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Abril 20, 2021

Ecología: En busca de los intereses comunes

Gustavo Ammaturo

Inversiones verdes y sustentables: ¿Dónde pondrías tu dinero?

Contaminación y actividad económica

Si bien la responsabilidad social empresaria no se encuentra definida ni por leyes, decretos o normativas formales, involucra a todas aquellas prácticas, “autorreguladas” por las compañías y corporaciones con el objeto de contribuir con el cuidado del medio ambiente y la sociedad, en general, de los lugares en donde ejercen sus actividades.

Ya, en 1.994, John Elkington definió el concepto de “Triple resultado” como consecuencia de la consideración por parte de las actividades de las empresas, vinculando al tradicional resultado económico y financiero, los efectos sociales y medioambientales que han producido dentro del periodo de evaluación.

Entre los múltiples conceptos que se incluyen dentro de las prácticas responsables haremos foco sobre los que refieren al impacto de la actividad empresarial y social con el medioambiente y la consciencia sobre los efectos que la propagación de los gases efecto invernadero tienen sobre la tierra.

Desde hace décadas la gran mayoría de los estados del mundo han manifestado su preocupación por la contaminación y el calentamiento global.

Iniciativas como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el calentamiento global del año 1.992, o el famoso Protocolo de Kyoto de 1.997 han pretendido ser la semilla para poner sobre la agenda la problemática, aunque luego de casi treinta años pocos resultados se han obtenido.

El compromiso asumido en Kyoto, Japón, por algunos estados y empresas en reducir los impactos climáticos y biológicos en el medio ambiente producto de los procesos productivos, industriales y comerciales sólo resultan exigibles a los firmantes del acuerdo y muchos de los grandes responsables no formaron parte expresa de esos intentos.

Bonos de carbono: Una argentina al frente de la propuesta.

Buscando una propuesta conveniente desde el punto de vista económico para que las empresas que inicien el camino de la reducción del impacto producido por sus actividades, una economista nacida en la Argentina, Graciela Chichilnisky, que actualmente es profesora en la Universidad de Columbia, en los Estados Unidos, presentó en 1.993 la propuesta de utilización de los bonos de carbono. Este trabajo junto con su teoría formal de Desarrollo Sostenible de 1.996 y la participación como representante estadounidense en el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, le confirieron el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz en 2007.

Básicamente, el sistema de bonos de carbono, permite a las empresas contribuir a la mejora de la calidad ambiental y así regular el impacto que sus actividades tienen mediante la emisión de certificados de CO2, considerando el derecho a emitir CO2 como un bien canjeable y con un precio establecido en el mercado.

Un bono de carbono representa el derecho a emitir una tonelada de dióxido de carbono, beneficiando a las empresas que no emiten o disminuyen la emisión y haciendo pagar a las que emiten más de lo permitido.

El trabajo realizado por aquellos representantes que buscaban la forma de concientizar a gobernantes, empresarios y habitantes de nuestro planeta sobre los efectos de las prácticas que degradan nuestras tierras, aguas y aire han comenzado a germinar en forma de organizaciones protectoras de biodiversidad, especies vegetales y animales, y en nuestros días en la voces de jóvenes millennials que perciben de manera innata la responsabilidad que tenemos todos sobre lo que pasa y pasará a nuestro entorno, como Greta Thunberg, la adolescente sueca, fuente de inspiración de un movimiento internacional para luchar contra el cambio climático.

“Ecología y bitcoin”

Muchos de los inversores en activos digitales, en su gran mayoría jóvenes, han manifestado sus diferencias con respecto a la falta de consideración con el concepto “economía verde” del Bitcoin, a tal punto de enunciar que este tipo de “dinero virtual deja una huella de carbono real”.

El algoritmo de Bitcoin exige cantidades crecientes de capacidad de procesamiento en computadoras para validar las transacciones. De hecho, en nuestros días, si fuera un país, su huella de carbono estimada anualizada sería comparable con la de Nueva Zelanda en aproximadamente 37 millones de toneladas de dióxido de carbono. Sus detractores sostienen que una transacción de Bitcoin genera el equivalente de CO2 que 706,765 pases de una tarjeta de crédito Visa.

