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Abril 23, 2021

Cómo manejar la volatilidad de las inversiones y no morir en el intento

Daniela Wechselblatt

El riesgo a tomar debe estar determinado por nuestro perfil de inversor y no por la coyuntura del mercado.

En estos últimos meses hubo acciones que multiplicaron su precio en cuestión de días, triplicaron en semanas y luego cayeron a la mitad. Esto ocurrió con compañías como Snowflake, Desktop Metal y Skillz, entre otras. Si una empresa con determinado modelo de negocio, ventas, márgenes valía por ejemplo 66 billones como ocurrió con Snowflake en noviembre de 2020, ¿Cómo es posible que menos de un mes después valga más de 110 billones?

Ejemplos como el de Gamestop y otras, cuyo valor fue influenciado por la red social Reddit, denotan el gran desvío que puede sufrir el precio de una acción con su valor fundamental con tanto ruido de traders y operadores de corto plazo. No estamos juzgando la solidez de las compañías sino simplemente marcando su volatilidad.

Cambios de perfil de riesgo

Este apetito desmedido por el riesgo trajo como consecuencia que muchos inversores deseen ir por más y aumentar en gran medida su inversión en acciones impulsados por el objetivo de obtener retornos más elevados. Argumentan que se están “adaptando a la nueva coyuntura” y de esta manera vimos a muchos inversores que en su vida habían tomado riesgos corriendo detrás de esas acciones, sufriendo el famoso síndrome FOMO (“Fear of Missing Out” – Miedo a perderse “la fiesta”).

En esta decisión hay un error de fondo que debemos resaltar: el riesgo a tomar debe estar determinado por nuestro perfil de inversor y no por la coyuntura del mercado.

A diferencia de lo que muchos creen, la asignación estratégica de nuestra cartera por clase de activo no se define por las condiciones del mercado del momento, sino que está dada por nuestro perfil como inversor. Es decir, el porcentaje de capital que colocaremos en renta fija, en renta variable, en commodities, en criptomonedas, etc., depende de los objetivos de riesgo y retorno propios y no de la tendencia bursátil.

Cómo se determina el perfil del inversor

Cuando estamos en una fase de mercado alcista, es muy fácil dejarse tentar por las altas rentabilidades. La clave es no olvidarse que el mercado tiene ciclos y que por más de que en el largo plazo las acciones tienden a subir, debemos poder tolerar la volatilidad en el corto plazo y evitar tomar riesgo en exceso del que nos podamos arrepentir. Cuando vamos a elegir el tipo de cartera que queremos tener, debemos preguntarnos:

  • Qué retorno deseamos: realista y consistente con las expectativas de mercado para el largo plazo. Si pretendemos ganar un 40% anual con un riesgo moderado estaríamos planteando objetivos irreales ya que ese rendimiento trae aparejada la toma de riesgos muy elevados.
  • Qué riesgo queremos asumir y qué limitaciones tenemos: cuánto riesgo el inversor quiere tomar, y cuánto en verdad puede. Nos referimos al deseo de tomar riesgo vs. la habilidad. Una persona puede querer tomar mucho riesgo, pero si va a necesitar del capital invertido, su habilidad para hacerlo baja. No querríamos salir con pérdidas en medio de una crisis por necesitar de ese capital en el peor momento. Tener en cuenta el horizonte temporal y las necesidades de liquidez es un paso clave. A mayor plazo y menores necesidades de liquidez, podríamos eventualmente arriesgarnos más porque contamos con el tiempo para esperar una recuperación si hiciera falta.

Una vez que comprendemos cuál es la forma correcta de llevar a cabo el armado de nuestra cartera alineada con el riesgo, nos podemos replantear la decisión cuando nos tentemos a cambiar su estructura radicalmente. Cuando el mercado sube queremos tener acciones, aumentando el riesgo para ganar más y cuando la economía entra en recesión queremos tener bonos y activos conservadores para recortar las pérdidas. El problema es que como no tenemos la bola de cristal resulta imposible tener el timing perfecto para poder entrar y nuevamente para salir.

Asignación estratégica vs. táctica

La asignación estratégica puede ser levemente ajustada por la táctica dónde si se toma en cuenta el timing del mercado, pero tiene sus limitaciones. Idealmente deberíamos permitirnos un desplazamiento de +/- 10% de la estrategia. Por ejemplo, si nuestro perfil es moderado y tenemos 70% en renta fija y 30% en renta variable, un mercado favorable nos habilitaría a cambiar esa ponderación a un 60%/40% respectivamente.

Fuente: DW Global Investments

Mantener esta asignación estratégica a lo largo de los años e ir ajustando tácticamente la cartera de acuerdo con la coyuntura es el escenario ideal. Agregar valor a través de la asignación táctica de activos es un gran desafío y debería ser usada para incrementar el retorno. Una estrategia de inversión sólida contempla ambos tipos de asignación de activos, pero la táctica nunca reemplaza a la estrategia.

Dos cosas son seguras: siempre hubo crisis económicas y financieras, y siempre que el S&P (el índice de las principales empresas americanas) cayó, en el largo plazo se recuperó. Lo que sí tenemos que evitar es actuar siguiendo noticias, foros, impulsos y sin hacer análisis fundamental.

Una mayor volatilidad en la cartera significa mayores rendimientos a futuro siempre que nuestro perfil esté acorde, el riesgo esté justificado con mayores retornos y tengamos el temperamento para manejar la ansiedad en las caídas fuertes.

 

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