructura que permitieron el desarrollo de economías regionales y la producción de bienes exportables, y rotundos fracasos como sucede en cada oportunidad en que se permitió el ingreso de fondos golondrinas para especular en el mercado financiero a tasas usurarias con tipo de cambio fijo o retrasado.

Nuestra historia económica reciente cuenta con innumerables casos en los que se desarbitraron las monedas utilizadas por los acreedores para otorgar sus créditos y las de los deudores para originar los fondos para cumplir con sus obligaciones de pago.

La tentación a la que se vieron algunas empresas locales de acceder al mercado de deuda internacional y gozar de los beneficios de tasas bajas y tipo de cambio fijo sirvió de espejismo para sumergir en los más hostiles desiertos a avezados analistas financieros. En la mayoría de los casos el Estado Nacional acudió al auxilio de grandes corporaciones a través de herramientas tales como la nacionalización de la deuda privada, por medio de tipos de cambio diferenciales o la aplicación de la doctrina del esfuerzo compartido que reparte el efecto nocivo entre quien lo asume al contratar en esas condiciones (deudor en moneda extranjera) y quien lo quiso evitar por medio de esa misma contratación (acreedor en moneda extranjera).

Las normas del Banco Central de la República Argentina evolucionaron para que el sistema bancario sirva de barrera de contención frente a estos avatares cambiarios prohibiendo realizar operaciones de créditos en moneda extranjera cuando el deudor carece de la posibilidad de generar los recursos cancelatorios en la misma especie en la que se endeuda.

El sistema bancario no podría realizar préstamos hipotecarios, prendarios o de consumo a clientes en otra moneda que no fuera la que generan con sus ingresos comprobables. De esta forma quedó un mercado financiero en el que, por cuestiones de reserva de valor, los ahorristas acumulaban dólares en sus cajas de ahorro y las empresas de la economía local solo podían demandar pesos.

Simplemente por efecto de la oferta y la demanda la tasa en pesos volaba, tanto por la escasez en la oferta fruto de los ahorristas que buscaban otras alternativas para custodiar su dinero y de un estado demandante para financiar el déficit fiscal a través del endeudamiento.

Mientras que por el lado de los dólares, el ingreso de capital especulativo para colocarse en pesos retrasaba su cotización y las tasas para financiar en moneda extranjera eran casi negativas, pues pocas compañías podían acceder a este mercado de deuda, generalmente prefinanciación de exportaciones.

Muchas de las empresas exportadoras también tienen actividades locales. En estos casos la oportunidad de maximizar las deudas en moneda extranjera para financiar en pesos a la cadena de valor de su actividad genera enormes ganancias.

La barrera que constituyeron las normas bancarias para mantener libre de estos riesgos al sistema no eran de utilidad para sanear a algunos exportadores, que se endeudaron por encima de sus capacidades de pago en moneda extranjera para obtener resultados extraordinarios financiando en el mercado local.

Esta es la descripción del mercado cambiario desde diciembre de 2015 hasta principios de 2018, cuando grandes inversores especulativos dijeron “ya es suficiente” y se pasaron del peso al dólar acumulando enormes ganancias simplemente por vender sus dólares, colocarlos a tasa en pesos y luego recomprarlos. El tiempo que duraría esta quimera era manejado por estos grandes colocadores. Solo ellos sabrían hasta cuando jugar el juego de la extranjerización del mercado financiero. El resto serían las víctimas, algunos de su inexperiencia y otros de la codicia.

Justamente, la codicia es la responsable de la crisis del sector agroexportador que combina sus actividades con el consumo local.

En cierta forma la discusión de extranjerizar o nacionalizar a los actores de la economía resulta estéril si se dejan de lado las cuestiones fundamentales orientadoras del destino de las inversiones.

Todas las inversiones bien orientadas son saludables, públicas o privadas, extranjeras o nacionales.

Los préstamos a largo plazo para la adquisición de bienes de capital que permitan sustituir importaciones o exportar son necesarios.

Las inversiones en infraestructura local, que mejoren el acceso de las economías regionales fomentan el desarrollo distribuido permitiendo la oferta descentralizada.

La radicación de empresas productivas en el país debe ser alentada en función a los beneficios que agregan a la comunidad, como generación de empleo y transformador social.

Implementar herramientas que permitan el ahorro en activos productivos, incluso dando garantías del estado para quienes inviertan su capital serán fundamentales para motivar la inversión privada local, tan golpeada luego de estos años.

Desde hace mucho tiempo han recibido mejores rentas los especuladores que los trabajadores y emprendedores.

Esta es la ecuación que hay que cambiar.

 

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