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Julio 05, 2021

"Páguenles más"

Gustavo Ammaturo

Es común escuchar en estos días que los programas de asistencia económica que el Estado ha otorgado a los ciudadanos a través de cheques, devoluciones y exenciones impositivas, habían desalentado a una gran parte de los trabajadores a volver a sus empleos.

El pasado 24 de junio, el presidente de los Estados Unidos Joe Biden convocó en la Casa Blanca a una conferencia de prensa. En la misma informó que diez congresistas, cinco de cada uno de los dos partidos principales de la nación, demócratas y republicanos, habían alcanzado un acuerdo que permitirá crear millones de empleos y modernizar la infraestructura estadounidense para competir con el resto del mundo y liderar el siglo XXI.

El discurso contó con un mea culpa dirigido a la clase política en general, señalando que “..dedicamos demasiada energía a competir entre nosotros y poca energía a competir con el resto del mundo para ganar el siglo XXI”.

En diversas oportunidades durante el transcurso de su relato el presidente remarcó que el ambicioso plan de infraestructura, que recorre todos los rubros, desde telecomunicaciones hasta vías y carreteras, generará millones de puestos de trabajo “bien remunerados”.

A continuación continuó su exposición agregando que próximamente se anunciarán programas para completar la inversión en infraestructura con la de capital humano, es decir educación y salud para las personas.

Sin embargo, uno de los párrafos que más me ha llamado la atención es el que da título al presente artículo.

Es común escuchar en estos días que los programas de asistencia económica que el estado ha otorgado a los ciudadanos a través de cheques, devoluciones y exenciones impositivas, habían desalentado a una gran parte de los trabajadores a volver a sus empleos.

El comentario del presidente Biden comenzó reconociendo que en estos tiempos les cuesta a los empresarios conseguir buenos empleados. Acercando la cara al micrófono y con voz susurrante expresó a modo de sugerencia, “páguenles más”, agregando que los empresarios van a tener que competir entre ellos para conseguir más y mejores empleados.

Escuché por primera vez, de casualidad, la conferencia de prensa y luego busqué su transcripción en el sitio de la Casa Blanca.

Había quedado dando vueltas en mi cabeza que podía observar cómo se produce la tan comentada “teoría del derrame”. Una vez alcanzado el pleno empleo y ante la falta de oferta de un bien o servicio, como en este caso la fuerza laboral, la demanda, es decir los empleadores debían pagar mejores sueldos.

  • Una típica respuesta capitalista a un problema de mercado

Con el transcurrir de los días la percepción fue variando.

Durante los últimos dos años, salvo excepciones, como algunas empresas tecnológicas, la gran mayoría de las compañías han sufrido significativas caídas en sus ventas y pérdidas económicas. Muchísimas corporaciones tradicionales quebraron y cientos de miles de empleos se perdieron. Aún hoy persisten locales cerrados por todo el país y sectores como el turismo y los entretenimientos no logran volver a la normalidad.

Por otra parte, las demandas laborales se concentran en especialidades técnicas y profesionales desconocidas por la mayoría de los desempleados.

Sin embargo, distinta es la situación de muchos de los accionistas de las empresas que han conseguido pasar la pandemia.

Tal vez por efecto de los programas de subsidio a las personas y a las empresas, gran parte de la monumental expansión monetaria que se creó se concentró en los mercados de valores de Wall Street, produciendo un fenómeno bastante conocido por estas latitudes, empresarios ricos y empresas pobres.

Quizás muchas de las compañías que hoy demandan empleados no tengan un negocio que les permita pagar mejores salarios, en muchos casos por las deudas contraídas durante la crisis Covid y en otros por los cambios en los hábitos de consumo.

De hecho, en el marco de esa misma conferencia de prensa se comunicó un plan de obras públicas sin precedentes. Ya sabemos que a lo largo de la historia los gobiernos recurren a estos programas para incentivar el empleo y en consecuencia el consumo interno.

¿Qué pasaría si los inversores vuelven a analizar a las empresas en virtud a sus ratios tradicionales?. Solvencia, liquidez, rentabilidad.

¿Cuántas podrían seguir operando y cuál sería su valor de mercado?

¿Qué tan flexible son los números de las compañías frente a una suba en la tasa de interés?.

En un mundo desarrollado, hiper apalancado, la experiencia de haber casi parado la rueda de la economía mundial durante más de un año todavía no ha terminado.

Nuevas circunstancias y nuevos miedos, antes impensados, forman parte del inconsciente colectivo.

El precio del supuesto “pleno empleo'' se ha financiado con resultados especulativos y de corto plazo producto de la fenomenal expansión monetaria.

Para poder comprenderla basta con considerar que uno de cada cuatro dólares que existen en el mundo se emitieron durante el año 2020.

Quizás el presidente Biden haya querido decir que el gobierno está poniendo lo último que le queda. Ya consumió todo su crédito para distribuir sin producir en los subsidios no reembolsables. Ahora solo le queda recurrir a la vieja política Keynnesiana. Obra y deuda pública para sostener al consumo interno.

¿Será que el pedido de “páguenles más” pretende ser un llamado a los beneficiados accionistas de este modelo pidiendo que “no lo dejen solo”?

Entonces, quizás el susurro del presidente Biden no era una sugerencia sino una súplica.

Pronto sabremos frente a qué nos encontramos.

Probablemente existan dos posibles situaciones, ambas con un síntoma común, la inflación.

Si efectivamente las palabras del presidente son una sugerencia a los empresarios para encarar una crisis de desarrollo observaremos algunos aumentos en los precios de los bienes y servicios básicos y de consumo masivo acompañados por crecimiento en los ingresos de las personas.

Si por el contrario estamos frente a un pedido de auxilio del sector público al privado es muy probable que la inflación venga acompañada con la tan temida recesión. Uno de los peores eventos para cualquier economía. Algo que los argentinos conocemos muy bien desde hace mucho tiempo.

 

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