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Enero 28, 2021

Cada cosa por su nombre

Gustavo Ammaturo

La volatilidad del precio de bitcoin durante sus 12 años de vida han hecho que su cotización oscile entre apenas un centavo de dólar hasta casi 30.000 USD en estos últimos días

Probablemente entre los grandes cambios que se produzcan durante el siglo XXI, se destaquen los ocurridos en materia de formas, medios y herramientas de pago, a tal punto que en un futuro próximo se redefinan dramáticamente los roles de los bancos, las tarjetas de crédito, los bancos centrales y tal vez del dinero tal cual los conocemos hoy día.

Días atrás observamos que los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia de que la criptomoneda bitcoin había superado los USD 25.000 y que a esos valores su capitalización de mercado era mayor que la de Visa, el principal procesador de pagos del mundo.

Comparar a Visa con el bitcoin podría confundir a muchos lectores con respecto a estos productos y conceptos bien diferentes tales como son las plataformas procesadoras de pagos, las criptomonedas, el bitcoin en particular y finalmente la Blockchain.

Los Proveedores de Servicios de Pago son intermediarios entre los comercios y los bancos. Es decir, no son entidades financieras, sino empresas que proporcionan la tecnología que se necesita para realizar los movimientos de dinero de las cuentas bancarias quienes compran hacia las cuentas de quienes reciben los pagos. Es decir, su función principal es verificar si el pagador cuenta con el dinero o el crédito suficiente para realizar la compra y así, procesar el pago. MasterCard, Visa o American Express son algunos de los proveedores de servicios de pago más conocidos.

Con las transacciones en línea aparecieron nuevos intermediarios, las Pasarelas de Pago que permiten realizar transferencias entre dos personas a través de Internet, simplificando los procesos de pago y cobro. Las partes tendrán acceso a múltiples medios de pagos para concretar las transacciones (efectivo, tarjeta, deposito o transferencia bancaria) a través de un único vínculo. El rol principal de estas plataformas se basa en simplificar a las cadenas de comercialización y consumo el acceso a los medios de pago. PayPal, Stripe o Mercado Pago son ejemplos de estos servicios.

En general, en ambos casos, los servicios se prestan sobre infraestructura informática, tanto hardware como software centralizados, lo que obliga a los proveedores a realizar enormes inversiones y a incurrir en altos costos de operación y mantenimiento de la misma. Para el caso de las empresas tradicionales y de mayor cantidad de clientes y volúmenes de operaciones las migraciones por avance tecnológico son costosas, traumáticas y resistidas, obligando, en muchos casos, a conservar implementaciones ineficientes e inseguras, incluso desde el punto de vista de la ciberseguridad.

Las criptomonedas son representaciones digitales de dinero, emitidas, transferidas, registradas y auditadas a través de redes informáticas que utilizan algoritmos matemáticos y servidores, generalmente descentralizados para anotar las transacciones.

Tal como su nombre lo indica, “cripto” proviene de encriptación, que es un procedimiento de seguridad que consiste en la alteración, mediante algoritmos, de los datos que componen un archivo. De esta forma se generan documentos simples de representación monetaria, muy difíciles de vulnerar, en consecuencia pueden circular a través de redes estándares, como lo es la Internet, de manera segura y a muy bajo costo operativo.

Las criptomonedas a diferencia de las monedas soberanas como lo son el peso, el dólar o el euro no cuentan con autoridades monetarias, tales como el Banco Central o la Reserva Federal, sino que son las mismas plataformas informáticas las que definen previamente “las reglas de emisión” de cada una.

Por otra parte, tal como su condición de digital refiere, no existen materialmente, es decir no hay cripto monedas acuñadas en metal, ni impresas en papel. La forma de acumularlas y transferirlas es por medio de billeteras electrónicas y para conocer su valor hay que recurrir a plataformas online como por ejemplo Binance, Coinbase o Bitfinex.

Bitcoin es una de ellas, desarrollada sobre una red consensuada que permite efectuar pagos por medio de una moneda completamente digital.

Fue lanzada el 1 de noviembre de 2008.

Su lógica se basa en un sistema contable de triple entrada en la que A paga a B y C intermedia, registrando las tres partes el asiento. El intermediario recibe una recompensa por anotar esa transacción. El total de créditos a emitir para remunerar este servicio será de 21.000.000 de unidades, o bitcoins, los que pueden fraccionarse en infinitas porciones.

