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Abril 14, 2021

Apostar por Argentina

Gustavo Ammaturo

Desde "el que apuesta al dólar pierde", pasando por "les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo", hasta "el que depositó dólares, recibirá dólares", los gobiernos argentinos nos han pedido que apostemos por el país.

Tal vez pocas frases definan mejor a los frustrados intentos de los sucesivos gobiernos por inculcar en forma de campaña publicitaria o directamente como un mandato divino a que los argentinos ahorremos en nuestra propia moneda.

Frases memorables como “el que apuesta al dolar pierde”, pronunciada por Lorenzo Sigaut, al asumir como ministro de economía el 29 de marzo de 1.981, aspiraban al tan anhelado shock de confianza para calmar una inflacion de mas del 130% anual y que habia terminado, nada menos que con la gestión, al frente del gobierno militar, de Jorge Rafael Videla.

De más está recordar que poco efecto surtió el intento, Sigaut no convenció a nadie y al igual que un embarazo complejo a los nueves meses las sucesivas devaluaciones cargaron no solo con él sino con el presidente Viola que fue quien lo había nombrado en su cargo.

Otras no menos célebres como la pronunciada por el ministro de economía del presidente Raul Alfonsin, Juan Carlos Pugliese en 1.981, "Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo".

O la del presidente De La Rúa cuando en los inicios del año 2.001, tal vez el más caótico en términos económicos y sociales de los últimos 20 años, "El 2001 será un gran año para todos. ¡Qué lindo es dar buenas noticias!", que sirvió de antesala para que uno de sus sucesores, Eduardo Duhalde, asegurara que "El que depositó pesos, recibirá pesos. El que depositó dólares, recibirá dólares",durante su discurso en la Asamblea Legislativa de su asunción como presidente de los Argentinos,para que luego de unos pocos días aparecieron figuras tales como la pesificación asimétrica, el esfuerzo compartido, las medidas cautelares judiciales y tantas otras cuestiones, propias de los avatares cambiarios de nuestro querido país.

En el pasado reciente, el presidente Macri acuñó varias para incorporar al archivo de promesas y objetivos declarados y no cumplidos, que invitaban a confiar en Argentina.

Desde el discurso de campaña que presentaba como “algo rápido y sencillo bajar la inflación”, hasta la invitación a blanquear capitales argentinos en el exterior y no declarados., “Hay miles de millones de dólares de argentinos en el exterior, que se los llevaron por falta de confianza. Los invitamos a ‘repatriar’ esos fondos .

“Necesitamos que todos apostemos, ya no tenemos un gobierno que viene a meter palos en la rueda, que viene a estafarnos. Tenemos un gobierno que viene a decir la verdad”.

La verdad en esos días tenía cuatro ejes fundamentales:

Las propuestas de equipos idóneos, responsables y probados para conducir al país.

Las amenazas de los mercados internacionales de incluir a la Argentina en protocolos de auditoría y control de capitales e informar a la autoridad recaudatoria las posiciones de los argentinos en el exterior.

Las promesas de solvencia fiscal, reducción impositiva, promoción a las inversiones y desaliento a la especulación.

La protección de los derechos de todas las partes y el cumplimiento de los contratos.

Como broche de oro la administración del presidente Macri propuso “un último blanqueo con condiciones muy ventajosas para los evasores, convertidos en víctimas de los anteriores gobiernos de turno, que obligaron a refugiarse en otros países a exiliados capitales que huyeron de una muerte segura en nuestros suelos”.

Si repasamos cada uno de los pilares de la propuesta iniciada en diciembre de 2.015 nada fue como se propuso.

La propuesta no alcanzó los objetivos. La tan promocionada meta de bajar la pobreza a cero lejos de reducirla la aumentó a cifras escalofriantes.

La amenaza pasó inadvertida, pues luego del cierre de la fecha para presentar las declaraciones sobre el blanqueo, funcionarios, medios nacionales e internacionales y asesores financieros dejaron de hablar sobre los peligros del dinero bancarizado en el exterior y no declarado.

La promesa no se cumplio, pues el despilfarro fiscal se incrementó, pero en este caso con endeudamiento en dólares, de más está decir, que los argentinos y el dólar tenemos una historia rica en conflictos sociales y crisis políticas.

La protección de los derechos y el cumplimiento de los contratos tampoco produjeron efectos sociales o económicos sostenibles. Sobra como muestra de ello que se actualizaron las tarifas sobre los servicios públicos, pero no se mejoraron ni la calidad de servicio ni la aplicación de penalidades por los incumplimientos de las empresas. Se realizaron licitaciones para realizar proyectos de inversión público privados (PPP) pero no se firmaron ni ejecutaron los contratos. Los bancos en la Argentina durante los años 2.016 y 2.017 pagaron por las colocaciones en pesos las tasas más altas del mundo si consideramos su referencia con el valor del dólar pues durante este periodo la divisa se actualizó muy por debajo de la tasa de interés.

