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Octubre 29, 2020

La Economía del Big Brother

Gustavo Ammaturo

El uso de la tecnología redefine los roles de dominantes y dominados, de conscientes e inconscientes, de dueños de nuestro propio destino o simplemente títeres de los intereses de las tecnologías que utilicemos

Desde las típicas señoras cholulas o las chismosas de barrio que baldeando la vereda observan la vida de los vecinos y comentan sobre las miserias de quienes las rodean, hasta el mundo del espectáculo que combina drama y ciencia ficción, la atención sobre los demás, sin que el otro lo note, siempre presentó atractivos.

"The Truman Show" o las distintas ediciones de "Big Brother" (Gran Hermano) han puesto en evidencia el interés que despierta en el hombre ser testigo oculto e indiscreto de las vidas de las personas.

Saber que piensa el otro, con quién se relaciona, lo que realmente es y lo que pretende aparentar, pone al espectador en un limbo entre el consciente y el subconsciente del sujeto observado, llegando a alternar de rol, cuando con su influencia externa puede cambiar los destinos del supuesto protagonista.

La posibilidad que otorga el observar sin ser observado y cambiar las circunstancias de borde a través de un botón o una votación para decidir, qué se come, con quién se duerme o quien se queda o se va en un juego, plantea relaciones de poder y dominación entre quienes están de un lado y otro de la pantalla.

Conocer los sentimientos más íntimos, necesidades y deseos, las cosas en las que destinamos nuestro tiempo y dinero, o quienes son nuestras familias y relaciones, constituyen información clasificada para cualquier persona.

Desde el pensamiento filosófico de Descartes que pregona “el pienso luego existo”, el hombre en busca de la verdad recurrió a la razón del pensar. En nuestros días la tecnología permite descubrir verdades que muchas veces ni nosotros mismos reconocemos. Realidades fácticas que de ser conscientes tal vez cambiamos rápidamente.

  • El Descartes de nuestros días tiene un nombre y apellido, Mark Zuckerberg

El fundador de Facebook, y dueño de otras redes sociales y plataformas de comunicaciones como Instagram y Whatsapp, ha reformulado la observación filosófica en el sentido de “dime qué miras, con quién te relacionas y cuánto tiempo dedicas a ello y te diré qué tipo de consumidor eres, cómo puedo influir en tus decisiones y cómo materializar toda esa información”.

  • Obviamente no está solo en este proceso

Todas las empresas tecnológicas de la nueva economía recolectan, acopian, administran y analizan datos. Nuestros datos. Aquellos que ofrecemos a cambio de usar tal o cual plataforma de búsqueda, red social o programa de fotos que se ponga de moda.

Aplicaciones, sitios de internet, trámites on line, plataformas de juegos en línea, o nuestro teléfono celular concentran nuestro principal activo que es a qué dedicamos nuestro tiempo y cómo vivimos nuestras vidas.

Los medios digitales también se han sumado a esta modalidad. Analizan las notas más leídas, las más comentadas, georreferencian y segmentan a sus lectores. Lanzan títulos para verificar el impacto que producen y en virtud a ello proponen sus publicidades.

Desde aquel Hommo Videns de Giovanni Sartori, que plantea una sociedad teledirigida a través de las realidades que los medios nos presentan, hasta la propia película "Matrix", en donde el argumento va más aun allá, poniendo al hombre en una suerte de feedlot (encerrados en pseudo corrales y alimentados para subsistir), transitando una vida virtual dominados por computadoras.

El uso de la tecnología redefine los roles de dominantes y dominados, de conscientes e inconscientes, de dueños de nuestro propio destino o simplemente títeres de los intereses de las tecnologías que utilicemos.

Estamos en presencia de una era en la que la economía del Big Brother se ha instalado y domina a los mercados.

Las principales corporaciones del mundo son tecnológicas. Microsoft, Apple, Amazon, Google, Facebook, Alibaba, entre tantas otras saben más de nosotros que nosotros mismos y obviamente sacan provecho de esto.

Basta con mencionar una ciudad en el mundo en una conversación por Whatsapp para que en nuestras redes sociales nos invadan con promociones de paquetes turísticos hacia ese lugar. O mostrar alguna inclinación política para que en nuestras aplicaciones nos relacionen con posibles contactos de ideas similares o formación. Lo saben TODO.

Big data y Analytics son las herramientas tradicionales para procesar millones de datos que generan millones de personas a toda hora y en todo el mundo.

  • El costo es alto pero la recompensa es mayor

Anticiparse al consumo, es más, orientarlo, sembrar necesidades y proyectar imágenes de los consumidores es el premio mayor.

Pero el consumo no lo es todo. Hay algo más importante. Nuestro futuro como naciones y como mundo.

Estas plataformas y redes detectan la orientación política de sus usuarios.

Al igual que en los patrones de consumo aquí también se utiliza la segmentación. En general hay tres grandes segmentos.

En los extremos los radicalizados para una opción y los radicalizados para la opción contraria. Dentro de estas poblaciones cualquier esfuerzo en cambiar las costumbres no abona la relación costo beneficio.

En cambio en el espacio intermedio los resultados de la big data y el analytics son asombrosos.

Conocer en forma íntima al destinatario del mensaje permite generar una comunicación certera, volviendo protagonista al destinatario de una película en la que es simplemente un espectador que desconoce las verdaderas intenciones.

Se especula con que a través de redes sociales se han creado perfiles de usuarios inexistentes en la vida física, avatars, pero muy presentes en la virtualidad que convocan a marchas, generan disturbios y destrozos en la ciudades, orientan votaciones y definen elecciones.

  • Eternas Fake News y defensa de la intimidad

Tal vez el lado más oscuro de la revolución tecnológica en la información y los buscadores y redes sociales radica en el daño permanente e incuantificable que puede producir mantener información falsa, parcial o malintencionada en línea.

La era digital ha permitido crear medios de difusión sin responsables solventes y en algunos casos ni visibles, que asuman el daño que puedan provocar con sus noticias falsas.

De hecho ofrecen a mejor postor subir a la red información en formato periodístico con el objetivo de beneficiar o perjudicar a determinados actores.

Es dudosa la participación activa que pudieran tener los motores de búsqueda, como Google, sin perjuicio de ello el daño que producen, en muchas ocasiones, es irreparable.

Por otro lado la defensa de la intimidad, privacidad y honor una vez más se enfrenta a la libertad de expresión.

En mi opinión cualquier expresión que afecte la intimidad, la privacidad o el honor de alguien sin su expresa conformidad debería ser tratado como una vulneración al derecho de propiedad de la imagen de esa persona.

La evolución del derecho sobre temas como los antes mencionados podrían poner en riesgo a las prácticas y a las herramientas que estas plataformas utilizan para conocernos y acercarnos.

Es probable que durante un buen tiempo los intereses unidos de los gigantes de la tecnología y la información, sumado al poco conocimiento que tienen los legisladores y jueces del mundo acerca de estos temas, demoren definiciones sobre el tema de fondo pero si se produce alguna fisura en el fuselaje de las naves insignias de la información como propiedad universal, los fundamentos sobre sus potencialidades podrían verse amenazados.

Ser conscientes de esta nueva realidad pondrá el verdadero valor a las empresas de la nueva economía.

Del hombre dependerá formar parte de una Matrix en la que es un eslabón más de la cadena de producción y consumo o si simplemente recurre circunstancialmente al uso de herramientas útiles para mejorar la productividad y las comunicaciones.

 

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