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Diciembre 11, 2020

La necesidad tiene cara de hereje

Gustavo Ammaturo

Hay casos en los que la tecnología, lejos de aumentar las diferencias, nos iguala, y trae nuevas oportunidades a países en vías de desarrollo

Es probable que muchos pensemos que la evolución tecnológica representa una barrera más que deben sortear quienes viven en países subdesarrollados para igualar las oportunidades que tienen quienes viven en el primer mundo.

La denominada “brecha digital” que divide a quienes cuentan con infraestructura moderna en telecomunicaciones para acceder a las redes y así a las tecnologías de la información o Tics, en apariencia sumaria capacidades para seguir creciendo a los desarrollados mientras que impondría nuevas dificultades, postergando aún más a los países pobres.

Pero, ¿tiene que ser así ?

Hay casos en los que la tecnología, lejos de aumentar las diferencias, nos iguala, y trae nuevas oportunidades a países en vías de desarrollo que, sin ellas, no habrían tenido la posibilidad de ser pioneros y líderes en determinados campos haciendo sombra a las economías y mercados más desarrollados.

Vamos a analizar algunos casos en los que la tecnología ha generado enormes resultados positivos en economías pobres o precarias, derramando su potencial de manera más efectiva y evidente.

Si les dijera que existe una ciudad en África en la que resulta mucho más fácil pagar un taxi con el teléfono celular que la mismísima ciudad de Manhattan, ¿alguien me creería?

Pues si, en Nairobi, Kenia, se lanzó en el año 2007 M-Pesa, un exitoso medio de pago por móvil que encontró hueco en un mercado en donde la población no podía tener acceso a las exigentes condiciones impuestas por las entidades bancarias para poder abrir una simple cuenta corriente u obtener una tarjeta de débito o crédito.

La necesidad estaba ahí, acrecentada en una economía en donde la inmensa mayoría de la población no tenía medios alternativos a las tarjetas para realizar pagos y cobros de forma rápida y ágil.

Veamos algunos números de M-Pesa:

En un solo año administra más de 2 billones de transacciones, nada mal si tenemos en cuenta que en la República Argentina, el medio de pago más utilizado es la tarjeta SUBE con 15.000 millones de transacciones, siendo el único medio de pago autorizado para pagar el transporte público en las principales localidades del país,

M-Pesa procesa casi el 40% del PBI del país, aproximadamente 4 billones de chelines kenianos, unos 36.000 millones de dólares. Cuenta con más de 120.000 puntos de cambio, en donde se puede pasar de créditos digitales a moneda física o viceversa. El 93% de la población de Kenia tiene acceso a los pagos a través de los móviles.

Pero no solo fueron transacciones dinerarias.

Una de las increíbles consecuencias que han tenido los pagos móviles en países como Afganistán y Kenia, ha sido la ayuda en la disminución de la corrupción. Cuando las transacciones están grabadas, se vuelven rastreables. Y esto dificulta los robos y las malversaciones.

En 2009 la Policía Nacional Afgana decidió llevar a cabo una prueba en la que pagaban los salarios de los oficiales de policía mediante M-Paisa, la versión local de M-PESA.

Cuando los 53 trabajadores elegidos para el piloto comprobaron sus teléfonos, se quedaron atónitos. Creyeron haber recibido un aumento del 30%, cuando en realidad lo que había pasado es que sus superiores estaban robando el dinero de sus salarios, que hasta ese momento habían sido pagados en efectivo.

Además, el ministerio no tardó en darse cuenta de que 1 de cada 10 oficiales de policía cuyo sueldo había sido pagado habitualmente, no existía.

  • La salud digital como herramienta de inclusión

Mucho más cerca, en la provincia de La Rioja, a partir del año 2017 se inició la implementación de la plataforma informática para la atención primaria de la salud Acuario, permitiendo a los pacientes de la salud pública de la provincia contar con su registro clínico en forma on line, accesible desde cualquier centro médico conectado.

La interconexión entre los distintos centros permite una mejor administración de los inventarios de medicamentos, pudiendo hacer clearing entre las diferentes farmacias entregando primero los de fecha más próxima de vencimiento. Por otra parte, el control de los programas de asistencia y entrega de suministros, como la leche infantil, pudo ser auditado en tiempo real repartiendo en forma adecuada y equitativa los productos.

También ha brindado la posibilidad de que médicos clínicos puedan realizar interconsultas con especialistas en forma remota. Tal es el caso del servicio pediátrico que ofrece el Hospital de la Madre y el Niño, principal centro de atención para la niñez de la provincia que sirve de referencia para toda la comunidad médica.

Ha permitido identificar preventivamente potenciales casos de epidemias por dengue pues al diagnosticar un primer caso el sistema envía un alerta a toda la comunidad conectada, disparando operativos de fumigación en el entorno habitacional de los primeros afectados.

Sin ir más lejos, durante la pandemia producto del Covid-19 la utilización de las teleconsultas han posibilitado que personas con dificultades para trasladarse, ya sea tanto por cuestiones socioeconómicas como físicas, puedan acceder a una opinión profesional antes de emprender un costoso y dificultoso traslado.

  • Monedas de inclusión comunitaria

Las monedas de inclusión comunitarias o Community Inclusion Currencies (CICs) proponen un mecanismo replicable para erradicar la pobreza en localizaciones de bajos recursos desarrollando sus economías de manera inclusiva y sostenible utilizando dinero local y la tecnología de código abierto Blockchain.

El dinero digital que se emite cuenta con el respaldo de los bienes y servicios que la comunidad en la que circula produce. Es decir que se ajusta con el crecimiento de la economía local.

La tecnología de Blockchain está programada con los criterios de emisión y rescate previstos por los miembros de la comunidad y registra las transacciones de manera rápida, segura y económica, haciendo de un verdadero Banco Central, regulando el circulante monetario de manera previsible y auditable en tiempo real.

Las comunidades marginadas, dependen de jornaleros que ganan dinero fuera de las aldeas para ingresarlo a sus comunidades. En determinadas circunstancias, ya sea por cuestiones estacionales, o de bajos rendimientos en los cultivos o por las restricciones producto del Covid, como este año, el flujo de ingreso de dinero se ha interrumpido en muchos lugares, dejando sin trabajo a personas que podrían prestar sus servicios

Hay muchos bienes y servicios disponibles pero no hay suficiente dinero circulando para apoyar la economía local.

Una moneda local equivale a la de curso legal y se pueden intercambiar. Si bien las aldeas no suelen tener un banco o cajero automático, lo que significa que la gente tiene que ir a la ciudad más cercana para encontrar uno, este sistema es accesible para todos siempre que tengan un teléfono, y ni siquiera tiene que ser un teléfono inteligente.

Por este motivo, resulta más fácil implementar soluciones innovadoras en materia de medios de pagos, atención de la salud o asistencialismo y desarrollo en los países de menos recursos que en los más poderosos. La resistencia al cambio, el temor a la pérdida del status quo de las grandes y antiguas instituciones como son los bancos centrales, el sistema bancario en general o la atención médica centralizada tradicional hacen de lastre frente al impulso innovador de las nuevas soluciones y realidades.

En cambio, para los pueblos pobres, cuando acceder a los bancos es imposible por que las circunstancias de las personas los descalifican como clientes, o recibir prestaciones clínicas resulta imposible ya sea por la saturación de los turnos médicos o por la distancia geográfica hacia los centros de atención, o la realidad económica de la comunidad se presenta carente de dinero, la necesidad tiene cara de hereje y presenta un entorno fértil para la aplicación de innovaciones tecnológicas disruptivas.

 
 
 

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