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Febrero 17, 2021

En negro

Gustavo Ammaturo

Tal vez, la participación de la economía informal dentro del total sea uno de los exponentes que defina de qué lado del desarrollo se encuentre una nación.

Se define como economía informal o irregular al conjunto de actividades económicas “legales” que son invisibles al Estado. Las actividades ilegales tales como el narcotráfico, el contrabando o la venta de artículos robados no están incluidos dentro de esta clasificación.

Este fenómeno es más común en países subdesarrollados que en los del primer mundo y tal vez la participación de la economía informal dentro del total sea uno de los exponentes que defina de qué lado del desarrollo se encuentre una u otra nación.

Hacia finales del año 2019 el ranking de países cuyas economías registraban mayores participaciones informales se encontraban:

  • En primer lugar la República del Congo con un 96.5% de informalidad.
  • Camboya registraba un 90%.
  • En nuestro continente Bolivia, según datos del 2018 registró un índice del 77% de participación de las actividades irregulares por sobre el total. En general los países centroamericanos registran más del 60% de sus actividades económicas no declaradas fiscalmente.
  • Nuestro país declaró durante el año 2017 registrar actividades informales por menos del 50%.
  • Mientras que Chile y Uruguay se encuentran entre los más regularizados presentado guarismos en torno al 25%.

Más allá de lo llamativo de los números, formalizar las actividades económicas de un país es una verdadera oportunidad para incluir a quienes más necesitan.

En general, las razones que promueven tales irregularidades pueden resumirse en:

  1. Cuestiones de índole administrativo. La complejidad para cumplir en tiempo y forma con el pago de los impuestos nacionales, provinciales y municipales, que varían tanto en sus formas de liquidación como en las alícuotas sobre su cómputo o incluso las fechas de vencimiento, obligan a contratar a profesionales y gestores o a destinar muchísimo tiempo improductivo para pagar impuestos. Esto desalienta a los carentes de estructura, recursos o tiempo para ajustarse a las normas fiscales.
  2. Cuestiones sobre la seguridad social. La incidencia de las cargas sociales en las remuneraciones de las personas que trabajan en la economía formal elevan el costo laboral y reducen el ingreso efectivo de los asalariados. En muchos casos la expectativa de ingresos futuro productos de estas asignaciones patronales o retenciones resultan insuficientes y la reducción del poder adquisitivo de los aportes al sistema jubilatorio, producto de la inflación y el mal uso de los fondos recaudados, proponen “un mas vale pájaro en mano que cien volando”, dejando de lado la estrategia aportar para la jubilación. También debemos destacar que los planes que permiten a quienes no han aportado al sistema engancharse para luego obtener los beneficios igual que quien aportó toda su vida dejan entrever que incumplir es subsanable.
  3. Cuestiones sobre la legislación laboral. Dentro de este rubro debemos incluir a todas aquellas cuestiones que demandan atención de los empleadores en aspectos sindicales, seguros de accidentes por riesgo de trabajo, indemnizaciones por despido, jornadas laborales reducidas y cualquier otro logro social que para los trabajadores de la economía formal representan derechos irrenunciables y reclamables, mientras que para quienes se encuentran trabajando dentro de los sectores informales el perfil de empleador y las circunstancias del empleo dificultan estas formas e incluso su reclamo.
  4. Cuestiones de índole impositivo. Habiendo nombrado en el punto a) las cuestiones administrativas sobre los impuestos, ya sean inscripciones y liquidaciones, ahora es el turno de la carga tributaria y las formas de controlar el pago. La acumulacion de tributos de todas las jurisdicciones y la forma de liquidar los impuestos ponen al contribuyente en el lugar de socio mayoritario y financista del estado. Socio pues se lleva la parte más importante de la contribución del negocio y financista porque más allá de haber o no percibido el dinero por las operaciones de la actividad, los impuestos deben abonarse independientemente del cobro del negocio que dio origen. Tanto las posiciones de IVA o el impuesto a los ingresos brutos sobre facturas no cobradas como los anticipos, percepciones y adelantos forman parte de estas especies. Dentro de este rubro vale incluir a las permanentes moratorias y blanqueos que permiten a bajo costo pasarse del bando de los informales a los cumplidores, dejando a quienes han cumplido con el sabor de que el esfuerzo no es reconocido y que los informales salen favorecidos.
  5. Cuestiones de escala o geográficas. Por último hacemos mención a la escala y la localización de las actividades en cuestión. Muchas actividades se realizan en lugares remotos, inaccesibles y carentes de infraestructura para integrarse a los sistemas informáticos fiscales. También existen tareas prestadas por cuentapropistas de menor magnitud que desconocen procedimientos o la mera existencia de los impuestos, pues sus apenas satisfacen sus necesidades fundamentales.

La digitalización de los procesos tributarios y las posibilidades de cruzar información entre producción, comercialización y consumos personales y corporativos ha dificultado el incumplimiento de los sectores que interactúan entre las actividades formales y las informales, poniendo en evidencia a los incumplidores, facilitando al recaudador exigir el cumplimiento. Sin embargo la respuesta al avance informático, lejos de llevar hacia una mayor formalización de la economía, ha promovido más informalidad. Cadenas productivas completas han pasado a la clandestinidad buscando mejorar sus resultados o finanzas.

La regularización de la economía está íntimamente asociada con la formalización del empleo, con lo cual incluir en la agenda pública la importancia de fomentar y flexibilizar la actividad económica producirá un doble efecto ordenando también al trabajo.

Menos trámites para registrar y habilitar a las actividades económicas, impuestos más sencillos de liquidar, unificación de las cuentas recaudadoras nacionales, provinciales y municipales, simplificación de los documentos, digitalización e informatización de los procesos son algunas de las acciones, que, sin significar reducir la carga tributaria pueden mejorar las proporciones hacia la economía formal.

Una mayor segmentación de los contribuyentes en virtud a la facturación para implementar sistemas tributarios simplificados sin duda darán la posibilidad a pequeños empresarios, cuentapropistas y profesionales independientes a cumplir con sus obligaciones fiscales y gozar de los beneficios que esta circunstancia debería traer aparejado.

Siendo este otro punto fundamental a tener en cuenta.

Estar incluido dentro del sistema formal de producción debe traer beneficios. Muchas veces estos existen pero son mal comunicados.

Programas de incentivos fiscales, préstamos a largo plazo, tasas de interés subsidiadas, diferimientos impositivos, o incluso la participación en ferias internacionales promovidas por el estado para ofrecer bienes o servicios, son algunas de las formas en la que los contribuyentes pueden verse favorecidos por el rol del recaudador.

Para la “economía en blanco” menos es más. Menos burocracia permite más trámites. Cuanto menos complejos sean los procedimientos más podrán cumplirse. A reglas menos cambiantes mayor será el nivel de cumplimiento. Menor carga tributaria, mayor recaudación.

 

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