La evolución tecnológica no es ajena a la problemática medioambiental

No todas las criptomonedas necesitan algoritmos que demandan cantidades de energía para su procesamiento. De hecho la tecnología sobre la que circulan los activos digitales, Blockchain, será fundamental para mejorar la interacción de las finanzas con el ecosistema ambiental.

Esta tecnología permite crear, administrar y auditar certificados digitales de carbono. La tecnología Blockchain proporciona los componentes básicos para lo que se conoce como organizaciones autónomas descentralizadas, permitiendo que los compromisos climáticos de los estados, las empresas y las personas se vinculen con las iniciativas climáticas transnacionales y acciones climáticas individuales.

Los instrumentos de fijación de precios del carbono basados en el mercado, como los esquemas de comercio de emisiones, a menudo enfrentan desafíos en torno a la recopilación de datos, el procesamiento y el análisis de la transparencia que hacen que la realización de transacciones en diferentes sistemas sea bastante compleja. La adopción de Blockchain, Big Data, Internet de las cosas y otras tecnologías disruptivas promete abordar las necesidades de los mercados climáticos de nueva generación para desarrollar, gestionar y armonizar la información de las acciones de mitigación de los gases de efecto invernadero en múltiples sectores industriales y jurisdicciones gubernamentales.

Certificados de oxígeno en Blockchain: Una vez más Argentina.

En la actualidad existen varios proyectos de activos digitales basados en formas de compensar la emisión de CO2.

La Fundación Iberoamericana de Telemedicina está próxima a lanzar bajo la forma de activo ecológico certificados de carbono digitales bajo la tecnología de Blockchain.

En el entendimiento de que para que existan industrias cuyos procesos generan desechos tóxicos o se utilicen productos químicos contaminantes para los procesos productivos, ambos pasivos ecológicos, debe existir un activo ambiental que lo compense, la primer respuesta que debe resolverse es la compensación por la conservación de los pulmones naturales existentes.

Selvas, bosques y praderas naturales, muchas de ellas inaccesibles y en apariencia de poco valor económico hacen de contraparte a la emisión de gases de efecto invernadero de actividades como la ganadería, curtiembres, centrales térmicas de generación eléctrica o incluso cualquier medio de transporte no eléctrico.

El modelo económico actual castiga a quien posee conciencia ambiental y premia al inconsciente, pues mientras que el primero conserva activos sin valor comercial, los segundos se llevan gratis el beneficio de la compensación.

Al mejor estilo del Fray Luca Pacioli, reconocido por haber formalizado el sistema de partida doble, base de la contabilidad de nuestros tiempos, los certificados ambientales en Blockchain son una manifestación digital, transferible, auditable y registrable de la capacidad de compensar la emisión de gases de efecto invernadero.

Combinando tecnología satelital para identificar las especies vegetales que están presente en un predio, las bases de datos sobre las capacidades de generación de oxígeno y compensación de CO2 de cada una, y Blockchain, los propietarios de este tipo de tierras podrán canjear la titularidad de dominio por certificados representativos del aporte que cada hectárea hace.

Estos certificados serán adquiridos por los generadores de pasivos ambientales para que en sus balances se incorporen como inversión y compensación de acuerdo con su responsabilidad social empresaria. De esta forma, el activo y la deuda se encuentran dentro del mismo estado de resultados.

Uno de los aspectos más interesantes a considerar es que gran parte de estas tierras son fiscales y se encuentran en manos de los estados nacionales, en consecuencia el rol indelegable de auditar y conservar físicamente los predios podría recaer en el estado y obviamente percibir ingresos por ello.

La evolución social, en primer término, plasmada en la conciencia ambiental de las actuales y futuras generaciones, la necesidad fáctica de resolver los efectos nocivos para la vida del hombre y otras especias por la emisión de gases de efecto invernadero, la transparencia que proporcionan los productos realizados utilizando Blockchain como herramienta y la conveniencia de premiar a quienes conservan terrenos vírgenes que ayudan a compensar nuestras contaminaciones hacen de estos tiempos momentos especiales en la historia para generar un punto de inflexión en el que cumplir con los compromisos medioambientales sea también un buen negocio.

Al igual que los bitcoins, la capacidad de compensar CO2 es un elemento finito, pero la diferencia es que sin la criptomoneda la humanidad ha sobrevivido miles de años, en cambio sin oxígeno sería imposible.

¿Dónde pondrías tu dinero?

 

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