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Enero 06, 2021

La madre del borrego

Gustavo Ammaturo

Quien invierte en la Argentina apuesta en una lotería donde jugando a todos los números, a veces salen letras.

Es usual escuchar la expresión “ahí está la madre del borrego”. En general, quienes la utilizan lo hacen para dar a entender que, finalmente, han comprobado una verdad o han descubierto un hecho.

En este caso sirve de introducción para entender porque, entre otras cosas, Argentina paga por su deuda externa 10 veces más que la República del Perú.

Este dato, no menor, indica, que por el costo financiero asumido, la República Argentina podría deber 10 veces más de lo que debe, en término de los servicios que paga por intereses, o tal vez mejor, pagaría el 10% del costo que paga por la deuda vigente.

Obviamente que los prospectos de los bonos argentinos no indican estas relaciones, pero, las cotizaciones de los títulos en la actualidad, aun después de una renegociación con quita y prórroga en los pagos de los compromisos externos, reflejan la desconfianza de los inversores.

En busca de las causas que han llevado a esta situación comenzamos analizando las cuestiones políticas.

En nuestros tiempos las finanzas públicas y las políticas de gobierno y/o partidarias, circulan por diferentes caminos, sin que uno influya considerablemente en el otro. Tanto es así que temas jurídicos urticantes y sensibles como son la corrupción o la interrupción de gobiernos en forma abrupta y antes de la finalización de sus mandatos, han pasado desapercibidos, tanto en el costo de la deuda como en la cotización de las monedas de los países, sobran ejemplos en la región con Perú y Bolivia. En consecuencia, descartamos a la fragilidad política como causa.

¿Quizás la cuestión pase por la orientación política de los gobernantes de turno?.

Tenemos casos de gobiernos de centro izquierda que acceden a mercados de capitales internacionales fácilmente y a tasas convenientes, mientras que en nuestro país, la gestión del Ingeniero Macri, que representó la expresión de mayor orientación de centro derecha, con estrechos lazos con los países desarrollados, luego de emitir deuda en condiciones relativamente razonables en el año 2016 tuvo que resignar jurisdicción para la emisión de nuevos títulos en el año 2017, recurrir al Fondo Monetario Internacional en el año 2018 para luego “reperfilar” en el 2019.

No se encuentra en el signo partidario la explicación. Está claro que los financistas no hacen política sino negocios.

Hurgando en los libros de finanzas buscando cuáles eran las variables que se tienen en cuenta para otorgar créditos encontré dos conceptos fundamentales: garantías y capacidad de repago, obviamente en función al nivel de endeudamiento del tomador del mismo. En el caso de los países estos factores se miden en función al PBI anual, que es la suma de todos los bienes y servicios que su economía produce durante un año. Tampoco está aquí la explicación.

Mientras que en la Argentina la deuda no llega al 90% de su PIB, países como Japón registran relaciones del 237% ofreciendo rentas negativas a sus inversores. Si. No se si se puede entender bien. Existen inversores que prefieren entregar sus ahorros al estado Japonés para que luego de un tiempo les devuelva menos dinero del que le entregaron. ¿Loco no?.

También Italia presenta relaciones de deuda sobre PIB mayores que las nuestras, del orden del 140% y en los Estados Unidos, donde actualmente llega al 98%, pronostican para el año próximo que supere el 104%.

Cuando se trata de naciones, claramente el nivel de deuda sobre los ingresos ha perdido protagonismo a la hora de definir el costo financiero.

Fue entonces cuando “apareció la madre del borrego” camuflada en recurrentes titulares de los diarios de los últimos 70 años de nuestra historia. En ocasiones disfrazada con celebraciones y júbilo, en otras con profundo lamento, como si se tuviera consciencia de la verdadera magnitud del daño que ocasiona.

Esta madre del borrego ha sabido esconderse bajo novedosos y creativos formatos: Ley de emergencia, por única vez, superpoderes, congelamiento de tarifas, control de precios, corralito, corralón, percepciones, retenciones, pesificación, nacionalización de la deuda privada, estatización, blanqueos, default, reperfilamiento, esfuerzo compartido, teoría de la imprevisión, cláusula dólar, canje, megacanje, doble indemnización, prisiones preventivas, arrepentidos, nulidades, nombramiento discrecional de jueces amigos, mercados cambiarios múltiples, impuesto solidario, etc.

Cientos de conceptos que han significado una sola cosa: la permanente y desenfadada ruptura de los contratos bajo el amparo de una absoluta inseguridad jurídica.

Durante estos años me ha tocado explicar a inversores del extranjero diversas cuestiones referidas a la economía y las finanzas de nuestro país que resultan inentendibles. Desde la complejidad de nuestro sistema tributario hasta la imposibilidad de ejecutar cuentas a cobrar frente al incumplimiento del deudor. Ni hablar de tipos de cambios múltiples y como se puede ganar o perder fortunas arbitrando entre ellos, o, presentar un plan de negocios a cinco años en el año 2016 con un tipo de cambio de 15 pesos para que antes de concluir el cuarto periodo sea de 82, o 160. ¿Cual podrían uds?. Sin dudas la respuesta sería depende para que.

Quien invierte en la Argentina apuesta en una lotería donde jugando a todos los números a veces salen letras.

El riesgo empresario se disuelve frente al riesgo jurídico producto tanto de las medidas que adopte el Poder Ejecutivo, como de la leyes que sancione el Poder Legislativo y la aplicación e interpretación que pueda darle, en cada caso, el Poder Judicial.

Cuando hablamos de inseguridad jurídica, en general, hacemos referencia a los delitos contra las personas o los bienes, robos, secuestros, estafas. Referimos a las resoluciones de algunos jueces que liberan a detenidos infraganti o contemplan cuestiones discrecionales para favorecer o desfavorecer a quien esta de un lado o del otro del banquillo. Pero existe otra, tan nociva como las anteriores y también de orden público, pues nos afecta a todos y sus consecuencias trascienden generaciones. Convalidar cambios en las normas que regulan el funcionamiento de la sociedad con efectos retroactivos, modificando derechos adquiridos o acordados, resultan infinitamente más costosos que los efectos que se pretenden proteger y algo peor, en general para contemplar a unos pocos se han castigado a muchos.

Esta claro porqué Japón recibe fondos gratis, es más le pagan por que los reciba, o porqué los Estados Unidos encontró la solución a cualquier crisis económica imprimiendo billetes verdes. La fortaleza de las instituciones, particularmente la independencia de la justicia y el ejercicio de esta función de manera proba y previsible distingue a los pueblos del siglo XXI.

El mundo financiero no solo ve los ratios de las naciones sino que presta especial atención a la resolución de los conflictos entre particulares tanto con el Estado como entre ellos para decidir sus inversiones.

Pueden cambiar los gobiernos, las políticas de estado o simplemente las circunstancias, pero las leyes y las garantías deben ser respetadas.

El camino de la inseguridad jurídica nos ha costado y cuesta muy caro. El costo de la deuda pública, la permanente devaluación del peso y la falta de inversión son algunas muestras de lo que pagamos dia a dia.

En consecuencia, la madre es la inseguridad jurídica y el borrego la desconfianza.

Este costo lo pagamos todos por igual, en consecuencia, quien menos tiene es el que más paga.

 

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