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Julio 06, 2020

Deuda: llueven inversiones y Argentina no las puede aprovechar

Darío Epstein

¿Cuáles son los motivos que atraen préstamos e inversiones a estos países que están beneficiándose con financiamiento históricamente barato?

Los bonos de países emergentes están en la mira de los inversores luego de un nuevo proceso de recortes de las tasas de interés de referencia, consecuencia de las políticas más laxas de los bancos centrales. Invertir en bonos soberanos o de empresas de Brasil, Turquía Sudáfrica, México o hasta incluso Ucrania, que hasta no hace mucho tiempo atrás tuvo que reestructurar su deuda, vuelven a estar de moda. Sí, en medio de la pandemia. Esta alternativa ha vuelto a estar sobre la mesa, aún en el peor escenario de crecimiento económico mundial. ¿El motivo? La alta emisión de dinero para rescatar las economías mundiales junto a las tasas negativas que ofrecen las principales economías del planeta, invita a los inversores a buscar alternativas que ofrezcan rendimientos más altos más allá de la seguridad crediticia.

En este mundo, no hay lugar para Argentina y para Ecuador (olvidémonos de Venezuela) quienes deberán esperar su momento, y nuevamente perderán el tren de la liquidez mundial, en pleno proceso para reestructurar sus deudas, como consecuencia de haber perdido acceso a los mercados voluntarios de deuda. Los bancos centrales de países desarrollados han ido inundando de liquidez a sus economías. Una liquidez que no encuentra rentabilidad en sus mercados de origen, busca emisiones en países emergentes en un proceso el cual Latinoamérica aprovechó muy bien. Un número creciente de gobiernos y empresas latinoamericanas, han colocado deuda en los mercados internacionales, en plena pandemia y a tasas y plazos extraordinarios. De esta manera, refinancian vencimientos y cubren el gasto para salir de la pandemia. Hay 12 billones de dólares equivalentes de bonos que tienen rendimiento negativo, que ya no resultan atractivos. Por este motivo, los inversores buscan nuevos horizontes.

Entonces, ¿cuáles son los motivos que atraen préstamos e inversiones a estos países que están beneficiándose con financiamiento históricamente barato? Los inversores buscan dirigir sus dólares a inversiones que ofrezcan garantías mínimas de capacidad de repago y estabilidad estructural del mercado donde invierten. Cuanto más riesgoso es este mercado, mayor la tasa que demandan. Desde el comienzo de la pandemia, hemos visto como la República Dominicana, Honduras y Trinidad & Tobago, han colocado deuda en los mercados internacionales a tasas que, en promedio, son la mitad de lo que Argentina conseguiría.

Estos países, que no poseen la estabilidad política de Chile o Uruguay, o el tamaño de economía de Brasil, México y Argentina, logran endeudarse a tasas que nuestro país sueña con algún día hacerlo. Son países que lograron emitir bonos en plena pandemia casi exclusivamente porque los inversores consideran que sus respectivos gobiernos tienen capacidad de gestión y de “hacer los deberes”. En otras palabras, son naciones que realizan reformas estructurales necesarias, garantizan un marco político, económico y social estable (con algunos altibajos) y cuidan las cuentas públicas.

Lo cierto es que los países mejor preparados fueron los que hicieron los deberes en momentos de vacas gordas, supliendo los requisitos estándares de aquellos acreedores a los cuales el dinero le sobra, y los rendimientos en sus países de origen, todos ellos desarrollados, ya no cubren ni la inflación anual. Perú, Uruguay y Chile, por mencionar algunos de ellos, hoy gozan de esa tranquilidad y pueden salir a los mercados a buscar el financiamiento que necesitan. Dentro de los emergentes, hay un lote de países mejor calificados y que otorgan tasas muy bajas. Uruguay emitió recientemente 400 millones de dólares a 2,48% por 10 años y medio.

Siempre hablamos de EE.UU., pero es interesante ver en perspectiva la impresión de dinero en Europa y Japón. Los activos de la Reserva Federal norteamericana ya ponderan como porcentaje del PBI: 32,7%, mientras que en Europa el BCE los hizo en un 47% y el Banco de Japón en un 115%. Argentina una vez más perdió el tren. Mientras nuestros vecinos se financian a tasas históricamente bajas y ayudan a sus economías que sufren el parate mundial por la pandemia, nosotros tenemos problemas para reestructurar la deuda y tomar fondos para ayudar a la economía local, hoy es imposible.

Argentina tiene el derecho a elegir que camino seguir. ¿Qué quieren sus ciudadanos (expresado a través del voto)? ¿Qué proponen sus líderes? Pero está claro que toda decisión tiene consecuencias inevitables, tanto positivas como negativas.

 

Columna publicada previamente en Clarín.

 

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