Ya sabemos como terminó esto.

Pero imaginemos por un rato si algún inversor argentino, medio caido del catre y sin haber leido algunas paginas de la historia económica de nuestro país hubiera apostado a favor de las propuestas de Cambiemos, en el entendimiento de que todo iría mejor, que el mercado resolvería las divergencias y que lloverian las inversiones dejando florecer a los tan ansiados brotes verdes.

Esta persona imaginaria contaba en sus cuentas del exterior con una fortuna de 11.414.209,62 dólares (ahora parece un número caprichoso pero mas adelante verán que no lo es)

Con algo de dolor, pero con visión de futuro hacia una tierra prometida, desembolsó 1.141.420 dólares, para abonar el tributo extraordinario y por “única vez” del 10% .

Mientras tanto, el periodista y futuro ministro de economía Nicolas Dujovne hacía mención del bajísimo nivel de endeudamiento que tenía la República Argentina y de la oportunidad que representaba entrar en los mercados internacionales de crédito.

Con total lógica y como muestra adicional de nacionalismo y confianza, este afortunado y ahora blanqueado millonario adquiere bonos argentinos soberanos que para mediados del año 2017 cotizaban en promedio 104,84 dólares cada 100, es decir que se vendían sobre la par.

Desde aquel momento todo tiempo pasado fue mejor.

Los títulos públicos argentinos no dejaron de caer.

En el siguiente cuadro podemos ver cómo se produce el deterioro del valor de la deuda pública externa argentina llegando a valer hacia finales del año 2.020 y luego de una reestructuración, posterior al reperfilamiento sugerido en 2.019 poco más del 20% de lo que cotizaba en sus máximos, apenas tres años atrás.

 
 

 
 

Ahora van a entender porque el dinero con el que contaba nuestro supuesto inversor no es un número al azar.

Recordamos que antes del blanqueo tenía: 11.414.209

Pago por el sinceramiento fiscal: -1.141.420

Quedaron: 10.272.788

Compro Títulos Públicos Soberanos por: 9.7753.694 pues cotizaban 104,84

Hacia diciembre de 2.020 cotizaban 24,26,es decir que tiene: 2.371.504, que al cambio de corte para el cómputo del impuesto a las grandes fortunas supera los 200.000.000 de pesos previstos como base para tal imposición.

En consecuencia, si esta historia fuera real, el contribuyente habría tributado y aportado al país, entre impuestos y quitas crediticias:

1.141.420 dólares por pago del sinceramiento

7.901.284 dólares por pérdida por reperfilamiento, reestructuraciones y futuro default

Sin embargo, a pesar de haber perdido más de 9 millones de dólares de su patrimonio, el saldo remanente lo posiciona por encima de los exentos al tributo especial a las grandes fortunas. En consecuencia se le aplica el 2% para tal impuesto.

47.537 dólares por el impuesto de Ley 27605/2020 o a las grandes fortunas.

A simple vista observamos que apostar al país le habría costado a este supuesto inversor el casi el 80% de su patrimonio en apenas 3 años.

Ahora es fácil entender porqué hay países que ofrecen tasas negativas para sus bonos soberanos o porque el bitcoin no deja de crecer en sus cotizaciones.

La apuesta se relaciona al riesgo, a la timba, mientras que la inversión se asocia a la gestión, al trabajo y al crecimiento.

Confiar en los mensajes que han dado los sucesivos gobiernos de nuestro país, en especial cuando ofrecían cambiar hacia modelos de economías más abiertas y libres siempre han dado malos resultados.

Cualquier activo financiero en Argentina es de enorme riesgo.

Parece increíble que apostar a un bono soberano argentino en el año 2017 significó perder el 80% del capital invertido.

Si nuestro desafortunado inversor hubiera preferido el riesgo extremo de apostar todo su dinero al bitcoin, durante el año 2017 el precio promedio del activo digital estuvo alrededor de los 5000 dólares, es decir que con su posición post blanqueo hubiera comprado algo más de 2000 bitcoins que al precio de estos días superan los 125 millones de dólares.

Si no cambiamos estas realidades, el rigor de un diario del lunes que se repite, pondrá de manifiesto que ningún activo local puede tener un precio de referencia y que invertir en Argentina es más riesgoso que comprar un activo digital, sin más respaldo que la confianza de sus adquirentes, algo que nuestras propuestas carecen desde hace muchos años.

 

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