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Julio 29, 2021

¿A dónde van los dólares?

Gustavo Ammaturo

Quizás nos encontremos frente a una nueva y fenomenal burbuja

En grandes rasgos los bancos centrales cuentan con dos herramientas principales para preservar el valor del dinero y acompañar con políticas monetarias las circunstancias de la economía de los países en donde actúan, son la tasa de interés que ofrecen para tomar prestado el mismo dinero que imprimen y la emisión de dinero.

Ambas herramientas hacen de efecto palanca, tanto para “calentar como para enfriar” la actividad económica.

Básicamente, cuando se busca enfriar a la economía se recurre a la suba de la tasa de interés, lo que provoca que una parte del dinero que antes se destinaba a consumo deba ir al pago de mayores intereses, mientras que por el contrario, cuando la actividad y el consumo caen se recurre al camino inverso, es decir la baja de la tasa de interés.

Sin embargo, existen circunstancias extraordinarias en la que la tasa de interés no alcanza.

Un claro ejemplo ha sido la crisis económica y financiera producto de las restricciones y cambios de hábitos en las personas producidas por la pandemia del Covid-19.

A pesar de que las tasas de interés estaban muy bajas, incluso en algunos casos negativas, el efecto devastador sobre el ingreso de las personas y por ende en el consumo demandó cirugía mayor y sin anestesia.

Al igual que cuando un enfermo está al borde de la muerte, lo más importante es salvar la vida. Los profesionales no dudan frente al peligro inminente suministrar drogas peligrosas o realizar procedimientos traumáticos, del mismo modo los bancos centrales recurrieron a la emisión monetaria y a la distribución de ese dinero para, fundamentalmente, sostener el consumo.

El 2.020 pasará a la historia como el de mayor emisión de dólares de los últimos 50 años. De hecho, aproximadamente uno de cada cuatro dólares que existen inició su circulación durante el año pasado.

En paralelo, mientras que la Reserva Federal inyectó dinero, el gobierno americano multiplicó su deuda para financiar un gasto público extraordinario.

Más allá de que el dólar es la moneda más utilizada como referencia para el arbitraje entre otras monedas y como medio de pago predominante del comercio internacional, la degradación que está sufriendo por el exceso de su emisión sumado a los pasivos que los Estados Unidos deberán afrontar por su deuda pública prenden luces de alerta en las finanzas internacionales.

Siguiendo con la analogía entre un paciente enfermo y la actividad económica, la tasa de interés extremadamente baja y la emisión monetaria desmedida son intervenciones sensiblemente tóxicas si se sostienen en el tiempo sin revisar la ecuación de costo - beneficio, identificando hacia dónde va ese fenomenal flujo de incentivos monetarios.

 

El destino de la expansión monetaria según pasan los años

  • Expansión monetaria y actividad económica.

Analicemos la evolución de dos indicadores, M2 y PBI. El primero representa la acumulación de todas las monedas y billetes en manos del público y las reservas de los bancos, denominados M1, junto con los depósitos a corto plazo (hasta dos años), que tiene el sistema financiero. El segundo es la suma de los bienes y servicios que se ofrecieron durante un tiempo en la economía.

Desde 1971, el M2 del dólar creció constantemente. Sin embargo, hasta el año 2.000 una buena parte del dinero agregado se volcó hacia una mayor oferta de productos en la economía real cada año. PBI y M2 marcharon parejos.

Pero desde principios de la década de 2000, la velocidad del dinero se viene desplomando, los nuevos dólares que ingresan al sistema financiero no fluyen hacia la economía real, el PBI no crece en función al incremento del M2.

  • Expansión monetaria y deuda pública

Desde el fin de la crisis de las punto com y aún más desde el colapso financiero del año 2.008 gran parte del dinero emitido terminó nuevamente en las manos del emisor a través de los bonos del tesoro.

Esto permitió que el déficit fiscal de los Estados Unidos cuente con financiamiento infinito. El efecto de emitir sin restricciones, sumado al de recibir ofertas de custodia de esa emisión a tasas cada vez menores constituyen el sueño de cualquier ministro de economía.

Cuanto más emite más le ofrecen en préstamo, permitiendo pagar cada vez menores rentas.

  • Expansión monetaria e instrumentos del mercado financiero

Sin embargo, durante el 2.020 la monstruosa cantidad emitida superó las posibilidades de absorción de la misma en deuda pública.

Nuevas esponjas financieras aparecieron captando ese excedente, cada vez mayor.

Si observamos la evolución del M2 y el índice bursátil SP (Standard and Poors) vemos claramente hacia dónde ha ido gran parte de ese dinero.

Acciones tecnológicas de compañías que no generan ganancias o que proyectan niveles de actividad dudosamente alcanzables o start ups consiguieron fondos impensados en otros tiempos, mientras que los gigantes de siempre duplicaron o triplicaron sus valorizaciones.

  • Expansión monetaria y activos digitales

Tan grande ha sido el abuso valorativo de los títulos de deuda y participaciones accionarias en los mercados de valores tradicionales de los países centrales que en la búsqueda de propuestas creativas y “controlables” trillones de dólares fluyen hacia las criptomonedas y alternativas tecnológicas derivadas de ellas, delegando en software y hardware descentralizado el señoreaje reservado hasta ahora solo para organizaciones gubernamentales o instituciones financieras internacionales.

A diferencia de otros tiempos, desde hace años la mayor parte del nuevo circulante termina atrapado en el sistema financiero.

Lejos estamos de una crisis de crecimiento que podría generar aumentos de precios en los bienes y servicios producto del consumo que avanza, prueba de ello es que el PBI crece en proporción mucho menos que el incremento monetario.

El mercado orientó una mayor parte de sus colocaciones fuera de la deuda pública americana. Frente a un PBI que no crece en relación con la deuda el atractivo es cada vez menor. Muchos de los países desarrollados registran ratios de endeudamiento que hace apenas unos pocos años hubieran hecho colapsar al sistema financiero internacional.

Las valuaciones de los activos bursátiles han alcanzado un punto tal que escapan a cualquier criterio evaluativo moderno, convirtiendo en un acto de fé, algo que no merece ser probado, su cotización.

¿Nos encontraremos frente a un exceso de confianza en los activos financieros o a la falta de confianza en el dinero?

Salvo que los inversores decidan salir de sus colocaciones en forma coordinada para pasarse a productos de la economía real el escenario inflacionario parece poco probable.

Rara vez los cambios de tendencia en los mercados son racionales y coordinados.

Quizás nos encontremos frente a una nueva y fenomenal burbuja que una vez que explote tiña de lógica malthusiana a los sistemas financieros internacionales, solo que esta vez a diferencia de ejercerse el control sobre la natalidad se haga por medio de una terrible aniquilación del valor de los activos financieros para licuar el exceso de circulante.

 
 
 

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