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Junio 30, 2020

La historia se repite o ¿se repite la historia?

Sebastián Maril

Si hacemos caso a la historia más reciente, deberíamos mostrar altos niveles de escepticismo cuando leemos noticias sobre las elecciones presidenciales en EE.UU.

Mantenerse informado en el Siglo XXI es un gran desafío. Los medios, en su gran mayoría, no informan, sino opinan. Siguen una línea editorial influenciada por una ideología puntual y buscan imponer una opinión como si fuese una noticia que merece la atención de la audiencia. Lamentablemente, es esta la manera que muchos de nosotros preferimos ser informados. Optamos por conocer tan solo un lado de las noticias, el lado que mejor encaja en nuestro conjunto de ideas.

Esto también ocurre en la política y en el uso de las encuestas como herramienta para informar al público sobre el humor del electorado. De la misma manera que las noticias son presentadas como opinión, las encuestas, al menos en su gran mayoría, buscan formar la opinión pública y no reflejar la verdadera intención de voto de la sociedad. De esta manera muestran una realidad inexistente sobre un candidato para establecer una falsa sensación de éxito o fracaso sobre su futuro político.

Si aun tienen alguna duda, pregunten a Donald Trump.

En 2016, el entonces candidato a presidente, no tenía ninguna posibilidad de vencer a Hillary Clinton en las elecciones del 8 de noviembre. Durante toda la campaña, es decir, desde el fin de las primarias hasta el mismo día de las elecciones, no fue posible encontrar una sola encuesta que mostrara a Trump por encima de su rival Demócrata. El mismo New York Times, matutino que produce encuestas altamente valoradas por el ámbito político norteamericano, en la mañana del 8 de noviembre, daba por vencedora a Hillary Clinton con un 87% de seguridad.

Analistas, politólogos, especialistas y periodistas, coincidían que el país había cambiado y que el EE.UU. rural, el que mantenía las tradiciones de los padres fundadores, debía dar un paso al costado y dejar lugar a un nuevo país, caracterizado por la ideología social demócrata europea que practicaban las grandes urbes cosmopolitas norteamericanas.

Sin embargo, en la madrugada del 9 de noviembre de 2016, el día después de las elecciones, los Republicanos ganaron la Presidencia, la Cámara Baja, el Senado y 33 de 50 gobernaciones. Fue una paliza histórica donde el principal perdedor no fue el Partido Demócrata, sino todos aquellos que durante meses nos hicieron creer que había un solo resultado posible en las elecciones presidenciales, y que ese resultado era Hillary Clinton y el Partido Demócrata.

Cuatro años más tarde, la historia se repite.

A pocos meses de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre, no podemos encontrar una sola encuesta que ubique a Donald Trump por encima de su supuesto rival, Joe Biden. Una vez más, analistas, politólogos, especialistas y periodistas nos cuentan que el humor del electorado es malo, que no hay esperanzas en este presidente y que su mandato se acabó. Hay voces que piden su renuncia y este fin de semana, la cadena CNBC dijo que “fuentes cercanas al presidente” aseguran que Trump está desmoralizado y que evalúa abandonar la carrera presidencial.

El 29 de junio de 2016, es decir, hace exactamente cuatro años, Real Clear Politics, empresa que promedia todas las encuestas a nivel nacional, ubicaba a Hillary Clinton +5,5% por encina de Trump. Hoy, este mismo promedio muestra como Biden está a +9,2% por encima del presidente. En la mañana de las elecciones de 2016, Real Clear Politics nos mostraba como la diferencia entre Hillary y Trump era de +3 puntos a favor de la candidata Demócrata. ¿Se repetirá la historia o esta vez "los que saben" acertarán en sus predicciones?

Dejemos algo bien claro: analistas, politólogos, especialistas y periodistas se equivocaron en las elecciones de 2016, se equivocaron con el “Rusiagate” y se equivocaron con el “Ucraniagate”. Anticiparon que todos los escándalos políticos asociados a Trump, iban a forzar su renuncia. Pronosticaron que los numerosos libros publicados por ex funcionarios, obligarían al presidente contemplar no presentarse a la reelección.

Entonces, pregunto: ¿por qué hay que tomar seriamente todo lo que ellos mismos nos cuentan sobre la actual campaña presidencial? ¿No querrán formar la opinión de la gente como muy exitosamente lo hicieron durante el último ciclo electoral? Al fin y al cabo, la victoria de Trump para todos fue “sorprendente” y “contra todo pronóstico”, porque las encuestas nos decían que era prácticamente imposible que Trump se convierta en el cuadragésimo quinto presidente de los EE.UU. O los expertos nunca nos dijeron la verdad o mostraron una seria irresponsabilidad profesional.

Por esto mismo, la primera reacción de toda persona que lee alguna noticia sobre las elecciones presidenciales de los EE.UU. debería ser, al menos, escéptica. La historia muestra como los llamados “expertos” se equivocaron en 2016 y muy posiblemente, se estén equivocando hoy. No comprenden qué es lo que representa Trump para el electorado que lo votó. Solo se centran en el rechazo hacia quién es Trump, y una obstinada ceguera les impide analizar correctamente su presidencia.

Es cierto, el país está en problemas por culpa del coronavirus. El desempleo, la actividad económica y los ahorros de los norteamericanos, sufren por culpa de una pandemia que sorprendió a todos. Sin embargo, la pregunta que deberían formularse hoy los norteamericanos es a quién desean liderando la reactivación económica del país cuando la pandemia desaparezca. ¿A Trump o a Biden?

Los norteamericanos pronto responderán esta pregunta, y es la intención del ámbito político norteamericano instalar en la opinión pública, mediante encuestas y nuevos escándalos, que la Casa Blanca está en llamas y que Trump no se merece un segundo mandato. ¿Alguien es capaz de encontrar algún informe periodístico, encuesta, opinión especializada o similar que sea favorable a Trump? No lo van a encontrar como tampoco lo podíamos encontrar hace cuatro años. Entonces sospechemos de todo lo que nos cuentan.

El tiempo dirá qué piensa el ciudadano norteamericano.

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