La limitada cantidad de emisión de créditos para remunerar el registro de las transacciones, sumado al procedimiento de “halving”, que hace que cada cuatro años la recompensa a recibir se reduzca a la mitad, otorgan al bitcoin una expectativa revaluatoria y un verdadero desafío a sus mineros, (que son quienes ponen su capacidad de procesamiento y energía a disposición), a optimizar hardware y costos energéticos, sus principales insumos.

La volatilidad del precio de bitcoin durante sus 12 años de vida han hecho que su cotización oscile entre apenas un centavo de dólar hasta casi 30.000 USD en estos últimos días. Justamente es por este motivo que no haya cumplido con la expectativa de servir de común denominador de los bienes y servicios ofrecidos en la economía, pero sin dudas se ha convertido en la moneda digital de referencia para arbitrar entre otras criptomonedas y las monedas soberanas de todas las latitudes.

Por las características de su diseño informático, que observan dificultades en el registro de múltiples transacciones simultáneas y altos costos de procesamiento frente a otras criptomonedas, es dudoso su futuro como medio de pago. Sin embargo su limitada cantidad, la dificultad creciente en su generación y el rol que ha sabido conseguir en el mundo de los activos digitales, ha tentado a que muchos le apuesten como activo para reserva y futura valorización.

Pero sin dudas, el principal valor de los activos digitales radica en el factor que los aglutina a todos, sin distinguir criterio de emisión o respaldo, el hecho de poder generar ecosistemas transaccionales de intercambio de bienes, servicios o documentos en forma previsible, segura, auditable y económica es un logro atribuible a la tecnología de Blockchain.

Blockchain es un sistema de transferencia digital basado en la distribución de la información (o dinero) en multitud de nodos independientes (procesadores de usuarios) que registran y validan dicha información (token o certificado) en forma anónima, eliminando intermediarios e impidiendo que la información pueda ser borrada. La base de esta tecnología es el consenso, pues si todos los nodos tienen y comparten la misma información, la toman como válida. Simple, rápido, económico y sin intermediarios.

Esta tecnología permite originar activos digitales de diversas características, tales como

a) el bitcoin o el Etherium cuyo valor está fundado en la utilidad que tienen como autoridades de registro y potencial reserva de valor;

b) el Theter, que es una moneda convertible con el dólar, cuya regla de emisión indica que por cada uno que se emita debe haber uno de respaldo;

c) o un activo digital que permita fraccionar cualquier activo tradicional para facilitar el acceso y la transmisión entre quienes desean poseerlo, por ejemplo convertir en activos digitales un inmueble, un auto de colección o una obra de arte.

d) o generar certificados de autenticidad para validar identidades, contratos, calificaciones, registros, trazabilidad, mediciones remotas, o cualquier objeto, servicio o proceso susceptible de ser auditado y que requiera contar con una certificación formal.

En consecuencia, Blockchain es sin dudas la herramienta que revolucionará la manera de administrar procesos en los próximos años. Dará soporte a las transacciones dinerarias tradicionales, a la certificación de protocolos, a la verificación de calidades y procesos, y porqué no, al registro, atesoramiento y transmisión de nuestros ahorros.

Resumiendo, las tarjetas de crédito son medios de pago que han sido concebidos, principalmente, para autorizar compras en función a la capacidad de pago del adquirente, por tal motivo su sistema persigue calificar y proteger frente a potenciales fraudes a quienes gestionan sus créditos. Las pasarelas de pago permiten a quienes ofrecen sus bienes y servicios cobrar con distintos medios de pago facilitando las transacciones entre las partes. Las criptomonedas son activos digitales especulativos que se aspiran a cumplir con las funcionalidades del dinero tradicional pero de manera descentralizada y sin regulaciones gubernamentales. El bitcoin es una de ellas, tal vez la más reconocida y sin dudas la de mayor capitalización y usabilidad en nuestros días. Mientras que Blockchain es la forma de denominar al conjunto de tecnologías que permiten crear y administrar activos digitales, siendo tan revolucionaria que bajara varias veces los costos de las intermediaciones transaccionales monetarias y permitirá a que economías en situación crítica pueda contar con el impulso motivador para su activación sin necesidad de destruir la capacidad de reserva de las monedas tradicionales, pues además de generar liquidez en tiempos de escasez permitirá orientar el consumo hacia los segmentos que más lo requieran, integrando las cadenas de producción, comercialización y consumo en Pymes y economías regionales.

El cambio ya ocurrió, es cuestión de poco tiempo.

 

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